Ciervos sueltos y un Buda de bronce en Nara, la primera capital de Japón
Nara fue la primera capital permanente de Japón, en el siglo VIII, y conserva algunos de los templos más antiguos del país. Vale la pena por el Gran Buda de bronce del Tōdai-ji, los ciervos que pasean libres por su parque, el santuario Kasuga Taisha y sus linternas, el barrio de Naramachi y la cercanía con Kioto y Osaka.
Por Enrique P. · Publicado el 30 de septiembre de 2026
Nara, la primera gran capital de Japón
Nara es una ciudad tranquila del centro de Japón, a poca distancia de Kioto y Osaka, que en el siglo VIII fue la primera capital permanente del país.
De aquella época conserva un patrimonio extraordinario: templos budistas de enorme escala, santuarios en medio del bosque, pagodas de madera y colecciones de arte religioso que figuran entre las más antiguas de Asia oriental.
Todo eso convive con una imagen inconfundible: los ciervos que pasean con total libertad por el parque y las calles del centro, acercándose a los visitantes con una confianza sorprendente.
Muchos viajeros llegan a Nara en una excursión de un día desde Kioto u Osaka, y es verdad que lo esencial se puede ver en una jornada.
Pero la ciudad gana mucho cuando se le dedica más tiempo: al amanecer y al atardecer, sin grupos, el parque y los templos recuperan una calma que recuerda por qué este lugar fue elegido como sede del poder.
Esta guía explica su historia, las zonas que conviene conocer, los lugares principales, la comida típica, la mejor época para ir, dónde alojarse, cómo organizar uno, dos o tres días y qué excursiones hacer por los alrededores.
Historia e identidad de Nara
En el año 710 la corte imperial se instaló en una nueva capital llamada Heijō-kyō, la actual Nara. Hasta entonces, la sede del gobierno solía trasladarse con cada nuevo soberano; Heijō-kyō fue la primera pensada para durar.
Se trazó siguiendo el modelo de Chang'an, la capital de la China Tang, con calles en cuadrícula y un gran palacio al norte.
Durante las décadas siguientes, conocidas como periodo Nara, Japón absorbió con intensidad la cultura china y coreana: la escritura, la organización del Estado, la arquitectura y, sobre todo, el budismo.
El budismo se convirtió en un asunto de Estado.
El emperador Shōmu impulsó la construcción del Tōdai-ji como templo central de una red de templos provinciales repartidos por todo el país, y ordenó fundir una estatua colosal de Buda, que se consagró a mediados del siglo VIII en una ceremonia a la que, según las crónicas, asistieron monjes llegados desde el continente.
De esta época son también las primeras grandes obras escritas de la historia japonesa, como el Kojiki y el Nihon shoki, y la antología poética Man'yōshū.
El poder que acumularon los grandes monasterios fue una de las razones por las que, a finales del siglo VIII, la corte decidió abandonar la ciudad. La capital pasó brevemente a Nagaoka y, en el año 794, a Heian-kyō, la actual Kioto.
Nara dejó de ser centro político, pero sus templos siguieron siendo focos religiosos de primer orden, y la ciudad creció a su alrededor como lugar de peregrinación. Por eso se la conoce a veces como Nanto, la capital del sur, en contraste con Kioto.
Esa continuidad religiosa explica que Nara conserve edificios y esculturas de una antigüedad excepcional.
En 1998, ocho de sus lugares fueron inscritos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO como Monumentos históricos de la antigua Nara, entre ellos el Tōdai-ji, el Kōfuku-ji, el santuario Kasuga Taisha y su bosque primigenio, el Gangō-ji, el Yakushi-ji, el Tōshōdai-ji y el sitio del palacio de Heijō.
Unos años antes, en 1993, los monumentos budistas de la zona del Hōryū-ji, a las afueras, habían sido de los primeros bienes japoneses incluidos en esa lista.
Zonas de Nara
Nara es una ciudad compacta y fácil de entender. Casi todo lo que interesa al visitante se concentra en el este, alrededor del gran parque, y en el antiguo barrio de Naramachi, al sur de este.
Las dos estaciones principales, la de la compañía Kintetsu y la de JR, quedan al oeste del parque; la de Kintetsu está más cerca, a un paseo corto. Hacia el oeste y el suroeste, más dispersos, quedan el sitio del antiguo palacio y los templos de Nishinokyō.
