La caldera de Ngorongoro guarda unos 25.000 grandes mamíferos

La Caldera del Cráter de Ngorongoro, formada hace más de dos millones de años al colapsar un volcán gigantesco, es una de las mayores calderas volcánicas intactas y sin inundar del planeta. En sus doscientos sesenta kilómetros cuadrados de fondo fértil cohabitan de forma permanente más de veinticinco mil grandes mamíferos.

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Dimensiones
260 km² de superficie; unos 20 km de diámetro y 610 metros de profundidad
Población faunística
Más de 25.000 grandes animales (una de las mayores densidades de carnívoros de África)
Estatus internacional
Patrimonio de la Humanidad UNESCO (1979) y Reserva de la Biosfera

El descenso a la Caldera del Cráter de Ngorongoro es una de las experiencias de safari más conocidas del continente africano. Enclavado en el norte de Tanzania, este coliseo geológico natural en Ngorongoro preserva un microcosmos donde los Cinco Grandes conviven protegidos por murallas de roca volcánica.

Manadas de herbívoros pastando en el fértil suelo de la caldera volcánica de Ngorongoro.
Erasmus Kamugisha (CC BY-SA 4.0)

Un ecosistema cerrado de extraordinaria abundancia

A diferencia de las llanuras abiertas del Serengeti vecino, los herbívoros del cráter —ñus de barba blanca, cebras de Grant, gacelas y búfalos africanos— no necesitan migrar, ya que el agua de los manantiales subterráneos y los pastos alimentados por la niebla matutina permanecen verdes todo el año.

Este festín perpetuo sustenta a decenas de leones residentes con densidades territoriales muy altas.

El santuario de los rinocerontes negros y grandes 'tuskers'

Ngorongoro es uno de los pocos lugares del mundo donde es posible observar con relativa facilidad al rinoceronte negro en libertad sobre las llanuras despejadas cercanas a Lerai.

Asimismo, en el cráter deambulan algunos de los últimos 'grandes colmilludos' (super tuskers) de África: venerables elefantes macho cuyos colmillos de marfil rozan la hierba al caminar.

Conviene madrugar: Los puntos de control de acceso abren muy temprano por la mañana. Desciende en el primer turno para contemplar a los leones cazando en la neblina antes de que la temperatura suba y los animales busquen la sombra de las acacias.

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Cómo se formó la caldera

Una caldera no es un cráter en sentido estricto. Se forma cuando un volcán vacía su cámara magmática en una erupción o en una serie de ellas, y el cono, sin soporte, se hunde sobre sí mismo.

Ngorongoro es un ejemplo muy bien conservado de este proceso, producido hace millones de años en el Valle del Rift de África Oriental. Lo que hoy ves es el resultado de aquel colapso: un gran anfiteatro con paredes que rodean un fondo casi plano.

Con el tiempo, el interior se llenó de sedimentos, se formaron pantanos y lagos, y la vegetación fue colonizando el suelo fértil de origen volcánico. Esa combinación de agua, pasto y paredes escarpadas explica por qué tantos animales pasan buena parte de su vida dentro de la caldera.

La región forma parte, además, de una zona de enorme interés científico por los hallazgos relacionados con los orígenes humanos en las cercanías.

Qué vas a encontrar en el fondo

El fondo reúne varios hábitats en un espacio relativamente reducido. Hay praderas abiertas donde se concentran los herbívoros, zonas pantanosas con aves acuáticas, un lago salino en el que se juntan flamencos, bosques de acacias y pequeños manantiales.

Gracias a esa variedad, en una sola mañana puedes pasar de contemplar manadas de cebras y ñus a observar hipopótamos en una charca o aves zancudas en el borde del agua.

Entre los depredadores destacan los leones, las hienas manchadas y los chacales, que cazan o carroñean a la vista de los vehículos.

Aquí es donde mejor se entiende la cadena trófica: muchas veces ves a los herbívoros vigilar el horizonte con cierta calma, porque están habituados a los vehículos pero no a los depredadores.

También es una de las zonas donde mejor se puede intentar ver al rinoceronte negro, aunque su presencia nunca está asegurada y suele mantenerse a distancia.

El descenso y el ritmo de la jornada

Para bajar a la caldera se usan pistas empinadas, y solo se permite entrar con vehículos adecuados y guía. El descenso ya forma parte de la experiencia, porque las vistas desde las curvas cambian con la luz y con la niebla, que a menudo cubre las paredes por la mañana.

Es normal que durante parte del trayecto sientas que bajas a otro mundo, con un clima distinto al del borde, más fresco y húmedo en las primeras horas.

Una vez dentro, el ritmo lo marcan los animales. Habrá momentos de mucha actividad y otros de calma, así que conviene llevar paciencia, algo de comida para la jornada y agua.

Pregunta a tu guía cómo se organizan las pausas, ya que los lugares donde se permite bajar del vehículo son limitados. Los baños y las zonas de descanso se concentran en puntos concretos del recorrido.

Consejos para aprovechar la visita

Prepara ropa de abrigo para las primeras horas, porque en el borde hace frío incluso en épocas calurosas, y lleva también protección solar para cuando el sol suba. Los prismáticos son muy útiles, sobre todo para ver aves y animales alejados.

Consulta las condiciones del área, las normas y las tarifas en la información oficial antes de reservar, y deja margen en tu itinerario para posibles cambios por el estado de las pistas o por la meteorología.

Combina la caldera con el mirador del borde, con el lago del fondo y con los bosques cercanos para tener una visión amplia.

Si dispones de más de un día en la zona, valora dedicar otra jornada a los cráteres de las tierras altas o a las llanuras del Serengeti, donde el paisaje y el tipo de observación son completamente distintos.

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