Siete jardines rodean la Villa Ephrussi de Rothschild en Cap-Ferrat
La Villa Ephrussi de Rothschild, en la península de Saint-Jean-Cap-Ferrat cerca de Niza, fue construida entre 1907 y 1912 por la baronesa Béatrice de Rothschild, que adquirió siete hectáreas de terreno tras heredar la fortuna de su padre. La villa, de inspiración renacentista italiana, está rodeada de nueve jardines temáticos diseñados por el paisajista Achille Duchêne. La baronesa legó el conjunto a la Académie des beaux-arts, que lo abrió al público tras su muerte en 1934.
Por Florencia
- Ubicación
- Saint-Jean-Cap-Ferrat, cerca de Niza
- Construcción
- 1907-1912
- Impulsada por
- La baronesa Béatrice de Rothschild
- Jardines
- Nueve jardines temáticos, diseño de Achille Duchêne
La Villa Ephrussi de Rothschild corona la península de Saint-Jean-Cap-Ferrat, muy cerca de Niza.

La casa de recreo de una baronesa heredera
La baronesa Béatrice de Rothschild, esposa de Maurice Éphrussi, quedó seducida por la belleza del cabo Ferrat y adquirió siete hectáreas de terreno en la parte más estrecha de la península en 1905, el mismo año en que heredó la inmensa fortuna de su padre tras su muerte.
Decidió entonces construirse la casa de sus sueños: la villa, diseñada por el arquitecto francés Aaron Messiah en un estilo inspirado en el Renacimiento italiano, exigió cinco años de trabajo, entre 1907 y 1912, tanto para el edificio como para sus jardines.
Siete jardines concebidos como la proa de un barco
La villa está rodeada de nueve jardines temáticos, entre ellos una rosaleda, con vistas a la bahía de Villefranche-sur-Mer por un lado y a la de Beaulieu por el otro.
Béatrice contrató al paisajista Achille Duchêne, quien transformó el promontorio rocoso y ventoso en un jardín formal a la francesa, concebido deliberadamente como la proa de un barco, con espejos de agua colocados cerca de un pequeño templete en la cima de la colina para reflejar el mar.
La baronesa legó la villa y sus jardines a la Académie des beaux-arts, y el conjunto se abrió al público tras su muerte en 1934.
La casa por dentro
La villa se recorre como una casa-museo donde cada estancia muestra el gusto refinado de su propietaria. Béatrice reunió a lo largo de los años una importante colección de muebles antiguos, tapices, porcelanas, pinturas y objetos decorativos de distintas épocas, sobre todo del siglo XVIII francés.
Las salas se organizan alrededor de un patio central cubierto, con arcadas y una fuente, que recuerda a los palacios italianos y que es uno de los espacios más fotogénicos del edificio. El color rosado de la fachada, característico de la villa, la hace inconfundible desde lejos.
Un decorado marinero
La baronesa sentía especial afición por los viajes y por el mar, y esa pasión se refleja en la villa. Su ubicación, en lo alto de una lengua de tierra rodeada de agua por ambos lados, permite sentir la casa casi como la cubierta de un transatlántico.
Los jardines se organizaron para reforzar esa idea, y desde varios puntos se ve el mar a derecha e izquierda, como si el visitante se encontrara en la proa de una embarcación detenida sobre la colina.
Un paseo por los jardines
Cada jardín tiene su propio carácter y refleja un estilo diferente.
Hay un jardín de inspiración española, otro florentino, un rincón japonés, un jardín de plantas exóticas, otro de piedra, uno provenzal, el jardín de Sèvres y el gran jardín francés, el más extenso, que se organiza alrededor de un estanque y de un templete.
La rosaleda completa el conjunto con una variedad notable de especies. Conviene calcular tiempo suficiente, porque los desniveles y la extensión hacen que el recorrido completo requiera bastante más tiempo del que parece a primera vista.
En el jardín francés se organiza un espectáculo de agua con música, en el que las fuentes se mueven al ritmo de distintas piezas. Conviene informarse de los pases en la web oficial antes de ir, porque no se celebran de forma continua.
Los colores de las plantas cambian según la estación, por lo que cada visita ofrece un aspecto distinto.
Una historia ligada a la familia Rothschild
Béatrice pertenecía a una de las familias financieras más influyentes de Europa y se casó con Maurice Éphrussi, banquero de origen ruso. El matrimonio, celebrado en 1883, terminó en separación, pero la villa permaneció como el gran proyecto personal de ella.
Al legarla a la Académie des beaux-arts, aseguró que las colecciones y los jardines siguieran abiertos y bien conservados, algo poco habitual entre las residencias de la Costa Azul, que con frecuencia acabaron divididas o transformadas.
Consejos y entorno
Lleva calzado cómodo y ropa que te permita moverte entre senderos y escaleras. Si visitas la villa en temporada de calor, lo mejor es combinar la visita con las horas más frescas del día.
El entorno invita a seguir paseando por la península de Saint-Jean-Cap-Ferrat, con pequeños puertos, calas y caminos que bordean la costa. Hay que consultar con antelación los horarios y los precios, porque varían según la época.