Parque de Nara
El Parque de Nara es un gran espacio verde que se extiende al pie de las colinas orientales y reúne los monumentos más importantes: el Tōdai-ji, el Kōfuku-ji, el santuario Kasuga Taisha y el Museo Nacional de Nara.
No es un parque cerrado, sino un conjunto de praderas, bosques, estanques y caminos donde los ciervos se mueven a su antojo. Se recorre a pie sin dificultad y es el corazón de cualquier visita.
Naramachi
Naramachi es el barrio histórico de los comerciantes, al sur del estanque Sarusawa. Sus calles estrechas conservan casas de madera tradicionales, muchas convertidas en tiendas de artesanía, cafés, galerías y pequeños museos. Algunas casas pueden visitarse por dentro y muestran la distribución típica de estas viviendas, estrechas y profundas.
Aquí está también el Gangō-ji, uno de los templos más antiguos de Japón, cuyo tejado conserva tejas de época muy temprana. Es la zona ideal para pasear sin rumbo y descansar después de los grandes templos.
Nishinokyō y el oeste
Al oeste del centro, en la zona de Nishinokyō, se encuentran dos templos Patrimonio Mundial, el Yakushi-ji y el Tōshōdai-ji, a un paseo el uno del otro. Más al norte se extiende el sitio del palacio de Heijō, un gran espacio abierto donde se han reconstruido algunas puertas y salas.
Esta parte de la ciudad es mucho más tranquila que el parque y se llega en tren local o autobús.
Cómo llegar a Nara y cómo moverse
Nara no tiene aeropuerto. Los aeropuertos más cercanos son el internacional de Kansai y el de Itami, ambos en la zona de Osaka, con autobuses directos a Nara y conexiones en tren. Lo más habitual es llegar desde Kioto u Osaka en tren.
Desde Kioto hay dos opciones principales: la línea de Kintetsu, que llega a la estación Kintetsu-Nara, junto al parque, y la línea de JR, que llega a la estación JR Nara, algo más alejada. En ambos casos el trayecto es de menos de una hora en los servicios más rápidos.
Desde Osaka, la línea de Kintetsu sale de la zona de Namba y llega también a Kintetsu-Nara, mientras que la línea Yamatoji de JR conecta con las estaciones de JR en Osaka.
Si vienes desde Tokio, lo habitual es tomar el tren bala hasta Kioto y cambiar allí a un tren regional. Conviene fijarse en el tipo de servicio, porque en ambas compañías conviven trenes locales, rápidos y expresos que paran en distintas estaciones.
Una vez en Nara, lo más cómodo es caminar. Desde la estación de Kintetsu se llega a pie al Kōfuku-ji, al Tōdai-ji y a Naramachi, y un paseo más largo lleva hasta Kasuga Taisha.
Hay autobuses urbanos que recorren un circuito alrededor del parque y conectan las estaciones con los principales templos, útiles si vas con poco tiempo o si hace mucho calor.
Para Nishinokyō y el palacio de Heijō conviene usar el tren o el autobús, y para el Hōryū-ji hay tren de JR o autobús. También hay alquiler de bicicletas, aunque dentro del parque se camina mejor.
Qué ver en Nara: los lugares clave
La mayoría de los lugares más visitados de Nara se concentran en el parque y sus alrededores, lo que permite ver mucho en poco tiempo. Aun así, conviene no apurarse: los templos son grandes, los caminos invitan a desviarse y los ciervos convierten cualquier trayecto en una pequeña aventura.
En casi todos los recintos principales se cobra entrada a las salas interiores, y los horarios varían según la temporada, así que conviene consultar horarios y precios en la web oficial de cada lugar antes de ir.
Tōdai-ji y el Gran Buda
El Tōdai-ji es la gran razón para viajar a Nara. Su sala principal, el Daibutsuden, es uno de los edificios de madera más grandes del mundo, y eso que la actual, reconstruida a comienzos del siglo XVIII tras varios incendios, es más pequeña que la original.
En su interior se sienta el Gran Buda, una estatua de bronce colosal que representa al Buda Vairocana, flanqueada por otras figuras enormes.
Uno de los pilares de la sala tiene un agujero en la base, y la tradición dice que quien logra atravesarlo recibirá buena fortuna; suele haber cola de niños y adultos intentándolo.
