Hipopótamos en la poza de Ngoitokitok, el pícnic del cráter

Ngoitokitok Springs es un exuberante manantial perenne de agua dulce y pantano asociado situado en la zona oriental del fondo del Cráter de Ngorongoro. Famoso por su poza habitada por hipopótamos y arboledas frondosas, es una de las áreas de pícnic más conocidas para los vehículos de safari.

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Ubicación
Sector este del fondo de la caldera de Ngorongoro
Origen del agua
Manantiales artesianos alimentados por las lluvias del borde montañoso oriental
Instalaciones
Zona de pícnic habilitada con mesas de madera, baños públicos y estacionamiento
Fauna en la poza
Hipopótamos comunes, aves acuáticas tejedoras, milanos negros y garzas

En medio del polvo y el sol de la caldera de Ngorongoro, el Manantial de Ngoitokitok emerge como un edén de aguas cristalinas rodeado de cañaverales verdes en Tanzania. Es la parada clásica donde viajeros y guías descansan durante la jornada de safari.

Humedal y manantiales de agua dulce de Ngoitokitok con aves acuáticas e hipopótamos en Ngorongoro.
Stig Nygaard (CC BY 2.0)

Almuerzo frente a los hipopótamos del cráter

A escasos metros de la orilla de la poza, los visitantes pueden descender del vehículo 4x4 para estirar las piernas y abrir sus cajas de pícnic.

En el agua, varios hipopótamos asoman los ojos y las orejas resoplando chorros de vapor, mientras tejedores de corona dorada y martines pescadores revolotean entre los juncos en flor.

Los milanos negros: acróbatas del robo de sándwiches

La advertencia más reiterada de los guías en Ngoitokitok concierne a los milanos negros (Milvus migrans).

Estas rapaces planean a decenas de metros de altura y poseen una precisión quirúrgica para descender en picado a la velocidad del rayo y arrebatar un pollo frito o un sándwich de las manos de un comensal distraído. Conviene almorzar dentro del vehículo o bajo la atenta mirada de tu guía.

Atención con la comida: Mantén siempre la comida protegida y no alimentes bajo ningún concepto a las aves ni a los monos babuinos que merodean por el perímetro del aparcamiento.

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Un agua que viene de las alturas

El manantial de Ngoitokitok existe porque el cráter es una cuenca cerrada rodeada de cumbres que retienen la humedad.

La lluvia y la neblina que se acumulan en las laderas del borde se filtran por la roca volcánica y reaparecen más abajo en forma de fuentes que no se secan, ni siquiera cuando el resto del fondo se vuelve un tapiz amarillento.

Por eso este rincón se mantiene verde casi todo el año, y por eso los animales lo buscan con tanta insistencia cuando aprieta la estación seca.

El cráter en sí es una caldera, es decir, el hueco que quedó cuando un volcán enorme se hundió sobre su propia cámara de magma hace millones de años. Aquella catástrofe geológica dejó un anfiteatro natural de paredes muy empinadas que aísla en buena medida a la fauna del fondo.

Ngoitokitok es uno de los pocos lugares donde ese mundo cerrado deja ver con claridad cuánto depende del agua dulce.

Qué mirar desde la orilla

Lo primero que llama la atención es el contraste de colores. Frente a la sabana ocre que cruzas para llegar, aquí aparecen juncos, papiros y árboles de tronco amarillento cuyas copas dan una sombra muy agradecida.

La poza se ve desde una zona despejada, así que no hace falta acercarse al agua para observar a los hipopótamos, que pasan el día sumergidos y asoman apenas el lomo, las orejas y las fosas nasales.

Los hipopótamos salen de noche a pastar sobre la hierba cercana y regresan al agua con el amanecer, porque su piel se reseca y se resiente con el sol directo. Con unos prismáticos podrás distinguir bostezos, empujones entre machos y las crías que descansan pegadas a las madres.

Si el grupo está quieto, dedica unos minutos a mirar el borde de la vegetación, donde suelen posarse garzas, ibis y otras aves de ribera.

Curiosidades de los hipopótamos del cráter

Aunque parecen nadadores, los hipopótamos no flotan ni nadan como otros mamíferos: caminan por el fondo de las pozas y se impulsan con pequeños saltos.

Tienen fama de ser de los animales más peligrosos de África, sobre todo cuando alguien se interpone entre ellos y el agua, y por eso la distancia de seguridad que marcan los guías no es un detalle menor. Respétala siempre, aunque la poza te parezca tranquila.

Los grupos del cráter viven en un espacio limitado, de modo que las tensiones entre machos por el territorio son habituales. Los gruñidos graves que a veces se oyen incluso antes de verlos forman parte de esa comunicación.

Quien llega con paciencia suele ser recompensado con escenas muy expresivas, algo que difícilmente se logra desde la carretera principal.

Cómo aprovechar la parada

Ngoitokitok es un punto de descanso pensado para estirar las piernas, de modo que conviene tratarlo como una pausa tranquila y no como una carrera de avistamientos.

Aprovecha para repasar con tu guía lo que ya has visto por la mañana, anotar las especies que faltan y fijarte en los detalles del paisaje, como las líneas de cañaveral o los senderos de animales que bajan hasta el agua.

Sigue siempre las indicaciones del personal del parque sobre dónde se puede bajar del vehículo y dónde no. Es un espacio compartido con fauna salvaje, así que lleva la basura contigo, no dejes restos de comida y evita los gestos bruscos.

Antes de organizar el día, consulta en fuentes oficiales las condiciones de acceso al fondo del cráter, que pueden variar según la temporada.