Asómate a la nube de cristal del Museo de las Confluencias

El Museo de las Confluencias, museo de historia natural y de las sociedades, abrió sus puertas el 20 de diciembre de 2014 en la confluencia de los ríos Ródano y Saona. Diseñado por el estudio austríaco Coop Himmelb(l)au tras ganar el concurso internacional de 2001, el edificio combina tres volúmenes en acero, vidrio y hormigón: el Zoccolo (base), la Nuvola (nube) y el Cristallo (cristal). Las obras comenzaron en 2006 y se prolongaron, con interrupciones, hasta 2014.

Por

Ubicación
Confluencia de los ríos Ródano y Saona, Lyon
Concurso internacional
Ganado en 2001
Construcción
2006-2014
Arquitectos
Coop Himmelb(l)au, estudio austríaco

El Museo de las Confluencias se levanta donde se unen los ríos Ródano y Saona, en Lyon.

El edificio del Museo de las Confluencias en Lyon.
Fred Romero from Paris, France (CC BY 2.0)

Ocho años de obras para una nube de cristal

El proyecto se concibió a partir de un concurso internacional de arquitectura celebrado en 2001, pensado como un medio para la transferencia de conocimiento a través de un nuevo museo de historia natural y de las sociedades.

El estudio austríaco Coop Himmelb(l)au ganó el concurso, y las obras de construcción comenzaron en 2006 y, con varias interrupciones, se prolongaron hasta la apertura del museo el 20 de diciembre de 2014.

Tres volúmenes que dialogan con la confluencia de los ríos

La arquitectura del edificio se organiza en tres elementos que interactúan entre sí: el Zoccolo, o base, en hormigón expuesto, que alberga áreas de servicio y aparcamiento; la Nuvola, o nube, con estructura y cubierta de acero; y el Cristallo, o cristal, compuesto por superficies de vidrio y acero.

Situado precisamente en el punto donde confluyen el Ródano y el Saona, el museo traduce en su propia arquitectura esa idea de contraste y encuentro entre elementos separados que se funden en una estructura dinámica única.

Planifica tu viaje a Lyon:

• Guía de Lyon

• Parque de la Tête d'Or

• Halles Paul Bocuse

Un barrio que cambió de cara

El museo se levanta en el extremo sur de la península de Lyon, una zona que durante mucho tiempo fue industrial y portuaria, con almacenes, mercados y terrenos de uso logístico.

La transformación del distrito de la Confluence ha sido una de las operaciones urbanísticas más ambiciosas de la ciudad, y el museo funciona como su gran emblema. Al acercarte verás edificios contemporáneos, paseos junto al agua y espacios nuevos, un paisaje muy distinto del Lyon histórico de las colinas.

Esa convivencia entre lo viejo y lo nuevo es parte del interés de la visita. Si llegas caminando desde el centro, recorrerás un tramo que va dejando atrás las fachadas clásicas para entrar en un entorno de líneas modernas.

El punto exacto donde se juntan el Ródano y el Saona queda muy cerca, y vale la pena acercarse hasta la punta de la península para ver cómo las dos corrientes, de aspecto y caudal distintos, se mezclan lentamente.

Una arquitectura que se mira desde fuera

Mucha gente visita el edificio para contemplarlo, y con razón. Sus formas inclinadas, sus superficies reflectantes y la estructura que parece flotar sobre el suelo rompen con cualquier idea tradicional de museo.

Desde el exterior se aprecia cómo la luz cambia el aspecto del conjunto a lo largo del día, y cómo las superficies acristaladas capturan el cielo y el agua. Es un edificio pensado para ser visto desde varios ángulos, así que merece que lo rodees antes de entrar.

En el interior, el espacio también sorprende por sus recorridos amplios y sus volúmenes abiertos, que permiten ver el edificio desde dentro como si fuera una gran escultura.

Se trata de un ejemplo claro de arquitectura deconstructivista, una corriente que busca romper la simetría y la rigidez de las formas clásicas. Si te interesa la arquitectura contemporánea, dedica un rato a fijarte en las escaleras, las pasarelas y los puntos de vista que se abren hacia la ciudad.

Un museo de ciencias y de sociedades

El museo no es de arte, sino de historia natural y de ciencias humanas, y su propuesta se centra en grandes preguntas: el origen de la vida, la diversidad de las especies, las culturas del mundo y el futuro del planeta.

Las exposiciones combinan objetos, maquetas, material audiovisual y recursos interactivos, de manera que resulta una visita accesible para familias. Antes de ir, consulta en la web oficial qué exposiciones están abiertas, porque la oferta temporal cambia con frecuencia.

Si dispones de tiempo, combina la visita con un paseo por las orillas, donde se han creado espacios para pasear y sentarse a mirar el agua.

Y como el museo está algo apartado del núcleo histórico, conviene planificar el regreso con calma, reservando un margen para disfrutar sin prisas de este rincón de la ciudad.

Es una excursión que contrasta con el Lyon medieval y renacentista, y completa muy bien la imagen de una ciudad en constante evolución.

Para saber más