Port Lympia tardó siglo y medio en construirse sobre unos pantanos

El Port Lympia, el puerto de Niza, nació a mediados del siglo XVIII por orden del rey Carlos Manuel III de Cerdeña sobre pantanos costeros, para dar salida al mar a su reino. Las obras, que incluyeron dos dársenas y numerosos muelles, se extendieron durante siglo y medio antes de su inauguración final el 11 de marzo de 1857 por la emperatriz de Rusia. El acceso al paseo del puerto es libre y gratuito.

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Ubicación
Entre Vieux Nice y el cabo de Niza
Inicio de las obras
Mediados del siglo XVIII, bajo Carlos Manuel III
Inauguración final
11 de marzo de 1857
Superficie
Unas 20 hectáreas

El Port Lympia es el puerto histórico de Niza, entre Vieux Nice y el cabo de la ciudad.

El puerto de Lympia en la costa mediterránea de Niza.
Myrabella (CC BY-SA 3.0)

De una simple marina a un puerto real

Hasta mediados del siglo XVIII, Niza carecía de un puerto propiamente dicho, y contaba únicamente con una simple marina situada en la ensenada de los Ponchettes.

A mediados del siglo XVIII, el rey Carlos Manuel III de Cerdeña decidió construir un puerto en los pantanos de Lympia, con el objetivo de dar al Reino de Piamonte-Cerdeña una salida marítima propia sobre el Mediterráneo.

El nombre 'Lympia' provendría de 'Limpida', en referencia a una fuente de agua clara y abundante que existía en la zona.

Siglo y medio de obras hasta la inauguración

La construcción del puerto se extendió durante siglo y medio, con la excavación sucesiva de dos dársenas y la construcción de muelles.

El puerto, de unas veinte hectáreas, se sitúa frente a la bahía de los Ángeles, entre Vieux Nice y su Colline du Château por un lado, y el monte Boron por el otro.

Finalmente fue inaugurado de forma oficial el 11 de marzo de 1857 por la propia emperatriz de Rusia, cerrando así un proceso constructivo que había comenzado más de cien años antes.

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Qué se ve desde los muelles

El Port Lympia es un puerto que sigue trabajando y, al mismo tiempo, un paseo muy agradable.

A lo largo de los muelles se alinean barcos de pesca, veleros y grandes yates, y es fácil distinguir entre las embarcaciones de uso cotidiano y las que sólo se ven en temporada alta.

Desde el borde del agua se aprecia además cómo la ciudad se asoma al puerto: las casas de fachadas de colores suben en filas, y por encima de ellas se adivina la silueta de la Colline du Château. Merece la pena caminar despacio y mirar tanto el agua como los edificios.

La plaza de los soportales

En el extremo del puerto más cercano a la ciudad se abre la Place de l'Île-de-Beauté, una plaza rodeada de soportales y fachadas pintadas en tonos cálidos que recuerdan a los puertos del norte de Italia.

No es una casualidad: el puerto nació bajo los reyes de Cerdeña, y su arquitectura civil siguió el gusto de esa corte.

Detrás de la plaza se levanta la iglesia de Notre-Dame-du-Port, de estilo neoclásico, que domina el conjunto con su fachada sobria y sirve de punto de referencia para orientarte en la zona.

Un puerto con vida de barrio

A diferencia de otros puertos pensados sólo para el turismo, el de Niza conserva un ambiente de barrio. Por las mañanas se ve a pescadores preparando redes, a vecinos que pasean con calma y a trabajadores que cargan y descargan material.

En los muelles salen también barcos de pasajeros con destinos como Córcega, lo que recuerda que el puerto fue concebido precisamente para abrir la ciudad al Mediterráneo. Conviene consultar con antelación qué servicios marítimos operan en la fecha de tu viaje, ya que varían según la época del año.

Los alrededores del puerto, con calles que conservan un aire más popular que el del centro, resultan ideales para quien busca un ambiente menos turístico. Al recorrerlos descubrirás tiendas pequeñas, talleres náuticos y terrazas donde los vecinos se detienen a conversar.

Es un buen contrapunto después de la animación de la Promenade des Anglais y de las calles más concurridas del casco antiguo.

Curiosidades del puerto

La historia del puerto tiene un detalle curioso: se construyó sobre terrenos pantanosos, y fue necesario excavar y consolidar el suelo antes de poder levantar los muelles.

Aquel esfuerzo, que ocupó a varias generaciones, explica por qué el recinto tiene una forma tan regular, con dársenas bien definidas y muelles rectos. Aun hoy, al mirar el plano, se aprecia la huella de un proyecto concebido con ambición de capital marítima.

Cómo combinarlo con otros lugares

El puerto queda a los pies de la colina que cierra Vieux Nice por el este, de modo que une con facilidad dos paseos distintos.

Puedes subir a la colina para contemplar el puerto desde arriba y bajar después a los muelles, o hacerlo al revés, y completar el recorrido hacia el casco antiguo. Hacia el este, la costa continúa en dirección al monte Boron y a pequeños rincones tranquilos para sentarte frente al mar.

Si te gustan las fotografías, intenta volver al atardecer: la luz suave tiñe las fachadas de tonos dorados y el reflejo de los mástiles sobre el agua da imágenes muy equilibradas. Lleva algo de abrigo ligero, porque en los muelles suele correr algo de brisa incluso en días templados.