Arcos ocres y siete esculturas en la Place Masséna de Niza

La Place Masséna, trazada entre 1843 y 1844 por el arquitecto Joseph Vernier, lleva el nombre del mariscal André Masséna, nacido en Niza. Sus fachadas de arcos de inspiración italiana en tonos ocre y rojo la convierten en una de las plazas más reconocibles de Niza, y desde su remodelación alberga siete esculturas del artista catalán Jaume Plensa, conocidas como 'Conversación en Niza', que se iluminan de noche con distintos colores.

Por

Ubicación
Centro de Niza, entre Vieux Nice y la Promenade
Trazado
1843-1844, por el arquitecto Joseph Vernier
Nombre en honor a
El mariscal André Masséna, nacido en Niza
Esculturas
7 figuras de Jaume Plensa, 'Conversación en Niza'

La Place Masséna es el corazón cívico de Niza.

La Plaza Masséna, plaza central de Niza.
Ermell (CC BY-SA 4.0)

Una plaza diseñada para honrar a un mariscal local

El arquitecto municipal Joseph Vernier trazó la plaza entre 1843 y 1844, dándole su característica forma rodeada de arcadas de inspiración italiana.

El nombre rinde homenaje a André Masséna, uno de los militares franceses más destacados de la era napoleónica, que había nacido precisamente en Niza. El predominio del color ocre y rojo en sus fachadas se convirtió con el tiempo en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.

Siete continentes en diálogo, iluminados de noche

En una remodelación más reciente de la plaza, el artista catalán Jaume Plensa instaló siete esculturas, colocadas a unos diez metros del suelo, que representan los siete continentes y sus pueblos, un conjunto bautizado 'Conversación en Niza' que simboliza el intercambio y la mezcla entre culturas.

Al caer la noche, cada figura se ilumina con colores distintos que van cambiando, convirtiendo la plaza en uno de los puntos de encuentro más animados de la ciudad después del atardecer.

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Una bisagra entre dos ciudades

La Place Masséna ocupa un lugar clave en el plano de Niza: es la bisagra entre el casco antiguo, con sus callejuelas medievales, y la ciudad nueva que se extendió hacia el oeste durante el siglo XIX.

Durante siglos, el río Paillon, hoy cubierto en buena parte de su recorrido urbano, marcó el límite entre ambos mundos. La plaza se levantó sobre esa frontera natural y funcionó como puerta de entrada al centro.

Hoy sigue siendo el punto de partida más cómodo para casi cualquier paseo por la ciudad, tanto si te diriges hacia el mar como si subes hacia las calles viejas.

Qué mirar en el suelo y en las fachadas

Antes de levantar la vista hacia las esculturas, fíjate en el suelo. El pavimento dibuja un gran tablero de cuadros claros y oscuros que deja la superficie casi despejada, pensada para caminar sin obstáculos y para que las figuras de Plensa destaquen sin competencia.

Hacia el norte, la plaza se abre a un amplio eje verde con zonas de agua y surtidores que enlaza con el casco antiguo, y en un extremo se alza una fuente con una estatua de Apolo, conocida como fuente del Sol. Dar una vuelta completa te ayuda a entender cómo se organiza el conjunto.

Las fachadas merecen una pausa larga.

Los edificios que rodean el espacio comparten alturas, arcadas y una paleta de ocres, rojos y terracotas que recuerda a las ciudades del norte de Italia, y no es casualidad: Niza perteneció durante siglos a los Estados de Saboya, y el gusto arquitectónico de esa época marcó el trazado de la plaza.

Observa también los balcones, las contraventanas y la manera en que la luz cambia el color de los muros desde la mañana hasta el atardecer.

La figura del mariscal Masséna

André Masséna nació en Niza a mediados del siglo XVIII y llegó a ser uno de los mariscales de Napoleón. Se le recuerda con el apodo de «el hijo querido de la Victoria», una expresión que se asocia a su papel en varias campañas militares.

Que una plaza tan central lleve su nombre habla del orgullo local por un personaje que salió de una familia sencilla de la ciudad y alcanzó la cima del ejército francés.

Detrás del nombre hay, por tanto, una historia de ascenso personal ligada a una época de cambios políticos enormes para Niza.

Un escenario para la vida de la ciudad

La plaza no es sólo un lugar de paso. Aquí se concentran celebraciones, conciertos y actos públicos, y durante el Carnaval de Niza forma parte del ambiente festivo que toma el centro a finales del invierno.

Al caer la tarde, los vecinos se sientan en los bordes, los niños corren por el espacio abierto y los visitantes aprovechan para fotografiar las figuras iluminadas.

Conviene consultar el calendario municipal antes de viajar para saber si coincide con algún evento, porque en esos días el aspecto de la plaza cambia por completo.

Consejos para sacarle partido

Para fotografiar el conjunto, un buen truco es colocarte hacia un lado de la plaza, de modo que las siete figuras se alineen en perspectiva con las fachadas rojizas detrás. De noche las luces cambian de color, así que merece la pena esperar unos minutos y probar varios encuadres.

Si viajas con niños, el eje verde cercano es un buen lugar para descansar un rato entre una visita y otra.

Desde aquí puedes continuar a pie hacia la Promenade des Anglais o internarte en Vieux Nice, de manera que la plaza funciona como punto de reparto para el resto del día.

Si te interesa la historia local, tómate un momento para comparar la regularidad de estas arcadas con el desorden pintoresco de las calles estrechas del casco antiguo: en esa diferencia se resume el paso de la Niza medieval a la ciudad pensada para recibir viajeros.

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