El Museo de Lúxor guarda el escondite de estatuas hallado en el templo
El Museo de Lúxor, emplazado sobre el paseo marítimo del Nilo entre los templos de Lúxor y Karnak, es un museo de antigüedades muy cuidado y bien presentado. Inaugurado en 1975, exhibe una selección selecta de obras maestras halladas en los templos y tumbas tebanas, destacando el escondrijo de estatuas de 1989 y las momias de Ahmose I y Ramsés I.
Por Daniel
- Ubicación
- Corniche del Nilo, centro de Lúxor
- Museografía
- Iluminación teatral individualizada y paneles explicativos bilingües
El Museo de Lúxor ofrece una experiencia museística íntima y depurada que contrasta con la abigarrada densidad de piezas de la capital. Ubicado frente al Nilo en Lúxor, este museo moderno reúne únicamente obras de una calidad artística suprema que resumen la gloria imperial de Egipto.

El escondite del Templo de Lúxor (1989)
En 1989, durante unas excavaciones rutinarias en el patio de Amenofis III del Templo de Lúxor, los arqueólogos descubrieron un pozo oculto donde habían sido enterradas veintiséis esculturas de piedra.
Estas piezas, conservadas en un estado de conservación excelente, se exhiben en una sala propia del museo: destacan la estatua de cuarcita de Amenofis III, la efigie de Horemheb ante el dios Amón y una estatua de calcita translúcida de Sobek con cabeza de cocodrilo protegiendo a Amenofis III.
La sala de las momias de los fundadores del Imperio
En una sala en penumbra inaugurada en 2004 se custodian, expuestas sin vendas sobre lechos protegidos por urnas de cristal climatizadas, las momias de dos de los faraones más decisivos de la historia: Ahmose I, el soberano que expulsó a los invasores hicsos y fundó la brillante dinastía XVIII, y Ramsés I, fundador de la dinastía XIX, cuya momia fue repatriada desde un museo de Estados Unidos en 2003 tras ser identificada.
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Un museo pensado para mirar despacio
Una de las ideas que más se agradece del Museo de Lúxor es que no intenta abarcarlo todo. Mientras otros grandes museos egipcios se llenan de piezas hasta el techo, aquí la selección es corta y cada objeto tiene espacio alrededor.
Las vitrinas están iluminadas de manera que resalten el volumen de las esculturas, y los textos explicativos te sitúan en el templo, la tumba o el barrio de la antigua Tebas de donde procede cada obra.
Eso cambia la forma de recorrerlo: en lugar de pasar de largo ante decenas de estatuas parecidas, te detienes ante pocas y las miras con calma, rodeando las figuras para ver cómo cae la luz sobre la piedra pulida.
El edificio, de líneas sobrias y rampas interiores que enlazan las salas, acompaña bien esa idea. El recorrido es sencillo de seguir y no hace falta un plano para orientarse.
Muchos viajeros lo dejan para el final del día, cuando el calor aprieta en la orilla oriental y apetece entrar en un espacio fresco y tranquilo después de una mañana entre columnas y muros al aire libre.
Más allá del escondite y las momias
Entre las piezas que suelen pasar más desapercibidas se encuentra el muro armado con bloques decorados, llamados talatat, del templo que Akenatón levantó en Karnak antes de que su proyecto religioso fuera borrado.
Esos bloques, de tamaño reducido y colocados uno junto a otro, forman un gran muro de escenas con figuras de rasgos alargados, muy distintas del canon habitual del arte egipcio.
Verlos de cerca ayuda a entender el estilo tan particular de aquel periodo, que rompió con siglos de convenciones y que después los sucesores trataron de olvidar.
También merecen unos minutos las salas dedicadas a las cabezas de estatuas, a las herramientas y a las armas del Imperio Nuevo.
Se trata de objetos pequeños, pero que hablan de la vida diaria y de la guerra en la época en que Tebas era la capital del país y el centro religioso más poderoso del Nilo.
Cómo encaja en tu jornada por Lúxor
Por su situación junto al Nilo, el museo funciona muy bien como pausa entre dos visitas intensas. Puedes ir a pie desde el templo de Lúxor siguiendo el paseo fluvial, o acercarte desde Karnak si prefieres un trayecto algo más largo.
Como el interior se recorre con rapidez, resulta cómodo combinarlo en la misma tarde con un paseo por la orilla al atardecer, cuando el río cambia de color y las falúas empiezan a encender sus luces.
Si viajas con niños o con poco tiempo, concéntrate en la sala del escondite y en la de las momias, y deja el resto para una segunda ronda. Antes de ir, conviene consultar en la web oficial los días y horarios de apertura, porque pueden variar según la temporada.
Y si tu interés por el Egipto faraónico es grande, apunta también el Museo de la Momificación, que está muy cerca y se visita en poco rato, para completar la imagen de cómo preparaban a sus muertos.





