Del Cours Saleya salían trenes cargados de flores hacia toda Europa

El Cours Saleya, corazón del mercado de Vieux Nice, es desde 1861 sede del mercado de flores, frutas y verduras de la ciudad. Hoy combina por las mañanas un mercado de flores y otro de frutas y verduras, y un día a la semana da paso a un mercado de antigüedades. Conviene consultar los días y horarios antes de ir.

Por

Ubicación
Corazón de Vieux Nice, Niza
Mercado de flores
El primero de la ciudad, aprobado en 1861
Productos
Flores, frutas, verduras, lavanda, aceitunas y jabones

El Cours Saleya es el mercado por excelencia de Niza, en pleno Vieux Nice.

Puestos de frutas y verduras en el mercado de Cours Saleya, Niza.
Mike is Michi (CC BY-SA 4.0)

El mercado de flores de la ciudad

En 1861, el ayuntamiento de Niza aprobó en este mismo lugar el primer mercado de flores, frutas y verduras de la ciudad. Cada mañana, los cultivadores de las colinas cercanas bajaban sus flores recién cortadas para venderlas en el mercado.

Gracias al ferrocarril, las flores de la Riviera llegaron a mercados de ciudades de toda Francia y Europa.

De flores a antigüedades, según el día de la semana

Hoy el Cours Saleya combina, en realidad, dos mercados en uno: el de flores y el de frutas y verduras, con puestos donde también se puede comprar lavanda, aceitunas, jabones artesanales y especias locales.

Los lunes, en cambio, el mercado de flores da paso a un mercado de antigüedades y objetos de segunda mano, una tradición que convierte cada visita en una experiencia distinta según el día elegido.

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Un paseo con aire señorial

El Cours Saleya es una calle ancha y alargada, más parecida a una plaza estrecha que a una vía de tráfico, y esa anchura es la que permite montar el mercado a cielo abierto.

Nació en la etapa en que Niza formaba parte de los dominios de la casa de Saboya, y todavía conserva ese ambiente de espacio de reunión de la ciudad vieja, con edificios de tres y cuatro plantas a ambos lados y la luz del mar a pocos metros.

Fíjate en las fachadas en tonos ocres, amarillos y rosados, con contraventanas de colores y balcones de hierro. Son parte de la imagen clásica de Niza, y el mercado les sirve de suelo animado.

Al final de la calle, el mar queda muy cerca, así que es habitual notar la brisa incluso entre los puestos.

La capilla barroca y la casa del pintor

En uno de los lados del Cours Saleya se encuentra la capilla de la Misericordia, un templo barroco considerado entre los más destacados de la ciudad.

Desde fuera pasa fácilmente desapercibida entre las terrazas, pero su interior, de decoración muy recargada, es un contraste interesante con el bullicio de la calle. Si la encuentras abierta, entra unos minutos.

Sobre la calle se asoman además edificios donde vivió Henri Matisse. Desde sus ventanas observó el movimiento del mercado y la luz sobre los tejados, una vista que influyó en buena parte de su obra de esos años.

Es un bonito vínculo con el museo de la colina de Cimiez: aquí ves el lugar que miraba el pintor, y allí, lo que hizo con aquella luz.

Sabores del mercado nizardo

Además de las frutas y las verduras, el mercado es una buena puerta a la cocina de Niza.

Entre los puestos y las terrazas se encuentran especialidades locales como la socca, una especie de torta fina de harina de garbanzo cocida en horno de leña, la pissaladière, de cebolla y anchoas, o las tartas de acelga.

También son típicas las frutas confitadas, que el comercio de la ciudad lleva generaciones elaborando.

Si quieres probar sin sentarte a una mesa, muchos puestos ofrecen aceitunas, quesos y embutidos para comer sobre la marcha.

Una costumbre muy extendida es comprar algo de fruta y pasear con ella por la calle, y otra es detenerse a charlar con los vendedores, que suelen explicar con gusto de dónde viene cada producto.

Cómo moverte entre los puestos

Lo mejor del mercado es la mañana, cuando los puestos están llenos y la luz es suave. Más tarde, las terrazas ganan terreno y el ambiente cambia hacia un paseo con mesas.

La oferta varía con las estaciones: en primavera y verano hay más flores y fruta fresca, y en invierno se nota la presencia de cítricos y de productos de temporada.

Pregunta antes de hacer fotografías de cerca a los vendedores, porque la mayoría lo agradecen.

Desde el final de la calle puedes subir a la colina del Château, cuyo ascenso arranca muy cerca, o adentrarte en las callejuelas del casco antiguo, donde se esconden plazas pequeñas y tiendas de productos locales.