Templo de Lúxor: colosos de Ramsés II y la fiesta del Opet
El Templo de Lúxor, situado en el corazón urbano de la ciudad junto a la orilla oriental del Nilo, fue mandado construir por Amenofis III y Ramsés II para celebrar la fiesta anual del Opet. Destaca por su monumental pilono flanqueado por colosales estatuas sedentes de Ramsés II, su obelisco de granito rosa y la iluminación que lo realza al caer la noche.
Por Daniel
- Ubicación
- Corniche del Nilo, centro de Lúxor
- Conexión histórica
- Enlazado con Karnak por la restaurada Avenida de las Esfinges de 2,7 km
El Templo de Lúxor es uno de los monumentos más fotogénicos y accesibles de Lúxor. A diferencia de la mayoría de templos de Egipto, que estaban consagrados a cultos funerarios o divinidades tutelares, este santuario estaba destinado a la regeneración espiritual de la monarquía durante la fiesta anual de la fertilidad de Opet.

La fachada monumental y el obelisco gemelo de París
La entrada al templo está presidida por el formidable pilono erigido por Ramsés II, cuyos muros representan la batalla de Qadesh contra los hititas.
Frente a la fachada se alzan dos colosales estatuas sedentes del faraón talladas en granito, que flanquean la entrada principal y un soberbio obelisco de 25 metros de altura.
Originalmente había dos obeliscos casi idénticos; el segundo fue ofrecido en 1830 por Muhammad Alí a Francia y preside desde entonces la emblemática Plaza de la Concordia de París.
Patios columnados y estratos culturales
Al cruzar el pilono se accede al patio de Ramsés II, bordeado por columnas papiriformes y estatuas colosales del monarca de pie.
Dentro de este patio sorprende la presencia de la Mezquita medieval de Abu Haggag, levantada en el siglo XIII sobre los muros del templo faraónico cuando el recinto estaba sepultado por sedimentos.
Más adelante, la Columnata procesional de Amenofis III da paso a un patio hipóstilo de proporciones sublimes y al sancta sanctorum, donde incluso Alejandro Magno mandó grabar relieves representándose a sí mismo recibiendo la bendición de Amón.
Visita nocturna: El Templo de Lúxor luce de forma especial al caer la noche, y conviene consultar las condiciones de visita en la web oficial antes de ir. Recorrer sus patios tras caer la noche, cuando una cuidada iluminación dorada resalta la profundidad de los jeroglíficos y las siluetas de los colosos contra el cielo estrellado, merece la pena.
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La fiesta de Opet y el viaje de Amón
Para entender este templo hay que imaginar una procesión. Cada año, durante la fiesta de Opet, las barcas sagradas de Amón, de su esposa Mut y de su hijo Jonsu salían de Karnak y llegaban hasta aquí, primero por tierra y más tarde por el río.
La ceremonia renovaba la fuerza divina del rey, que en el santuario más íntimo del edificio se unía simbólicamente con la energía de Amón. Era una de las grandes celebraciones del calendario de la antigua Tebas, con música, danzas y reparto de alimentos entre la población.
Esa función explica la disposición del conjunto. El templo no está pensado como una tumba ni como un depósito de tesoros, sino como una estación de término de un camino ceremonial.
Por eso la Avenida de las Esfinges, que une ambos recintos, forma parte de la misma historia: era el pasillo por el que avanzaba el cortejo ante los ojos de miles de personas.
Capas de historia bajo un mismo techo
Pocos lugares de Egipto muestran con tanta claridad el paso de los siglos. El núcleo fue obra de Amenofis III, que levantó el santuario y la gran columnata procesional, y más tarde Ramsés II añadió su patio y el pilono de entrada.
Tutankamón y Horemheb dejaron su huella en la decoración de la columnata, y siglos después los romanos transformaron una de las salas del santuario en capilla para el culto imperial, cubriendo antiguos relieves con pinturas.
Si miras con atención los muros de esa estancia, puedes distinguir el estilo romano superpuesto a las escenas faraónicas.
A lo largo del tiempo, el edificio quedó cubierto por casas y escombros, y la ciudad creció literalmente encima.
La mezquita que se ve en el patio sigue en uso, y es una de las razones por las que el templo resulta tan peculiar: culto antiguo y culto actual conviven en el mismo espacio, separados por unos pocos metros de piedra.
Consejos para sacarle partido
La visita es relativamente corta, porque el recinto es compacto y se recorre en línea recta, del pilono hasta el fondo. Eso la hace ideal para combinarla con un paseo por la orilla del Nilo o con una visita al museo cercano.
Si te interesa la fotografía, la luz cálida de última hora resalta el granito y dora la arenisca, y al caer la noche la iluminación artificial cambia por completo la atmósfera del lugar.
Antes de entrar, detente en el exterior para observar el pilono y los colosos con perspectiva, y fíjate en cómo el eje del templo se curva ligeramente a la altura del patio de Amenofis III.
Se suele explicar que esa inclinación responde a razones de orientación hacia Karnak o a la presencia de construcciones previas. Consulta siempre los horarios y las condiciones de acceso en la web oficial, porque pueden cambiar según la época del año.