Antes de llegar a la sala principal se cruza la Nandaimon, la gran puerta sur, custodiada por dos gigantescas estatuas de madera de guardianes Niō, obras maestras de la escultura del periodo Kamakura atribuidas a los talleres de Unkei y Kaikei.
El recinto del Tōdai-ji es amplio y merece la pena recorrerlo más allá del Daibutsuden: en la ladera se encuentran la Nigatsu-dō, una sala con una terraza de madera y vistas sobre la ciudad, y la Hokke-dō, una de las construcciones más antiguas del conjunto. Esta zona alta suele estar mucho menos concurrida.
Los ciervos del Parque de Nara
Los ciervos de Nara son probablemente los habitantes más famosos de la ciudad. Según la tradición, la divinidad del santuario Kasuga llegó a la zona montada en un ciervo blanco, y por eso estos animales se consideran mensajeros divinos y fueron protegidos durante siglos.
Hoy están declarados monumento natural y superan el millar. Se mueven libremente por el parque y alrededores, y muchos han aprendido a inclinar la cabeza a cambio de las galletas especiales que se venden en puestos del parque.
Aunque parecen mansos, son animales salvajes. Cuando detectan que llevas galletas pueden empujar, tirar de la ropa o dar pequeños mordiscos, sobre todo si tardas en dárselas, y en época de celo, en otoño, los machos pueden ponerse agresivos.
Dales sólo las galletas específicas para ciervos, nunca otra comida, y no dejes bolsas ni papeles a su alcance, porque ingerir plástico les hace daño. Si no quieres más atención, muéstrales las manos vacías. A los niños conviene explicarles estas reglas antes de entrar al parque.
Santuario Kasuga Taisha
Kasuga Taisha es el santuario sintoísta más importante de Nara, fundado en el siglo VIII por el clan Fujiwara, la familia más poderosa de la corte en aquella época. Se llega por un camino flanqueado por cientos de linternas de piedra cubiertas de musgo que se adentra en el bosque.
Los edificios, pintados de bermellón intenso, contrastan con el verde de los árboles, y en sus galerías cuelgan cientos de linternas de bronce donadas por fieles a lo largo de los siglos. Dos veces al año, en febrero y en agosto, se encienden todas las linternas en el festival Mantōrō.
Detrás del santuario se extiende el bosque primigenio del monte Kasuga, protegido desde hace más de mil años por su carácter sagrado, donde la tala y la caza estuvieron prohibidas durante siglos. Forma parte del Patrimonio Mundial y se puede recorrer por algunos senderos.
Muy cerca del santuario principal hay además santuarios menores y un jardín botánico dedicado a las plantas que aparecen en la antología Man'yōshū.
Kōfuku-ji
El Kōfuku-ji fue el templo familiar del clan Fujiwara y llegó a ser uno de los monasterios más poderosos del país.
Está en el borde occidental del parque, muy cerca de la estación de Kintetsu, y su pagoda de cinco pisos, reflejada en el estanque Sarusawa, es una de las imágenes clásicas de Nara. La pagoda ha estado en obras de restauración de larga duración, así que puede aparecer cubierta.
El templo tiene además una sala de tesoros nacionales con esculturas budistas de gran valor, entre ellas una célebre figura de Ashura, una divinidad guardiana de rostro juvenil y seis brazos.
Museo Nacional de Nara
El Museo Nacional de Nara está dedicado al arte budista y reúne esculturas, pinturas y objetos rituales de los templos de la región. Ocupa un edificio de estilo occidental de la era Meiji conectado con alas modernas.
Cada otoño organiza una exposición muy esperada con piezas del Shōsō-in, el almacén de tesoros del Tōdai-ji, que guarda objetos de la época del emperador Shōmu, algunos llegados por la Ruta de la Seda. Es una visita recomendable para entender lo que se ve en los templos.
Monte Wakakusa
El monte Wakakusa es una colina cubierta de hierba al este del parque, entre el Tōdai-ji y Kasuga Taisha. Se puede subir por un sendero y, desde lo alto, se obtiene una de las mejores vistas de Nara y de la llanura que la rodea, especialmente al atardecer.
