¿Has visto el patio del Parque Lage con el Cristo encima?

El Parque Lage es un histórico parque público de 52 hectáreas de Mata Atlántica ubicado a los pies del Corcovado en Río de Janeiro. Destaca por su palacete de estilo renacentista italiano construido en la década de 1920 con un patio interior con piscina alineada bajo el Cristo Redentor.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Patio interior con piscina del palacete renacentista del Parque Lage con el Corcovado y la selva de fondo en Río de Janeiro.
Rodrigo Soldon from Rio de Janeiro, Brazil, Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Arquitectura clásica custodiada por la selva

Ubicado a poca distancia del Jardín Botánico en Río de Janeiro, el Parque Henrique Lage fue concebido como residencia del acaudalado industrial Henrique Lage para su esposa, la soprano italiana Gabriella Besanzoni, combinando jardines románticos con cuevas y lagos artificiales.

El patio de la piscina y la Escuela de Artes

El corazón del palacete es su famoso patio columnado con una piscina rectangular de aguas calmas. Desde allí, al alzar la vista, se observa la imponente figura del Cristo Redentor recortada sobre el acantilado rocoso de la montaña.

Hoy el edificio alberga la Escuela de Artes Visuales, cuyas galerías y talleres abiertos rebosan de creatividad contemporánea.

Es una parada ideal antes o después de pasear por el Jardín Botánico o relajarse en las arenas de Ipanema.

Sendero a la cumbre del Corcovado:

Desde la parte posterior del parque parte el empinado sendero selvático que asciende a pie hasta el Cristo Redentor (exige calzado técnico y buen estado físico).

Historia de amor de Gabriella Besanzoni y senderos hacia el Corcovado

Ubicado en el elegante barrio de Jardim Botânico, el Parque Henrique Lage representa un curioso diálogo entre la exuberancia de la selva tropical y la arquitectura historicista europea.

A principios de la década de 1920, el magnate industrial brasileño Henrique Lage encargó al arquitecto italiano Mario Vodret la remodelación de su finca señorial como una ofrenda de amor a su esposa, la aclamada mezzosoprano lírica romana Gabriella Besanzoni, quien convirtió la residencia en el salón artístico más selecto de la sociedad carioca.

El corazón del palacete es un amplio patio claustral de estilo neorrenacentista articulado alrededor de una piscina rectangular de aguas calmas.

Desde el borde del agua, la mirada asciende verticalmente hacia las columnatas del patio para toparse, de forma impactante, con la cumbre del cerro del Corcovado y la silueta del Cristo Redentor recortada contra el cielo, creando uno de los encuadres fotográficos más icónicos y reproducidos de Brasil.

Desde 1975, el palacete alberga la Escola de Artes Visuais (EAV), un semillero de vanguardias artísticas donde conviven talleres abiertos de grabado, pintura contemporánea y fotografía.

Los jardines exteriores, diseñados por el paisajista inglés John Tyndale en el siglo XIX, esconden un laberinto de grutas artificiales de piedra rústica con acuarios de peces de agua dulce empotrados en las paredes rocosas, pequeños puentes de troncos y torreones medievalistas envueltos en enredaderas.

Desde el parque parte además un empinado y exigente sendero de senderismo que asciende a través de la densa Mata Atlántica hasta la cima del Corcovado, reservado a senderistas en buena forma física que deben informarse de las condiciones del sendero antes de salir.

  • Acudir a primera hora de la mañana para fotografiar el célebre patio de la piscina con el Corcovado de fondo sin esperas.

  • Explorar los senderos ajardinados para descubrir las grutas artificiales y las torres de piedra de aire romántico.

  • Visitar las exposiciones temporales y muestras artísticas organizadas por los alumnos de la Escuela de Artes Visuales.

  • Informarse de las condiciones del sendero y llevar calzado deportivo con buena tracción si se emprende la ruta al Corcovado.

La Mata Atlántica, un bosque amenazado

La Mata Atlántica es uno de los biomas más ricos en especies del planeta y también uno de los más reducidos por la actividad humana. Originalmente cubría una larga franja de la costa brasileña, y hoy solo conserva una parte pequeña de su extensión.

Pasear por el Parque Lage permite ver de cerca ese tipo de vegetación, con árboles altos, lianas, helechos y una humedad que se nota en el aire.

A pocos kilómetros, el bosque de Tijuca cuenta una historia curiosa: en el siglo diecinueve gran parte de esas laderas había sido talada para plantar café, y se emprendió una repoblación con miles de árboles que hoy forman un bosque exuberante.

Esa recuperación es un recordatorio de que los ecosistemas pueden regenerarse cuando hay planificación y constancia.

Pequeños habitantes del parque

Si caminas con calma y atención, es fácil cruzarse con aves de colores y con pequeños primates que se mueven por las ramas.

Los sagüíes, de pelaje claro y cola larga, se acostumbran a la presencia humana y se acercan a los senderos, aunque conviene no darles de comer ni tocarlos. Alimentar a los animales altera su dieta y su comportamiento, y es una práctica que el parque desaconseja.

Escucha también los sonidos del bosque. El canto de las aves, el crujido de las hojas bajo los pasos de pequeños mamíferos y el rumor del agua en las fuentes componen una banda sonora que contrasta con el bullicio de la ciudad.

Es un buen lugar para hacer una pausa de la rutina turística, tomar un café en la terraza del palacete y observar cómo cambia la luz entre los árboles.

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