¿Por qué Vieux Nice parece italiano? Siglos de Saboya en sus callejuelas

Vieux Nice, el casco antiguo de la ciudad, conserva la herencia del antiguo Condado de Niza, un territorio de la Casa de Saboya que perteneció a Italia durante siglos hasta su anexión final a Francia en 1860, tras un referéndum con un 86% de votos a favor en la propia ciudad. Sus calles estrechas y fachadas ocres reflejan aún hoy ese pasado italianizante, visible también en su gastronomía y su acento local. El acceso es libre y gratuito.

Por

Ubicación
A los pies de la Colline du Château, Niza
Condado de Niza
Bajo la casa de Saboya desde 1388
Anexión a Francia
Año 1860, tras referéndum
Acceso
Libre y gratuito en todo momento

Vieux Nice es el casco antiguo de Niza, con más de dos mil años de historia acumulada.

Calles del casco antiguo de Vieux Nice.
Zairon (CC BY-SA 4.0)

Siglos bajo la Casa de Saboya

El Condado de Niza nació en 1388, cuando la ciudad se puso bajo la protección de los condes de Saboya, y durante casi cinco siglos perteneció a esa dinastía italiana, alejada del devenir político de Francia.

Esa larga pertenencia dejó una huella imborrable en el urbanismo del casco antiguo, característico de las ciudades fortificadas italianas de la época moderna, con calles estrechas y tortuosas y edificios recubiertos de pintura en tonos ocres, amarillos y terracota.

El referéndum que unió Niza a Francia

La anexión llegó finalmente en 1860, tras la firma del Tratado de Turín, mediante el cual Francia recibió la Saboya y Niza a cambio de su apoyo militar contra Austria.

Se organizó un referéndum en el que la población aceptó la anexión con un 83% de votos a favor en todo el condado y un 86% en la ciudad de Niza.

Esa herencia italiana sigue notándose hoy en la arquitectura barroca del casco antiguo, en platos locales como la socca y la pissaladière, y en el propio acento particular de los nizardos.

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Un laberinto que conviene recorrer sin plan

Vieux Nice se disfruta mejor perdiéndose. Sus callejuelas estrechas se cruzan en ángulos poco previsibles, y detrás de cada esquina aparece una placita, una fuente o una portada barroca.

Los edificios, altos y apretados, dejan pasar poca luz directa, lo que mantiene las calles frescas y hace que la ropa tendida, los balcones con macetas y las contraventanas de colores cobren protagonismo.

Si te desorientas, basta con caminar hacia la colina o hacia el mar para volver a ubicarte con facilidad.

Cours Saleya y el pulso diario del barrio

Una de las arterias más animadas es el Cours Saleya, una explanada alargada donde se instalan puestos de flores, frutas y verduras, y que durante buena parte del año funciona como mercado al aire libre.

Los colores de los tenderetes y el aroma de las flores convierten el lugar en una parada casi obligada. Además del mercado, la zona acoge terrazas y pequeñas tiendas, y en ciertas jornadas se instala también un mercadillo de antigüedades. Para saber qué días hay cada cosa, lo mejor es consultar el calendario local.

Barroco entre callejuelas

El casco antiguo guarda un notable conjunto barroco. La catedral de Sainte-Réparate, del siglo XVII, destaca por su cúpula cubierta de tejas vidriadas y por su interior profusamente decorado.

Cerca se encuentra el Palais Lascaris, una mansión señorial del mismo siglo que conserva escaleras monumentales y techos pintados, y que ofrece una buena muestra de cómo vivía la nobleza local.

La capilla de la Miséricorde, con su decoración recargada, completa un recorrido que te permite descubrir cómo el barroco italiano arraigó en Niza.

Idioma, sabores y tradiciones

La herencia italiana se nota también en la lengua. Los vecinos de más edad conservan el nizardo, una variedad emparentada con el occitano que aparece en rótulos de calles y en placas conmemorativas.

En la cocina destacan la socca, una torta fina de harina de garbanzo cocida a la leña, y la pissaladière, hecha con cebolla caramelizada. Probarlas de pie, en un puesto sencillo, es una de las experiencias más típicas del barrio.

Pregunta siempre por las especialidades de temporada: la cocina local sigue muy ligada a los productos de la región.

Consejos para recorrerlo

Las callejuelas son estrechas y a veces están muy concurridas, así que conviene ir con calma y mirar por dónde se camina, sobre todo en los tramos de adoquines. Lleva ropa cómoda y cuida tus pertenencias en las zonas de más afluencia, como en cualquier centro histórico muy visitado.

Si te interesa fotografiar las fachadas, la luz de la mañana suele ser más suave y hay menos gente en las plazas.

Desde el casco antiguo puedes subir a pie a la Colline du Château para ver la bahía desde lo alto, o bajar hacia el paseo marítimo para completar el recorrido. Hacia el este, el puerto ofrece un cambio de ambiente muy marcado, con un aire más marinero.

Combinar estos tres espacios te da una imagen bastante completa de la ciudad vieja y de su relación con el mar.

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