El Bosco Verticale, dos torres de Milán donde crecen unos 800 árboles
El Bosco Verticale son dos torres residenciales de 110 y 76 metros, diseñadas por el estudio de Stefano Boeri y terminadas en 2014 en el distrito de Porta Nuova. Albergan unos 800 árboles y miles de arbustos y plantas distribuidos según la orientación solar. Se ve gratis desde el exterior; es un edificio residencial sin visitas interiores.
Por Florencia · Publicado el 7 de septiembre de 2026
En el distrito de rascacielos de Porta Nuova, el Bosco Verticale rompe con cualquier imagen tradicional de Milán: dos torres residenciales de 110 y 76 metros que albergan, en sus balcones, un verdadero bosque vertical de árboles y arbustos.
Un hogar para árboles que también aloja humanos
El proyecto, diseñado por el estudio de Stefano Boeri (con Gianandrea Barreca y Giovanni La Varra), se construyó entre 2009 y 2014 y alberga unos 800 árboles de entre 3 y 9 metros de altura, además de miles de arbustos y plantas, distribuidos según la orientación solar de cada fachada.

Un prototipo exportado a todo el mundo
Boeri describió el proyecto como 'un hogar para árboles que también aloja humanos y pájaros', y desde su inauguración en 2014 lo convirtió en el primero de una serie de 'bosques verticales' que el propio estudio replicó después en distintas ciudades del mundo.
Según cálculos del propio estudio, la superficie vegetal repartida entre ambas torres equivale a un bosque mucho más extenso que la parcela urbana de Porta Nuova que ocupa.
- Ubicación
- Distrito de Porta Nuova, Milán
- Construcción
- 2009-2014
- Arquitecto
- Stefano Boeri (Boeri Studio)
- Vegetación
- Unos 800 árboles, además de miles de arbustos y plantas
- Visita
- Solo exterior; edificio residencial
Cómo nació la idea de las torres con bosque
El Bosco Verticale surgió en un momento en que Porta Nuova pasaba de ser una zona de vías y terrenos en desuso a convertirse en el barrio de rascacielos más reconocible de Milán.
En ese contexto, el estudio de Stefano Boeri propuso algo distinto a la torre de cristal habitual: un edificio que devolviera a la ciudad parte de la vegetación que ocupaba el suelo.
La idea no era decorar fachadas con unas cuantas macetas, sino tratar cada balcón como un pequeño jardín con árboles de verdad, capaces de crecer y de cambiar con las estaciones.
Para que funcionara hubo que resolver problemas poco habituales en arquitectura. Los árboles se cultivaron durante años en viveros pensados para este proyecto, de modo que llegaran ya acostumbrados al viento y a la altura.
Los balcones se reforzaron para soportar el peso de la tierra y de las raíces, y se estudió qué especies resistían mejor en cada fachada. Todo ello explica que el edificio se considerara una pieza experimental y que lograra reconocimientos internacionales de arquitectura poco después de terminarse.
Qué mirar desde la calle
Como no se puede entrar, la visita consiste en observar con calma desde abajo.
Rodea las dos torres y fíjate en que no todas las plantas son iguales: en las caras más soleadas se concentran especies que toleran mejor el calor, y en las más sombrías, otras que se conforman con menos luz.
Verás árboles de hoja caduca que cambian de color en otoño y se quedan casi desnudos en invierno, y ejemplares perennes que mantienen el verde durante todo el año.
Conviene volver en distintas épocas, si el viaje lo permite, porque el aspecto cambia mucho. En primavera predominan los brotes y las flores, en verano la masa verde es densa y en otoño aparecen los tonos ocres y rojizos entre los balcones.
Si llevas cámara, un objetivo con algo de zoom ayuda a captar los detalles de las copas sin tener que echar la cabeza atrás, y desde la plaza cercana se consigue una vista más amplia de las dos torres juntas.
Un ecosistema en vertical
Uno de los objetivos declarados del proyecto era atraer fauna urbana. Las copas ofrecen refugio y alimento a aves y a insectos que antes apenas tenían motivos para entrar en un distrito de oficinas y viviendas de lujo.
Además, la vegetación filtra parte del polvo, suaviza el ruido y refresca el ambiente cercano, aunque conviene tomar con prudencia cualquier cifra concreta sobre su efecto, porque depende de muchos factores como la estación o la orientación.
El mantenimiento también es singular. Los jardineros especializados trabajan colgados de cuerdas, como los equipos de limpieza de fachadas, para podar, revisar el riego y sustituir ejemplares cuando hace falta.
Es un trabajo continuo, y eso recuerda que el bosque no es una escenografía fija sino un conjunto vivo que exige atención todo el año.
Qué ver cerca
Porta Nuova se recorre bien a pie. A poca distancia está la plaza circular que se ha convertido en el centro social del barrio, con sus fuentes y sus edificios de formas muy contemporáneas.
También cerca encontrarás un gran parque público con miles de árboles y arbustos organizados como una biblioteca al aire libre, ideal para sentarse un rato y comparar la vegetación del suelo con la que se ve en las torres.
Si quieres ampliar la mañana, camina hasta la estación Garibaldi y el vecino barrio de Isola, de aire más residencial y menos turístico.
Combinar el Bosco Verticale con un paseo por esta zona permite entender mejor cómo ha cambiado Milán en pocas décadas, con ejemplos de arquitectura reciente que contrastan con el casco antiguo que verás en el Duomo o en el Castello Sforzesco.
¿Se puede entrar al Bosco Verticale?
No, es un edificio residencial habitado: solo se puede admirar desde el exterior, en el propio distrito de Porta Nuova.
¿Cuántos árboles tiene el Bosco Verticale?
Unos 800 árboles de entre 3 y 9 metros de altura, además de miles de arbustos y plantas, distribuidos entre sus dos torres según la orientación solar de cada fachada.
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