Un gran lago, jardines y zoo en el Parque de la Tête d'Or
El Parque de la Tête d'Or se abrió al público en 1857, el mismo año que el Central Park de Nueva York, tras cinco años de obras dirigidas por los paisajistas suizos Denis y Eugène Bühler. Su lago de 16 hectáreas se excavó en una zona inundable junto al Ródano. El zoológico, creado junto con el parque, es de entrada gratuita, al igual que el acceso a todo el parque.
Por Florencia
- Ubicación
- 6º distrito de Lyon
- Inauguración
- 1857
- Lago
- 16 hectáreas, excavado junto al Ródano
- Zoológico
- Creado con el parque, entrada gratuita
El Parque de la Tête d'Or es el gran pulmón verde de Lyon.

Contemporáneo de Central Park
Las obras del parque comenzaron en 1856 bajo la dirección de los paisajistas suizos Denis y Eugène Bühler, junto al ingeniero Gustave Bonnet, y se prolongaron durante cinco años.
El parque se abrió al público en 1857, aunque en ese momento los trabajos aún no habían concluido del todo.
Resulta una curiosa coincidencia histórica que ese mismo año, 1857, se inaugurara también el Central Park de Nueva York, dos de los grandes parques urbanos del siglo XIX naciendo casi al mismo tiempo a ambos lados del Atlántico.
Un lago excavado a mano y un zoológico gratuito
El lago del parque, de 16 hectáreas, se excavó en una zona inundable junto al Ródano, y la tierra extraída sirvió para levantar un dique que protegió los terrenos de las crecidas.
El jardín botánico del parque se estableció ese mismo 1857 como sucesor de un jardín botánico anterior nacido de un decreto de 1794, y el zoológico se creó a la vez que el parque.
Hoy ese pequeño zoológico, con jirafas, ciervos, reptiles y primates entre otras especies, mantiene su entrada completamente gratuita, igual que el resto del parque.
El origen del nombre y la leyenda del tesoro
El nombre del parque alude a una leyenda local, según la cual una cabeza de Cristo en oro, parte de un tesoro, habría sido enterrada en estos terrenos y nunca se encontró.
Es una historia que se cuenta con cariño en la ciudad, y que da al parque un aire de relato antiguo que contrasta con su planificación decimonónica.
Conviene tomarla como lo que es, una tradición popular, sin pretender que haya datos firmes detrás, pero sí es una bonita manera de entrar en el lugar.
Los terrenos formaban parte de una zona de llanura inundable junto al Ródano, y el parque se concibió, en el espíritu de su época, como un espacio de aire sano y esparcimiento para una ciudad que crecía con rapidez.
Esa intención se nota en el diseño: grandes praderas abiertas, caminos curvos al estilo de los jardines paisajistas ingleses, y vistas amplias hacia el agua, pensadas para dar sensación de campo dentro de la ciudad.
Qué ver dentro del parque
El parque es tan grande que conviene tener un plan. El lago es el centro de la mayoría de los paseos y alrededor de él discurre un camino muy agradable, con puntos desde los que se ve el agua con la ciudad al fondo.
En el agua se pueden ver aves acuáticas, y en la orilla hay islas pequeñas y zonas de vegetación densa. Es un lugar muy popular para pasear, correr, leer sobre el césped o simplemente sentarse a mirar el paisaje.
Otro elemento destacado son los invernaderos, de estructura de hierro y cristal al estilo del siglo XIX, que albergan plantas tropicales y colecciones botánicas. A ellos se suma la rosaleda, que luce en primavera y a comienzos del verano, y el jardín botánico, con sus especies etiquetadas.
Dedica un rato a cada uno según tus intereses. Si viajas con niños, el zoológico y las zonas de juegos pueden ser el centro de la visita, y el parque entero se presta muy bien a una jornada tranquila al aire libre.
Consejos para aprovechar el parque
Por su tamaño, lo más práctico es decidir de antemano qué zona te interesa y no intentar verlo todo de una vez. Una opción es hacer el circuito del lago y añadir después uno o dos puntos concretos, como los invernaderos o el zoológico.
El parque es ideal en las estaciones templadas, cuando el césped y los árboles están en su mejor momento, y en otoño ofrece una paleta de colores especialmente fotogénica. Los horarios de las puertas y de los invernaderos varían, así que consúltalos en la web oficial antes de ir.
Como es un espacio abierto, lleva agua y algo para sentarte si planeas hacer un picnic. Desde aquí puedes seguir hacia los barrios próximos, con calles tranquilas, o regresar hacia el centro de la ciudad por las orillas del río.
Combinarlo con una visita cultural en el mismo día es posible, pero lo más disfrutable suele ser dedicarle una mañana o una tarde completa y dejar que el ritmo lo marque el propio parque.





