Chagall estuvo en la apertura de su propio museo en Niza
El Museo Nacional Marc Chagall se inauguró en 1973 en presencia del propio artista, por iniciativa del ministro de Cultura André Malraux, que en 1969 decidió construir un museo para conservar el Mensaje Bíblico que Chagall había donado al Estado francés. Fue el primer museo nacional dedicado a un artista todavía vivo en toda Francia. Alberga las 17 pinturas de esa serie bíblica, ofrecidas por Chagall en 1966.
Por Florencia
- Ubicación
- Colina de Cimiez, Niza
- Inauguración
- 1973
- Impulsado por
- El ministro de Cultura André Malraux
- Colección principal
- Las 17 pinturas del Mensaje Bíblico
El Museo Nacional Marc Chagall es un hito único en la museografía francesa, en Niza.

El primer museo nacional dedicado a un artista vivo
En 1969, el ministro de Cultura André Malraux decidió construir un museo para conservar de forma permanente el Mensaje Bíblico, una serie de diecisiete pinturas que Marc Chagall había donado al Estado francés en 1966.
Las obras de construcción comenzaron en 1970 sobre un terreno donado por la ciudad de Niza, donde antes se levantaba una villa en ruinas, y el proyecto fue confiado al arquitecto André Hermant.
Una inauguración con el propio Chagall presente
El museo abrió sus puertas en 1973, en presencia del propio Marc Chagall, de André Malraux y de Maurice Druon, entonces ministro de Cultura en funciones.
Fue, en la colina de Cimiez, el primer museo nacional dedicado a un artista todavía vivo en toda la historia de Francia. Hoy sigue albergando de forma permanente las diecisiete pinturas del Mensaje Bíblico, además de otras obras del artista relacionadas con la temática religiosa.
El Mensaje Bíblico, sala por sala
El corazón del museo son las grandes telas del Mensaje Bíblico, que Chagall pintó a lo largo de varios años y que giran en torno a episodios del Génesis y del Éxodo.
Las figuras flotan, los animales aparecen entre personajes, y los fondos se llenan de azules profundos, verdes y amarillos que dan a cada escena un aire de sueño. No son ilustraciones literales: son interpretaciones personales de relatos que el artista sentía cercanos desde su infancia.
Otra sala se dedica a las telas inspiradas en el Cantar de los Cantares, donde predominan los rojos y los rosas. Cambia por completo el ambiente: de la solemnidad de los relatos de los orígenes se pasa a un tono más íntimo, centrado en el amor.
Conviene dedicar tiempo a cada sala, y verlas sin prisa, porque los detalles pequeños, como un animal escondido o un rostro en una esquina, aparecen cuando uno se queda observando.
Vidriera, mosaico y estanque
El museo no se limita a la pintura. En el auditorio hay una vidriera de tonos azules, formada por tres paneles dedicados a la creación del mundo, que llena la sala de una luz intensa.
Es una de las piezas que más impresionan, y vale la pena sentarse un momento a contemplarla mientras la claridad cambia sobre las paredes.
En el exterior, junto al estanque, un mosaico decora la pared y representa al profeta Elías. Las teselas brillan con el reflejo del agua y del cielo, y el conjunto forma una de las imágenes más fotografiadas del edificio.
El jardín que rodea el museo, con espacios abiertos y vegetación mediterránea, invita a quedarse un rato fuera antes o después de la visita.
El artista detrás de la obra
Marc Chagall nació en Vítebsk, en la actual Bielorrusia, y vivió en Rusia, en París y en Estados Unidos antes de establecerse en el sur de Francia, donde pasó sus últimos años.
Murió en Saint-Paul-de-Vence. Su pintura mezcla recuerdos de la vida rural, la tradición judía, el amor y la fantasía, con figuras que vuelan sobre aldeas y animales que parecen hablar.
Esa mezcla de memoria y de imaginación explica por qué su obra se reconoce a primera vista. Entender que no buscaba la realidad, sino emociones, ayuda a mirar sus cuadros con otros ojos. Los colores no son los de la naturaleza, sino los de un sentimiento.
Consejos para disfrutar la visita
El edificio es de tamaño contenido, de modo que el recorrido resulta tranquilo y no agota. Eso permite combinarlo con otras visitas de la colina: el Museo Matisse, el yacimiento romano o el monasterio.
Antes de ir conviene consultar en la web oficial las condiciones de la visita y las posibles exposiciones temporales.
Respeta las normas de sala, especialmente en lo referido a fotografías y flash, y aprovecha para escuchar el silencio, que forma parte del carácter del lugar. Si viajas con niños, enséñales a buscar los animales y las figuras voladoras: suele ser una forma muy eficaz de que se queden mirando.





