La tumba de Nefertari y sus colores en el Valle de las Reinas
El Valle de las Reinas (Bibán el-Harim), situado al sur de la necrópolis tebana en Lúxor, albergó los enterramientos de princesas, reinas y príncipes del Imperio Nuevo. Su joya principal es la Tumba de Nefertari (QV66), esposa favorita de Ramsés II, a menudo comparada con la 'Capilla Sixtina' del arte funerario egipcio por la viveza de sus pinturas murales.
Por Daniel
- Ubicación
- Extremo meridional de la orilla occidental, Lúxor
El Valle de las Reinas guarda los sepulcros más refinados y emotivos de Lúxor. Conocido antiguamente como Ta-Set-Neferu ('El Lugar de la Belleza'), este recogido valle desértico de Egipto custodia más de noventa hipogeos excavados con primor en la roca calcárea.

La tumba de Nefertari (QV66): la cumbre pictórica del Nilo
Descubierta en 1904 por el egiptólogo italiano Ernesto Schiaparelli, la tumba de la gran esposa real Nefertari es una de las expresiones más refinadas del arte egipcio.
Las paredes de sus salas subterráneas están decoradas con pinturas policromadas sobre yeso donde la reina aparece vestida con túnicas de lino blanco plisado semitransparente, tocada con la corona de buitre de oro y ofreciendo loto a deidades como Isis, Hathor y Osiris.
La delicadeza de los trazos, las sombras en los párpados y la luminosidad de los pigmentos sobre fondo blanco satinado justifican su estatus como una de las maravillas artísticas de la humanidad.
Tumbas de príncipes de la dinastía XX
Aparte de la de Nefertari, de acceso restringido y aparte, se pueden visitar con la entrada general varias tumbas de extraordinario interés histórico: la de Amonherjepeshef (hijo de Ramsés III), donde el faraón toma tiernamente de la mano al joven príncipe con la coleta lateral de la infancia para presentarlo a los dioses del inframundo; la de Jaemuaset, otro hijo de Ramsés III con escenas del banquete funerario; y la de la reina Titi, decorada con figuras de guardianes y chacales sagrados.
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Un valle para las familias reales
Aunque se conoce como Valle de las Reinas, este lugar acogió también a príncipes, princesas y otros miembros de la familia real, no solo a las esposas del faraón. Su nombre antiguo, que alude a la belleza, sugiere que se pensaba como un espacio de renacimiento.
Los egipcios elegían con cuidado dónde excavar, y aquí hay un detalle que suele llamar la atención: la ladera termina en un anfiteatro natural donde, tras las lluvias poco frecuentes, el agua formaba una cascada.
Algunos investigadores han relacionado esa imagen con la diosa Hathor y con la idea del renacimiento, aunque se trata de una interpretación y no de una certeza.
Las tumbas son más pequeñas y sencillas que las del Valle de los Reyes. Muchas tienen una sola cámara o un corredor corto, y algunas están muy dañadas.
Pero esa escala reducida tiene un encanto propio: puedes asomarte a espacios íntimos, donde las escenas parecen más cercanas, y donde la relación entre el artista y el visitante se vuelve casi personal.
Lo que cuentan las pinturas
En la tumba de Nefertari, el recorrido pictórico sigue el viaje de la reina hacia el más allá. La acompañan escenas en las que juega una partida de senet, el juego de mesa favorito de los egipcios, y otras en las que presenta ofrendas ante las divinidades.
El techo azul salpicado de estrellas refuerza la idea de un cielo subterráneo. Son imágenes delicadas, de colores suaves y trazos muy cuidados, que muestran hasta qué punto los artistas de la época de Ramsés II dominaban el dibujo de la figura humana.
El estado de conservación es frágil. La humedad y las sales que se filtraban por la roca dañaron las paredes a lo largo del siglo XX, y se llevó a cabo una restauración internacional de varios años para consolidar el yeso y limpiar los pigmentos.
Por eso el acceso suele estar limitado: se controla el número de personas y el tiempo de estancia para proteger lo que se ha recuperado. Es un buen motivo para ir con la mentalidad de quien entra en un espacio muy delicado.
Planificar la excursión
El valle queda algo apartado del resto de monumentos de la orilla occidental, de modo que suele añadirse como parada independiente, antes o después de Medinet Habu y de los Colosos de Memnón. El entorno es silencioso y árido, con poca sombra, así que conviene llevar agua y protección solar.
Las tumbas abiertas pueden variar, por lo que es mejor consultar antes la información oficial vigente sobre qué se visita, cómo se accede a la de Nefertari y qué condiciones se aplican en cada momento.





