Tumbas Saadíes: dos siglos tapiadas y la Sala de las Doce Columnas

Las Tumbas Saadíes son un mausoleo real del siglo XVI erigido durante el mandato del sultán Ahmad al-Mansur en Marrakech. Permanecieron tapiadas y ocultas durante más de dos siglos hasta su redescubrimiento aéreo en 1917. Su estancia cumbre es la Sala de las Doce Columnas, labrada en mármol de Carrara.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Época
Finales del siglo XVI (Dinastía Saadí)
Ubicación
Barrio de la Kasbah, junto a la mezquita Moulay El Yazid

Situadas junto a la mezquita de la Kasbah en Marrakech, las Tumbas Saadíes son el testimonio funerario más suntuoso de Marruecos. Alrededor de sesenta miembros de la dinastía descansan bajo techumbres de madera dorada y delicados mocárabes de yeso.

Sala de las Doce Columnas de mármol de Carrara y techos de madera de cedro dorada en las Tumbas Saadíes de Marrakech.
Aegithalia (CC BY-SA 4.0)

La Sala de las Doce Columnas

El mausoleo principal alberga la Sala de las Doce Columnas, donde yace el sultán Ahmad al-Mansur y sus descendientes directos.

Las columnas de mármol blanco italiano sostienen una cúpula piramidal de cedro esculpido y policromado que recrea la visión coránica del paraíso, mientras que el suelo está revestido con lápidas funerarias recubiertas de azulejos zellige.

Dos siglos de olvido y redescubrimiento

Cuando el sultán alauí Mulay Ismaíl tomó la ciudad en el siglo XVII, decidió arrasar los palacios saadíes pero no se atrevió a profanar las tumbas reales.

En su lugar, levantó un muro ciego de adobe que las aisló completamente del exterior, siendo redescubiertas en 1917 mediante fotografías aéreas tomadas por el servicio geográfico francés.

Consejo para evitar colas: La puerta de acceso a la Sala de las Doce Columnas es muy estrecha y obliga a esperar turno cuando hay mucha gente. Entra a primera hora para contemplarla con serenidad.

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Los saadíes y la ciudad que los vio gobernar

Para entender estas tumbas conviene situar a la dinastía que las mandó construir. Los saadíes llegaron al poder en el sur de Marruecos durante el siglo XVI y convirtieron Marrakech en su capital.

Su momento de mayor esplendor llegó con Ahmad al-Mansur, conocido como el Dorado, que gobernó en la segunda mitad de ese siglo y levantó palacios pensados para impresionar a embajadores y visitantes.

Gran parte de aquella riqueza se financió con el comercio y con las rutas que unían el Atlas con el África subsahariana. Las tumbas son uno de los pocos testimonios que se conservan en pie de aquel mundo cortesano.

Qué mirar dentro del recinto

El visitante entra por un pasillo estrecho y desemboca en un jardín donde las tumbas se reparten bajo la sombra de los árboles. Muchas son simples lápidas cubiertas de azulejos, agrupadas en parcelas que recuerdan a un pequeño cementerio familiar.

Allí reposan hombres, mujeres y niños de la corte, y esa mezcla de rangos explica la sensación de intimidad que transmite el lugar, tan distinta de la solemnidad de otros mausoleos reales.

Además de la sala principal, merece la pena detenerse en el pabellón donde descansa la madre de al-Mansur, una estancia más recogida que luce una decoración muy cuidada. Fíjate en los techos de madera tallada, en los frisos de yeso con caligrafía y en los zócalos de azulejo geométrico.

Los motivos se repiten, pero cada superficie tiene su propio ritmo, y mirar con calma permite descubrir variaciones que pasan inadvertidas con un vistazo rápido. Los espacios son pequeños, así que a menudo toca esperar turno para asomarse.

Curiosidades y detalles poco conocidos

Una de las historias más repetidas es que el recinto quedó prácticamente aislado del barrio durante generaciones. Se sabía que existía un cementerio en la zona, pero el acceso a los pabellones principales estaba cerrado y el conjunto cayó en el olvido para la mayoría de la gente.

Cuando por fin se abrió de nuevo, los especialistas se encontraron con una decoración sorprendentemente bien conservada, precisamente porque nadie la había tocado ni reformado durante tanto tiempo.

Otro detalle curioso tiene que ver con los materiales. El mármol blanco de las columnas del mausoleo principal contrasta con la madera de cedro y con el yeso trabajado a mano, y esa combinación de piedra importada y artesanía local resume bien el gusto de la corte saadí.

Si te gusta la fotografía, ten en cuenta que los interiores son oscuros y los espacios, reducidos, así que conviene tener paciencia y respetar a quienes están contemplando la sala.

Cómo encajar la visita en tu jornada

Las tumbas se recorren en poco tiempo, por lo que funcionan muy bien como parada dentro de un paseo más largo por la parte sur de la medina.

Puedes unirlas a la mezquita de la Kasbah, que se ve desde fuera, y al Palacio El Badi, otra obra encargada por el mismo sultán que hoy se conserva en ruinas y ofrece un contraste interesante: allí queda la grandeza vacía del palacio, aquí la memoria de la dinastía.

Consulta los horarios y las condiciones de acceso en la web oficial antes de ir, porque pueden variar a lo largo del año.

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