Bajo la cumbre de Al-Qurn se excavaron las tumbas del Valle de los Reyes

El Valle de los Reyes (Uadi el-Muluk), ubicado en la orilla occidental del Nilo en Lúxor bajo la colina piramidal de Al-Qurn, fue la gran necrópolis subterránea de los faraones del Imperio Nuevo (dinastías XVIII a XX). Alberga unas 65 tumbas y cámaras excavadas en la roca viva, célebres por sus hipogeos decorados con pinturas funerarias y el descubrimiento de la tumba de Tutankamón.

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Ubicación
Orilla occidental del Nilo (West Bank), Lúxor

El Valle de los Reyes es el yacimiento funerario más misterioso y reverenciado de Lúxor. Abandonando las pirámides visibles para eludir a los saqueadores, los monarcas de Egipto horadaron las entrañas de este cañón desértico para asegurar su tránsito triunfal hacia el Más Allá.

Acantilados áridos de la montaña tebana que albergan las tumbas subterráneas de los faraones en el Valle de los Reyes, Lúxor.
KennyOMG (CC BY-SA 3.0)

Los hipogeos y el arte funerario sagrado

Cada tumba está diseñada como un corredor descendente que desciende decenas de metros hacia la cámara sepulcral.

Los techos abovedados reproducen el cielo nocturno estrellado protegido por la diosa Nut, mientras que las paredes de piedra enlucida en yeso muestran textos y viñetas de los libros sagrados funerarios: el Libro de las Puertas, el Libro del Amduat y otros textos funerarios.

Sorprende la vivacidad de los pigmentos naturales —azul egipcio, amarillo ocre, rojo y verde malaquita— que conservan intacta su intensidad tras más de tres mil años de oscuridad.

La mítica tumba de Tutankamón (KV62)

Descubierta casi intacta el 4 de noviembre de 1922 por el arqueólogo británico Howard Carter financiado por Lord Carnarvon, la tumba KV62 de Tutankamón se ha convertido en el hallazgo más célebre de la arqueología mundial.

Aunque sus tesoros principales se exponen en los museos de El Cairo, visitar la antecámara y contemplar en su propio sarcófago de cuarcita la momia original del joven faraón es una experiencia intensa.

Tumbas recomendadas con la entrada general: No te pierdas la KV2 (Ramsés IV), con sus pasillos anchos y techos astronómicos perfectamente conservados; la KV11 (Ramsés III), con escenas de músicos con arpas y la vida cotidiana; y la KV8 (Merenptah), una de las más profundas del valle.

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Por qué se eligió este cañón

Los faraones del Imperio Nuevo abandonaron la tradición de las pirámides por una razón práctica: las grandes tumbas visibles atraían a los ladrones.

Este valle, dominado por una cima natural que recuerda a una pirámide, ofrecía un escondite en la roca caliza, vigilado además por los habitantes de la aldea de los artesanos de Deir el-Medina, que excavaban y decoraban las tumbas.

Aquellos obreros formaban una comunidad especializada, y de su vida cotidiana se conservan numerosos textos escritos sobre fragmentos de cerámica y piedra, entre ellos registros de jornadas de trabajo e incluso protestas por retrasos en el reparto de raciones.

El plan tuvo un éxito relativo. Casi todas las tumbas fueron saqueadas en la Antigüedad, y en épocas posteriores los sacerdotes trasladaron algunas momias reales a escondites donde pudieran protegerlas mejor.

Por eso, cuando entres en las cámaras, verás sarcófagos vacíos o rotos: lo que queda es sobre todo la arquitectura y la decoración de las paredes.

Cómo leer una tumba real

Aunque cada tumba es distinta, comparten una lógica. Se entra por una escalera y se avanza por corredores sucesivos que simbolizan el recorrido del sol por el inframundo durante la noche.

Las escenas de las paredes ilustran ese viaje: el dios Ra atraviesa las horas nocturnas, enfrenta peligros y renace al amanecer. El rey, identificado con el sol, aspira a seguir ese mismo camino.

Si te fijas en la numeración de las tumbas, verás que las siglas KV, de King's Valley, siguen el orden en que fueron catalogadas, no el cronológico.

Las tumbas más antiguas tienen un trazado con giros, mientras que las de la dinastía XIX y XX se vuelven más rectas y monumentales.

Una pista útil para orientarte es observar si el corredor desciende con pendiente suave o con escalones, y si la cámara final está decorada con un cielo estrellado. Con unos minutos de atención descubrirás que cada tumba tiene su propia personalidad.

Preparar la visita con realismo

Dentro de las tumbas el aire es cálido y está cargado de polvo, y las escaleras pueden ser empinadas, de modo que conviene ir sin prisa. Muchas tumbas se abren o se cierran de forma rotativa para proteger las pinturas, así que no des por hecho que todas estarán disponibles.

Las normas sobre fotografía en el interior suelen ser estrictas, así que es mejor informarse antes y dedicar el tiempo a mirar. Antes de ir, consulta en la web oficial cuáles se visitan, cómo funcionan las entradas y qué tumbas requieren un acceso aparte, porque esas condiciones varían con frecuencia.

Para completar la mañana puedes enlazarlo con el templo de Hatshepsut, que se encuentra al otro lado de la montaña, y con los Colosos de Memnón antes de regresar al río.

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