Las 134 columnas de la Sala Hipóstila de Karnak
El Complejo de Karnak en Lúxor es uno de los mayores centros religiosos del mundo antiguo, levantado durante más de dos mil años por una treintena de faraones en honor a Amón-Ra. Su hito supremo es la colosal Sala Hipóstila, sostenida por 134 columnas gigantescas talladas con jeroglíficos que simulan un bosque sagrado de papiros.
Por Daniel
- Ubicación
- Orilla oriental de Lúxor, a unos 2,5 km al norte del centro
- Hito arquitectónico
- Gran Sala Hipóstila con 134 columnas de hasta 21 metros de altura
El Complejo de Karnak es uno de los grandes testimonios monumentales del poder faraónico en Lúxor y todo Egipto. Concebido como la morada terrenal de la tríada tebana (Amón, Mut y Jonsu), pocos recintos religiosos del planeta acumularon tantas ampliaciones, pilonos y obeliscos a lo largo de dos milenios de historia.

La Avenida de las esfinges y los pilonos
La aproximación a Karnak se realiza a través del dromos o avenida procesional flanqueada por esfinges con cuerpo de león y cabeza de carnero (el animal consagrado a Amón), cada una protegiendo entre sus garras una efigie de Ramsés II.
Al cruzar el gigantesco Primer Pilono de arenisca, el visitante accede a un gran patio que alberga la capilla de Seti II y el templo conmemorativo de Ramsés III.
La Gran Sala Hipóstila de Amón
Considerada una de las cumbres universales de la arquitectura de todos los tiempos, la Gran Sala Hipóstila ocupa unos cinco mil metros cuadrados.
Sus 134 gigantescas columnas de piedra arenisca están organizadas en dieciséis hileras: las doce columnas de la nave central, con capiteles en forma de papiro abierto, se elevan hasta los 21 metros de altura con un diámetro de más de tres metros.
Los fustes están íntegramente esculpidos con bajorrelieves policromados que relatan las ofrendas rituales de Seti I y las victorias militares de Ramsés II.
El Lago Sagrado y los obeliscos
En el corazón del complejo se abre el inmenso Lago Sagrado (120 por 77 metros), donde los sacerdotes de Amón realizaban sus abluciones purificadoras diarias antes de los oficios rituales.
Junto al estanque se yergue el monolito de granito rosa del escarabajo sagrado escarabeo de Amenofis III y los colosales obeliscos de Tutmosis I y de la reina Hatshepsut, este último de unos 29 metros de altura y más de 300 toneladas de peso, tallado en una sola pieza en las canteras de Asuán.
Consejo fotográfico: Llega a primera hora de la mañana para admirar el amanecer filtrándose entre los capiteles de la sala hipóstila con mucha más tranquilidad, antes de que arriben los grupos organizados de cruceros del Nilo.
Planifica tu itinerario por Lúxor y el Alto Egipto:
El museo al aire libre y las capillas restauradas
Al norte del patio central se extiende un espacio conocido como el Museo al Aire Libre, donde se exponen elementos que formaron parte de edificios desmontados y reutilizados en épocas posteriores.
Allí se han reconstruido capillas de gran belleza, como la llamada Capilla Blanca de Sesostris I y la Capilla Roja de Hatshepsut.
Sus bloques, que habían sido reaprovechados como relleno en otras construcciones, se han recolocado como un gigantesco rompecabezas, y sus relieves se conservan con una delicadeza que contrasta con la escala del resto del recinto.
Merece la pena detenerse en los bajorrelieves, porque el detalle de las figuras, los gestos y los jeroglíficos permite entender mejor cómo se concebía el ritual.
Muchas escenas muestran al faraón haciendo ofrendas ante las divinidades, en un lenguaje visual que se repite a lo largo de siglos pero que cada reinado interpretó con su propio estilo.
Observar esas diferencias entre una capilla y otra es una buena forma de leer la historia sin necesidad de ser especialista.
Un templo que nunca dejó de crecer
Una de las claves para entender Karnak es que nunca se concibió como una obra terminada. Cada faraón quiso dejar su huella añadiendo un patio, una sala, un pilono o una capilla, de manera que el conjunto es una superposición de siglos.
Frente al primer pilono todavía se conservan restos de una rampa de adobe empleada durante la construcción, y se ve que la fachada quedó sin acabar. Es un recordatorio de que, en Karnak, el trabajo de los constructores continuó durante generaciones.
Cómo organizar la visita
Karnak es tan vasto que resulta imposible abarcarlo todo con prisas, por lo que conviene decidir de antemano qué quieres ver y dejar el resto para otra ocasión.
Un buen plan es seguir el eje principal, desde el primer pilono hasta la sala hipóstila y el lago sagrado, y reservar un rato final para las capillas del museo al aire libre.
Lleva agua, sombrero y calzado cómodo, y consulta en fuentes oficiales las condiciones de entrada y los posibles espectáculos nocturnos antes de ir.





