Termas y anfiteatro de Cemenelum en la colina de Cimiez
La colina de Cimiez, sobre Niza, guarda los restos de Cemenelum, la ciudad romana que Augusto eligió como capital de la provincia de los Alpes Marítimos. Allí se ven varias termas y un pequeño anfiteatro con capacidad para unos 5.000 espectadores. Junto a las ruinas hay un museo arqueológico y un monasterio franciscano con jardines.
Por Florencia
- Ubicación
- Noreste de Niza
- Ciudad romana
- Cemenelum, capital de los Alpes Marítimos
- Anfiteatro
- Con capacidad para unos 5.000 espectadores
- Monasterio franciscano
- Instalado en el siglo XVI
La Colina de Cimiez guarda el pasado romano de Niza, al noreste de la ciudad.

Cemenelum, la auténtica ciudad romana frente a la griega Nikaia
A diferencia de la Nikaia griega, situada donde hoy se levanta el casco antiguo de Niza, Cimiez albergó a Cemenelum, la capital de la provincia romana de los Alpes Marítimos, fundada bajo el mandato del emperador Augusto.
Se trataba de una auténtica ciudad romana, dotada de foro, termas y un anfiteatro con capacidad para unos 5.000 espectadores que acudían a juegos públicos y espectáculos de gladiadores.
El monasterio franciscano que moldeó la colina
Durante el siglo XVI, frailes franciscanos se instalaron sobre la colina y dieron forma a un conjunto de iglesia y cementerio que terminó de moldear el paisaje y el carácter del lugar.
El Monastère de Cimiez conserva hoy una iglesia dedicada a Notre-Dame de l'Assomption, junto a un museo, un jardín de acceso público y un cementerio monumental.
El conjunto combina así, en un espacio relativamente reducido, la historia romana más antigua de la región con la arquitectura monástica y una exuberante vegetación mediterránea.
Las termas y el paisaje del yacimiento
Más allá del anfiteatro, el yacimiento arqueológico de Cimiez conserva los restos de varios conjuntos termales, y son ellos los que mejor ayudan a imaginar la vida cotidiana de Cemenelum.
Los baños eran mucho más que un lugar para asearse: servían de punto de encuentro, de conversación y de negocios, y los romanos los organizaban en salas de distinta temperatura con sistemas de calefacción bajo el suelo.
Al recorrer los muros bajos que han llegado hasta hoy, fíjate en las divisiones interiores, en los restos de canales y en la manera en que las estancias se encadenan unas con otras. Con un poco de imaginación, el paseo se convierte en un recorrido por una pequeña ciudad.
El conjunto se completa con un museo de arqueología instalado junto a las ruinas, donde se muestran piezas halladas en las excavaciones: cerámicas, objetos de uso diario, inscripciones y elementos que hablan de cómo se vivía en la ciudad.
Verlo antes o después de caminar por el yacimiento te ayuda a poner nombre a lo que ves entre las piedras. Conviene consultar en la web oficial qué salas están abiertas y cómo se organiza la visita, porque esos detalles cambian con el tiempo.
Un barrio de jardines y villas señoriales
La colina no es sólo un lugar de ruinas. A finales del siglo XIX, cuando Niza se consolidó como destino de invierno para la aristocracia europea, Cimiez se llenó de villas y de grandes edificios de aire señorial rodeados de jardines.
La reina Victoria del Reino Unido pasó varios inviernos en la colina, y esa fama contribuyó a convertirla en uno de los barrios más elegantes de la ciudad.
Todavía hoy se nota en las avenidas arboladas, en las fachadas de estilo Belle Époque y en una calma que contrasta con el bullicio de la costa.
Junto a las ruinas se extiende un parque de olivos y praderas donde los vecinos salen a pasear, a leer o a sentarse a la sombra.
En verano, el entorno de los restos romanos se ha utilizado en ocasiones para conciertos al aire libre, una forma de que el pasado y la vida de hoy compartan escenario.
El monasterio, sus pinturas y su cementerio
La iglesia franciscana guarda en su interior obras de Louis Bréa, uno de los grandes pintores primitivos de Niza, que trabajó entre los siglos XV y XVI. Sus retablos son una buena excusa para entrar con calma y observar la riqueza de los dorados y la expresividad de las figuras.
Si te interesa la historia religiosa de la región, es una de las visitas más reveladoras de la colina.
Junto al monasterio se encuentra el cementerio, un espacio de recogimiento donde reposan dos pintores muy ligados a Niza: Henri Matisse y Raoul Dufy. Pasear entre sus tumbas, con las vistas abiertas hacia la ciudad, es una experiencia serena. Recuerda guardar silencio y respetar el lugar, igual que harías en cualquier camposanto.
Cómo combinar Cimiez con los museos cercanos
Cimiez permite montar una mañana cultural completa sin salir de la colina. El Museo Matisse ocupa una villa que se levanta junto al parque de las ruinas, y el Museo Chagall queda a un paseo tranquilo de distancia.
Con el yacimiento romano y el monasterio, tienes cuatro paradas muy distintas entre sí: arqueología, pintura moderna, arte religioso y jardines.
Si prefieres no acumular visitas, elige dos y deja el resto para otro día.