La colina suele estar abierta al público en temporada, con cierres estacionales. En enero se celebra el Wakakusa Yamayaki, una ceremonia en la que se quema la hierba de la ladera y el cielo se llena de fuegos artificiales.
Jardines Isuien y Yoshikien
Junto al Tōdai-ji hay dos jardines tradicionales que pasan desapercibidos para muchos visitantes. Isuien es un jardín de paseo que aprovecha como fondo la gran puerta del Tōdai-ji y las colinas, en una técnica llamada paisaje prestado.
Yoshikien, a su lado, reúne varios jardines de estilos distintos, con musgo, estanque y una zona inspirada en la ceremonia del té. Ambos son un buen refugio cuando el parque está lleno.
Sitio del palacio de Heijō
El sitio del palacio de Heijō ocupa el lugar donde estuvo el centro de gobierno en el periodo Nara.
Es un gran espacio abierto en el que se han reconstruido la puerta Suzakumon, la entrada principal del palacio, y la Sala de la Gran Audiencia, además de un pequeño jardín oriental. Los museos del recinto muestran objetos hallados en las excavaciones y maquetas de la antigua capital.
Permite imaginar la escala de la ciudad que se construyó aquí hace más de trece siglos.
Yakushi-ji y Tōshōdai-ji
El Yakushi-ji es uno de los templos más antiguos de Japón, con dos pagodas de tres pisos que flanquean la sala principal. La pagoda del este es original de época muy antigua y destaca por sus aleros intermedios, que dan la impresión de tener más pisos de los que tiene.
Muy cerca, el Tōshōdai-ji fue fundado por Ganjin, un monje chino que llegó a Japón tras varios intentos fallidos de cruzar el mar y que ya había perdido la vista. Su sala principal, de proporciones sobrias y elegantes, es un ejemplo excepcional de la arquitectura del periodo Nara.
Gastronomía de Nara
La cocina de Nara es sencilla y tiene raíces muy antiguas. Uno de sus platos más característicos es el kakinoha-zushi: pequeñas porciones de arroz con pescado curado, normalmente caballa o salmón, envueltas en hojas de caqui.
Nació como forma de conservar el pescado en una región sin costa y hoy se vende en cajas en estaciones y tiendas. Otro clásico son los narazuke, verduras como el melón blanco o el pepino encurtidas durante largo tiempo en los posos del sake, de sabor intenso y color oscuro.
La prefectura de Nara es conocida por los sōmen de Miwa, fideos de trigo muy finos que se comen fríos en verano, y por el kuzu de Yoshino, un almidón de raíz con el que se preparan dulces y postres translúcidos.
En los templos se desarrolló el chagayu, unas gachas de arroz cocidas en té que eran la comida tradicional de la zona. También hay tradición de mochi, pasteles de arroz machacado, y en algunos puestos del centro se puede ver cómo se golpea la masa de forma enérgica.
El sake tiene en Nara un peso simbólico. La región reivindica un papel pionero en la elaboración del sake refinado, vinculada a antiguos templos de la zona, y hay bodegas en la ciudad y en la prefectura.
El barrio de Naramachi y las calles comerciales cercanas a la estación de Kintetsu concentran restaurantes y casas de té donde probar estos productos. Conviene tener en cuenta que muchos locales cierran temprano, porque la ciudad se vacía cuando se van los visitantes de día.
Cuándo ir a Nara
Como en el resto de la región de Kansai, la primavera y el otoño son las mejores estaciones.
Entre finales de marzo y comienzos de abril florecen los cerezos en el parque, junto a los templos y en las laderas de los montes; algo más tarde, la prefectura ofrece la floración de Yoshino, uno de los lugares más célebres de Japón para ver los cerezos.
En otoño, los arces y ginkgos del parque se tiñen de rojo y amarillo, y es la época de la exposición del Shōsō-in en el Museo Nacional y de la tradicional ceremonia del corte de astas de los ciervos.
El verano es caluroso y húmedo, con temporada de lluvias entre junio y julio, pero agosto trae el Nara Tōkae, un festival en el que miles de velas iluminan por la noche el parque y los alrededores de los templos, además del Mantōrō de Kasuga Taisha.
A finales del verano y comienzos del otoño puede haber tifones. El invierno es frío y seco, y el más tranquilo en cuanto a visitantes; en enero se celebra el Wakakusa Yamayaki y a comienzos de febrero otra edición del festival de linternas de Kasuga.
