Los burros salvajes de Aruba tienen santuario cerca de San Nicolas
Los burros salvajes de Aruba, descendientes de los animales de carga traídos durante la época colonial y luego liberados, se protegen hoy en un santuario dedicado, en Bringamosa, en el interior de la isla, aunque también es habitual encontrarlos sueltos junto a caminos rurales de la isla.
Por Natalia
- Origen
- Descendientes de burros de carga de la época colonial
- Protección
- Santuario de burros de Aruba (Donkey Sanctuary)
- Hábitat
- Sueltos en caminos rurales y zonas del interior
- Recomendación
- No darles de comer alimentos no autorizados por el santuario

Historia y consejos de visita
Los burros llegaron a Aruba durante la época colonial como animales de carga básicos para transportar agua, mercancías y personas en una isla sin ríos permanentes.
Con la llegada de vehículos motorizados a mediados del siglo XX, muchos quedaron en libertad y sus descendientes siguen habitando distintas zonas rurales de la isla hasta hoy.
Preocupados por la seguridad de estos animales frente al tráfico, un grupo de voluntarios fundó un santuario dedicado a su cuidado, donde se puede visitar, alimentar bajo supervisión y aprender sobre la historia de los burros arubeños.
Fuera del santuario, no es raro cruzarse con ellos sueltos junto a caminos rurales cercanos a San Nicolas y otras zonas del interior.
Herencia colonial de los burros y la labor comunitaria de rescate
Durante más de cuatro siglos, los burros fueron el principal medio de transporte y tracción de la isla de Aruba.
Introducidos por los colonizadores españoles en el siglo XVI debido a su gran resistencia al clima árido y caluroso, estos nobles cuadrúpedos resultaron esenciales para transportar cargas pesadas de mineral en las explotaciones de oro, acarrear leña, transportar agua dulce y trasladar mercancías a través de las áridas pistas de tierra rodeadas de cactus watapana y kadushi.
Con la llegada del automóvil y la maquinaria pesada asociada a la industria petrolera a mediados del siglo XX, los burros dejaron de ser necesarios para las labores cotidianas y muchos fueron liberados en las zonas más agrestes y despobladas de la isla, particularmente en los cerros de Seroe Colorado y el Parque Nacional Arikok.
Allí sobrevivieron en estado semisalvaje adaptándose a la vegetación xerófila espinosa.
Sin embargo, el rápido desarrollo vial y la expansión urbanística moderna provocaron graves atropellos y problemas de escasez de agua durante las sequías prolongadas, poniendo en riesgo la supervivencia de la especie.
En respuesta a esta situación nació el Donkey Sanctuary Aruba, una destacada fundación comunitaria sin fines de lucro dedicada al rescate, atención veterinaria y acogida de burros enfermos, huérfanos o heridos.
En las instalaciones del santuario, los viajeros pueden interactuar de forma respetuosa con decenas de ejemplares domesticados, alimentándolos solo con lo que indique el personal mientras los cuidadores voluntarios explican sus comportamientos y su importancia en la historia cultural arubana.
En los alrededores rurales de San Nicolas aún es posible divisar pequeños grupos de burros en libertad trotando entre las colinas de roca caliza durante las horas frescas del amanecer.
Conocer la labor de rehabilitación y cuidado animal en las instalaciones del Donkey Sanctuary Aruba.
Conocer a los burros rescatados y aprender sobre su historia en la isla.
Observar ejemplares en estado semisalvaje entre las formaciones rocosas y cactus del semidesierto.
Apoyar los programas de conservación y bienestar de la fauna autóctona de la comarca.
Animales adaptados a un entorno seco
Aruba es una isla árida, de vegetación espinosa y escasas lluvias, y los burros han sabido adaptarse a esas condiciones durante generaciones. Se alimentan de lo que encuentran, resisten el calor y aprenden a localizar los puntos donde se acumula el agua.
Verlos pasear junto a los cactus y los arbustos secos ayuda a entender cómo ha cambiado el paisaje desde la época en que se usaban como animales de carga.
Convivir con ellos con sentido común
Aunque pueden parecer tranquilos y se acercan con curiosidad, siguen siendo animales de gran tamaño con comportamientos imprevisibles. Observa desde una distancia prudente, no los toques de forma insistente y evita darles alimentos que no corresponden a su dieta, porque pueden enfermarlos.
Una buena norma es dejar que sean ellos quienes se acerquen y no perseguirlos ni encerrarlos con el coche.
Cuando conduzcas por la zona, reduce la velocidad, sobre todo al amanecer y al atardecer, cuando es más probable que crucen la carretera. Si deseas colaborar con la protección de los animales, informa sobre las iniciativas locales de cuidado y rescate y respeta las indicaciones de quienes los atienden.
La mejor forma de disfrutar de este encuentro es con discreción y paciencia.
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