De palacio incomparable a ruina con cigüeñas, El Badi en Marrakech
El Palacio El Badi ('El Incomparable') fue un colosal complejo palaciego erigido a finales del siglo XVI por el sultán saadí Ahmad al-Mansur con los rescates de la Batalla de los Tres Reyes. Aunque desmantelado un siglo después, sus monumentales murallas de adobe rojizo albergan jardines hundidos poblados por cigüeñas.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Época
- 1578-1593 (Sultanato Saadí)
- Ubicación
- Barrio de la Kasbah, Marrakech
En su apogeo, el Palacio El Badi contaba con más de trescientas habitaciones decoradas con mármol italiano, oro, ónix y otros materiales traídos de lejos. Hoy en día, sus majestuosas ruinas en Marrakech evocan la grandeza y fragilidad de los grandes imperios de Marruecos.

El patio central y los estanques hundidos
El patio mide más de 130 metros de longitud y cuenta con cuatro grandes jardines excavados bajo el nivel del suelo donde crecen naranjos. En el centro destaca una inmensa alberca reflectante donde se ha celebrado el festival de folclore de Marrakech.
Las cigüeñas y el mirador de la muralla
Los gruesos muros de tierra apisonada sirven de hogar a decenas de parejas de cigüeñas que nidifican durante todo el año.
Subir a la terraza superior de la muralla brinda una de las mejores panorámicas de 360 grados sobre los tejados ocres de la medina y el telón de fondo de la cordillera del Alto Atlas.
El púlpito de la Koutoubia: En una sala aneja se exhibe el minbar original de la Mezquita Koutoubia, una obra maestra del trabajo en madera de cedro taraceada con hueso y maderas de colores construida en Córdoba en el siglo XII.
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De la gloria al expolio
El Badi se concibió como escenario de grandes recepciones, donde el sultán mostraba su poder ante embajadores y visitantes. Las crónicas lo describen como un lugar de fastuosidad extraordinaria, con materiales traídos de lejos y un trabajo artesanal que debía sorprender a quien lo viera. De aquel esplendor queda hoy sobre todo la escala de sus muros.
Su declive llegó siglos más tarde, cuando otro soberano decidió trasladar a su propia capital los materiales más valiosos del palacio. Columnas, mármoles y elementos decorativos fueron retirados, y lo que quedó se fue deteriorando hasta convertirse en el conjunto de ruinas de tierra que ves ahora.
Esa historia hace que la visita sea distinta a la de otros palacios de Marrakech. Aquí no hay salas decoradas que admirar, sino un espacio abierto que invita a imaginar.
Cuanto más sepas de su pasado, más sentido cobra el paseo, así que merece la pena leer los paneles informativos que encuentres.
Qué ver en las ruinas
Empieza por el gran patio central, con sus estanques y sus jardines hundidos. Camina por los bordes y fíjate en las diferencias de nivel, que estaban pensadas para que el agua y la vegetación se vieran desde las galerías. Imagina el conjunto con sus pabellones en pie y el sonido de las fuentes.
Explora después las estancias laterales y los pasadizos subterráneos. Estos espacios, de bóvedas bajas y poca luz, ofrecen una cara menos monumental del palacio. Algunas zonas sirvieron para almacenar o para alojar a los servidores, y permiten comprender la compleja organización de una residencia de este tipo.
Sube a las murallas si el acceso está abierto. Desde arriba se aprecia la planta del conjunto, la ciudad y los tejados de la medina, y también los nidos de cigüeña que dan al lugar su aire peculiar.
Es el punto ideal para entender cómo se relaciona el palacio con el barrio de la Kasbah.
Curiosidades y detalles poco conocidos
Las ruinas siguen siendo un escenario vivo. En ciertas épocas del año acogen actos culturales y espectáculos, y su patio, de enormes proporciones, se presta a ello. Si tu viaje coincide con alguno, puede ser una forma muy especial de conocer el lugar.
El color rojizo de los muros procede de la tierra con la que se levantaron, mezclada con cal y otros materiales. Es la misma técnica que da su aspecto característico a las murallas de la ciudad, y por eso Marrakech recibe el apodo de la ciudad roja. Verás ese tono cambiar con la luz a lo largo del día.
Consejos para la visita
Calcula una hora, o algo más si te gusta subir a la muralla y observar con calma. Al ser un espacio abierto, hay poca sombra, así que lleva sombrero, agua y calzado cómodo, ya que el suelo es irregular en algunas partes.
Consulta antes las condiciones de acceso, porque algunos sectores pueden estar cerrados por obras o conservación.
Al estar en la zona de la Kasbah, es fácil unirlo con las tumbas saadíes y con el palacio vecino más conocido.
Si buscas una mañana completa de historia, esa combinación funciona muy bien y te permite ver la evolución de la ciudad bajo distintas dinastías sin necesidad de grandes desplazamientos.





