Mármol de Carrara y cedro visten el Palacio de la Bahía
El Palacio de la Bahía ('La Bella') es una suntuosa residencia palaciega levantada a finales del siglo XIX en Marrakech por el gran visir Si Moussa y su hijo Ba Ahmed. Sobresale por su inmenso Patio de Honor de mármol de Carrara, techos artesonados de madera de cedro y mosaicos zellige.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Superficie
- Cerca de 150 estancias, patios y jardines
- Ubicación
- Avenida Riad Zitoun el Jdid, Marrakech
Considerado una de las grandes muestras de la arquitectura palaciega marroquí decimonónica, el Palacio de la Bahía fue concebido para ser uno de los palacios más suntuosos de su época.
Emplazado en el sur de la medina de Marrakech, reúne el trabajo artesanal de ebanistas y maestros yeseros llegados de Fez y de toda la geografía de Marruecos.

El gran Patio de Honor
El espacio más impactante del complejo es el Patio de Honor, un rectángulo descubierto de 50 por 30 metros completamente pavimentado con mármol blanco de Carrara y azulejos amarillos y azules.
Está flanqueado por una galería de madera soportada por columnas talladas que daba acceso a estancias que se cree que formaban parte del harén del visir.
Techumbres policromadas y jardines íntimos
Aunque el palacio fue saqueado tras la muerte del visir Ba Ahmed, buena parte de su riqueza arquitectónica ha llegado hasta hoy.
Cada salón cuenta con ventanas de cristal teñido, inscripciones coránicas esculpidas en yeso fino y artesonados de madera de cedro del Atlas pintados a mano con tintes minerales vegetales.
Horario idóneo: Acude a primera hora de la mañana o a primera hora de la tarde para recorrer las estancias sin las aglomeraciones de los grupos organizados de turistas.
Planifica tu viaje a Marrakech y Marruecos:
Una casa pensada para el poder
El palacio se construyó en varias fases a lo largo del siglo XIX, y esa evolución se nota en su planta, que crece como una sucesión de patios, pasillos y salas sin un eje único.
Cada ampliación añadió nuevas estancias, y el conjunto acabó siendo un laberinto de espacios entrelazados que hoy resulta fácil de recorrer solo en parte.
Sus constructores buscaron que la residencia reflejara la posición de su dueño en la corte. Para decorarla reunieron artesanos de distintas ciudades, y esa mezcla de manos se percibe en la variedad de estilos de yeso, madera y cerámica.
El resultado es más una muestra del oficio marroquí de la época que un monumento de un único estilo.
Con el tiempo, el palacio sirvió también de residencia para altos cargos y, ya en el siglo XX, de espacio de recepción. Hoy se conserva la parte que se puede visitar, mientras otras zonas se mantienen reservadas, de modo que conviene recordar que verás solo una porción del conjunto.
Qué ver en el recorrido
Tras los primeros patios, el recorrido te lleva por una serie de salas de recepción. Presta atención a los techos, pintados en tonos vivos y con motivos geométricos o florales.
Muchos son de madera de cedro, y su decoración compite con la de los muros, trabajados con yeso tallado y cerámica.
Los patios menores, con fuentes y naranjos, son quizá lo más agradable. Allí el ruido de la ciudad se atenúa y el aire es más fresco. Verás cómo se organizan las habitaciones alrededor de estos espacios, con puertas altas de madera que se abren hacia el verde.
Cuando llegues a las zonas más amplias, imagina la vida cotidiana que albergaban: reuniones, celebraciones y largas jornadas de la familia. Los suelos de cerámica y las galerías cubiertas muestran cómo se aprovechaba la sombra y se gestionaba la temperatura en un clima extremo.
Curiosidades y detalles poco conocidos
El nombre, que significa algo parecido a la hermosa, resume la intención de sus dueños. En un país con una larga tradición de arquitectura doméstica discreta por fuera y lujosa por dentro, la fachada sobria contrasta con el esplendor de los interiores, una característica que conviene tener presente al acercarte.
Muchos visitantes se sorprenden por lo poco amueblado que está el palacio. La razón es que los muebles originales se perdieron o se trasladaron, y hoy el protagonismo lo tiene la arquitectura.
Esa ausencia ayuda a fijarse en los detalles, como las puertas, los zócalos o los marcos de las ventanas.
Consejos para la visita
El recorrido es corto, pero los pasillos y los patios se llenan rápido cuando llegan los grupos. Si puedes, elige la primera hora del día y avanza sin detenerte demasiado en las zonas más concurridas, para volver después a lo que más te haya gustado. Comprueba siempre en una fuente oficial horarios y condiciones antes de ir.
Después del palacio, el museo vecino de artesanía y las tumbas saadíes están a poca distancia caminando, así que se puede organizar una ruta por el sur de la medina sin transporte.
Lleva agua y protección solar, porque parte del recorrido discurre al aire libre y el sol puede resultar intenso en los meses cálidos.