Una de las ceremonias más antiguas y emocionantes del calendario es el Omizutori o Shuni-e, que se celebra cada marzo en la Nigatsu-dō del Tōdai-ji, cuando los monjes portan grandes antorchas por la terraza de madera mientras llueven chispas sobre el público.
En cualquier época, la regla de oro es la misma: la mayoría de los visitantes llega a media mañana y se va antes de la noche, así que madrugar o quedarse a dormir cambia por completo la experiencia.
Dónde alojarse en Nara por zonas
Nara tiene menos alojamiento que Kioto u Osaka, precisamente porque la mayoría de los viajeros no pasa la noche. Eso tiene una ventaja: quedarse permite ver el parque y los templos en calma, al amanecer o al atardecer, cuando los grupos se han ido.
Hay hoteles convencionales, ryokan tradicionales con tatami y baño compartido o privado, y casas antiguas restauradas que funcionan como alojamiento.
Cerca de la estación Kintetsu-Nara
Es la zona más práctica: el parque y el Kōfuku-ji quedan a pocos minutos a pie, hay calles comerciales con restaurantes y tiendas, y los trenes a Kioto y Osaka salen de la misma estación.
Es la mejor opción si vas a pasar una o dos noches y quieres aprovechar el tiempo al máximo.
La zona de la estación de JR, algo más al oeste, tiene hoteles modernos y buenas conexiones para quienes viajan con pase ferroviario de JR o planean ir al Hōryū-ji. Queda a un paseo más largo del parque, aunque hay autobuses frecuentes y es una zona cómoda y sin complicaciones.
Naramachi y el borde del parque
Naramachi y los alrededores inmediatos del parque ofrecen un ambiente más tradicional, con ryokan y casas de madera restauradas. Es la opción ideal para quien busca una estancia tranquila, con paseos nocturnos por calles antiguas y el parque a un paso. Algunos alojamientos junto al parque tienen vistas sobre los jardines o las colinas.
Itinerarios por Nara
Nara en 1 día
Con un día, concéntrate en el parque. Llega temprano a la estación de Kintetsu, visita el Kōfuku-ji y su pagoda, y camina hacia el Tōdai-ji, cruzando la Nandaimon y entrando al Daibutsuden antes de que llegue la mayor afluencia.
Sube después por la ladera hasta la Nigatsu-dō y la Hokke-dō, y continúa por el bosque hasta Kasuga Taisha y su camino de linternas.
Por la tarde, baja hacia el estanque Sarusawa y recorre las calles de Naramachi, con parada en el Gangō-ji y en algún café antes de volver a la estación.
Nara en 2 días
El primer día sigue el recorrido del parque, sin prisas y con tiempo para los ciervos. El segundo, visita el Museo Nacional de Nara y los jardines Isuien y Yoshikien por la mañana, y sube al monte Wakakusa si está abierto para tener una vista general de la ciudad.
Por la tarde, toma el tren o el autobús hacia el oeste para ver el Yakushi-ji y el Tōshōdai-ji, y si te queda tiempo, el sitio del palacio de Heijō, que se disfruta al atardecer.
Nara en 3 días
El tercer día permite salir de la ciudad. La opción más recomendable es el Hōryū-ji, a las afueras, para ver las construcciones de madera más antiguas del mundo que se conservan y el vecino templo Chūgū-ji.
Otra alternativa, en primavera, es subir a Yoshino para ver sus miles de cerezos escalonados en la montaña, o recorrer en bicicleta la llanura de Asuka, con sus túmulos funerarios y restos de la época anterior a Nara.
Excursiones desde Nara
La prefectura de Nara guarda algunos de los lugares más antiguos de la historia japonesa, y además la ciudad está muy bien conectada con el resto de Kansai. Estas son algunas excursiones que combinan bien con una estancia en Nara.
Hōryū-ji
El Hōryū-ji, en la localidad de Ikaruga, fue fundado a comienzos del siglo VII y se asocia al príncipe Shōtoku, figura clave en la difusión del budismo en Japón.
Sus edificios, entre ellos una pagoda de cinco pisos y la sala principal, se consideran las construcciones de madera más antiguas que se conservan en el mundo. El recinto guarda además tesoros de escultura budista de una antigüedad excepcional.
