Bajo Nápoles hay canteras griegas, un acueducto romano y refugios de guerra
Napoli Sotterranea es un recorrido de 40 metros de profundidad por túneles y cisternas excavados durante más de 2.400 años: canteras griegas, el acueducto romano de época augustea y refugios antiaéreos de la Segunda Guerra Mundial. Visitas guiadas con horario fijo; entrada solo con guía, reserva recomendable.
Por Florencia · Publicado el 7 de septiembre de 2026
Bajo la superficie de Nápoles se esconde otra ciudad, excavada durante más de 2.400 años: Napoli Sotterranea recorre 40 metros de profundidad por túneles y cisternas que resumen buena parte de la historia de la ciudad desde otro ángulo.
De canteras griegas a acueducto romano
Las galerías más antiguas datan del siglo III a.C., cuando los griegos abrieron canteras para extraer el tufo con el que construían la propia Neápolis.
Más tarde, en época augustea, los romanos ampliaron la red con un acueducto alimentado desde manantiales a 70 kilómetros de distancia: los túneles eran tan estrechos que apenas permitían el paso de un hombre a la vez, y todavía conservan restos de enlucido hidráulico usado para impermeabilizar sus paredes.

Refugio antiaéreo en la Segunda Guerra Mundial
Esa misma red subterránea sirvió, siglos después, como refugio antiaéreo durante la Segunda Guerra Mundial: los recorridos guiados incluyen objetos cotidianos abandonados por los vecinos que se refugiaban allí durante los bombardeos, desde juguetes infantiles hasta bicicletas oxidadas, en un contraste directo con las canteras griegas y el acueducto romano de las mismas galerías.
- Ubicación
- Entrada en Piazza San Gaetano
- Origen
- Canteras griegas, siglo III a.C.
- Acueducto romano
- Época augustea
- Uso en el siglo XX
- Refugio antiaéreo, Segunda Guerra Mundial
- Visita
- Solo con guía, horario fijo
El tufo amarillo, la piedra que levantó la ciudad
La base de todo este subsuelo es el tufo amarillo, una roca volcánica blanda, fácil de cortar y que se endurece al contacto con el aire.
Los antiguos habitantes la extraían de debajo de la propia ciudad, de modo que cada bloque que subía para levantar una muralla o una casa dejaba un hueco abajo.
Con los siglos, esos huecos se transformaron en una ciudad paralela, hecha de galerías, salas y pozos que se comunicaban con las viviendas de arriba.
Esa misma piedra explica el tono cálido de buena parte del casco antiguo. Si levantas la vista en las calles del centro, verás muros construidos con el mismo material que, unos metros más abajo, forma las paredes de las cisternas.
Es un buen ejemplo de cómo en Nápoles lo que se ve y lo que permanece oculto están hechos de la misma materia, y de cómo la ciudad creció literalmente sobre su propio vaciado.
Pozos, cisternas y vida cotidiana
Durante siglos, muchas casas del centro dispusieron de un pozo propio que descendía hasta las cisternas, y los vecinos subían el agua con un cubo atado a una cuerda. Las cisternas se alimentaban a través de una red de canales que repartía el agua por debajo de las calles.
Cuando el suministro moderno hizo innecesario este sistema, buena parte de la red quedó abandonada y muchos accesos se taparon con el paso del tiempo.
Durante el recorrido se nota el cambio de escala entre los espacios amplios, pensados para almacenar agua, y los pasadizos muy estrechos por los que solo se avanza de uno en uno, con una vela en la mano.
Si te incomodan los lugares cerrados, conviene tenerlo presente antes de decidirte, porque en algunos tramos el techo es bajo y el pasillo apenas deja margen para moverse.
Del olvido a la recuperación de las galerías
Terminada la guerra, los refugios cayeron en el olvido y durante décadas algunas galerías sirvieron de depósito de escombros y de objetos que la ciudad quería quitarse de encima.
Más tarde, un grupo de aficionados a la espeleología empezó a limpiar, documentar y estudiar el subsuelo, y finalmente a abrirlo a los visitantes. Ese trabajo de recuperación es la razón por la que hoy puedes recorrer un espacio que durante mucho tiempo estuvo cegado.
Qué mirar durante la visita
Las huellas de los bloques extraídos en las paredes de tufo, que muestran cómo trabajaban los canteros.
El enlucido hidráulico que todavía asoma en algunos tramos de las cisternas.
Los pozos que ascienden hacia las casas del barrio, hoy cerrados en su mayoría.
Los objetos cotidianos que recuerdan el uso de las galerías como refugio.
Fíjate también en los cambios de temperatura y de luz: abajo el ambiente es fresco y húmedo, y la iluminación tenue obliga a mirar con calma.
Cómo encajarla con el resto del centro histórico
La entrada está en pleno corazón del centro antiguo, junto a la Piazza San Gaetano, donde se superponen el trazado griego, los restos romanos y las iglesias medievales.
A pocos pasos queda la iglesia de San Lorenzo Maggiore, con excavaciones de la ciudad antigua bajo su claustro, que son un complemento natural a lo que acabas de ver bajo tierra. Muy cerca también están la calle Via dei Tribunali y el Duomo.
Como la visita transcurre bajo tierra, la temperatura es fresca y constante durante todo el año, así que conviene llevar una prenda ligera aunque fuera haga calor.
Es un plan que funciona igual de bien en un día de lluvia que en las horas de más sol, cuando prefieres resguardarte del exterior y retomar después el paseo por el centro.
¿Desde cuándo existen los túneles de Napoli Sotterranea?
Las galerías más antiguas datan del siglo III a.C., cuando los griegos abrieron canteras de tufo para construir la propia Neápolis, ampliadas después con un acueducto romano en época augustea.
¿Se puede visitar sin guía?
No, el acceso es exclusivamente mediante visitas guiadas con horario fijo, varias veces al día, y conviene reservar con antelación en temporada alta.
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