Se llega en tren de JR y un corto paseo, o en autobús desde el centro de Nara.
Yoshino
El monte Yoshino, al sur de la prefectura, es uno de los lugares más famosos de Japón para ver los cerezos en flor, con miles de árboles que florecen de forma escalonada desde la base hasta la cima.
Es también un antiguo centro de peregrinación y forma parte del Patrimonio Mundial dentro de los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los montes Kii. Fuera de la temporada de floración es un lugar tranquilo, con templos y santuarios en la montaña.
Asuka
Asuka fue sede de la corte antes de la fundación de Nara y es considerada una de las cunas del Estado japonés. Es una zona rural salpicada de túmulos funerarios, piedras talladas de origen misterioso y templos antiguos, que se recorre muy bien en bicicleta.
El túmulo de Ishibutai, con sus enormes bloques de piedra al descubierto, es uno de sus lugares más llamativos.
Kioto y Osaka
Kioto, la capital que sucedió a Nara, está a menos de una hora en tren y ofrece un patrimonio inmenso de templos, santuarios y jardines. Osaka, también muy cerca, es la gran ciudad comercial de la región, famosa por su comida callejera y su vida nocturna.
Muchos viajeros organizan su estancia en Kansai visitando las tres ciudades desde una única base.
Consejos prácticos y de seguridad
Nara es una ciudad muy segura y tranquila. Los riesgos más reales para el visitante tienen que ver con los ciervos: no los provoques, no les ofrezcas galletas y luego las retires, y ten cuidado en otoño, cuando los machos están más nerviosos.
Vigila a los niños pequeños y guarda mapas, billetes y bolsas, porque los ciervos pueden intentar comérselos. Si un ciervo se vuelve insistente, lo mejor es alejarse con calma y mostrar las manos vacías.
Como la ciudad se vacía por la tarde, muchos restaurantes y tiendas cierran relativamente pronto; si vas a quedarte a cenar, conviene informarte antes. Para los templos, el consejo es el mismo que en Kioto: llegar temprano, respetar las normas de cada recinto y descalzarse donde se indique.
En varias salas no se permite fotografiar. Lleva calzado cómodo, porque el parque es grande y hay cuestas suaves hacia Kasuga Taisha y el monte Wakakusa.
Compra las galletas para ciervos sólo en los puestos del parque y no des otra comida.
Lleva una bolsa para tu basura: los ciervos pueden comer plástico y enfermar.
Consulta horarios y precios en la web oficial de cada templo antes de ir.
Si viajas en temporada de cerezos o festivales, reserva alojamiento con antelación.
Revisa en qué tipo de tren subes: locales y expresos paran en estaciones distintas.
Preguntas frecuentes sobre Nara
¿Cuánto tiempo hace falta para ver Nara?
Un día completo alcanza para ver lo esencial del parque: el Tōdai-ji, el Kōfuku-ji y Kasuga Taisha, con un paseo por Naramachi. Con dos días puedes sumar el Museo Nacional, el monte Wakakusa y los templos de Nishinokyō, y con tres, una excursión al Hōryū-ji o a Yoshino.
¿Es mejor visitar Nara desde Kioto o desde Osaka?
Ambas ciudades están bien conectadas y el trayecto es corto. La elección depende de dónde te alojes: desde Kioto y desde Osaka hay trenes de Kintetsu y de JR. Si puedes, pasar una noche en Nara te permite disfrutar del parque sin multitudes.
¿Es peligroso dar de comer a los ciervos?
No es peligroso si se hace con cuidado, pero hay que recordar que son animales salvajes. Pueden empujar o morder si creen que tienes comida. Usa sólo las galletas especiales, dáselas sin hacerlos esperar y aléjate si se ponen insistentes.
¿Cuál es el templo más importante de Nara?
El Tōdai-ji, con su enorme sala de madera y el Gran Buda de bronce, es el más conocido y el que no conviene perderse. A las afueras, el Hōryū-ji es igual de importante desde el punto de vista histórico por la antigüedad de sus edificios.
¿Cuándo es la mejor época para ir a Nara?
La primavera, con los cerezos, y el otoño, con los colores del parque, son las épocas más bonitas. El invierno es más tranquilo, y el verano trae festivales como el Nara Tōkae, aunque con calor y humedad.




