Natrón, canopos y animales momificados en el Museo de la Momificación

El Museo de la Momificación en Lúxor, situado en la Corniche del Nilo frente al río, es un singular museo temático inaugurado en 1997 para desentrañar los secretos del embalsamamiento en el Antiguo Egipto. Exhibe herramientas de momificación, vasos canopos y momias de cocodrilos, gatos y peces.

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Ubicación
Corniche del Nilo, norte del Templo de Lúxor
Temática central
La religión funeraria, el culto de Anubis y la química del embalsamamiento

El Museo de la Momificación es una de las visitas culturales más pedagógicas y singulares de Lúxor. Emplazado a escasos minutos a pie del Templo de Lúxor, este museo monográfico revela la sofisticación técnica y el trasfondo místico que guiaban a los sacerdotes embalsamadores en Egipto.

Acceso al Museo de la Momificación en el paseo marítimo de la orilla oriental del Nilo en Lúxor.
Menna.Hassan100 (CC BY-SA 4.0)

El instrumental y los secretos del embalsamamiento

A través de paneles explicativos y vitrinas, la exposición explica detalladamente las etapas del proceso de momificación, que se prolongaba durante setenta días.

Se exhiben herramientas de momificación y se explica cómo se usaban, como cuchillos para la incisión abdominal, ganchos para extraer el cerebro por las fosas nasales, espátulas para aplicar resinas y natrón, la sal desecante natural que permitía deshidratar el cuerpo sin alterar los tejidos.

Vasos canopos y momias de animales sagrados

La colección cuenta con vasos canopos custodiados por los cuatro hijos de Horus (encargados de proteger estómago, hígado, pulmones e intestinos), el ataúd de Padiamun y una galería de momias animales que encarnaban a los dioses: momias de gatos consagradas a Bastet, peces y cocodrilos del Nilo consagrados a Sobek.

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Por qué los egipcios momificaban a sus muertos

Para los antiguos egipcios la muerte no era un final, sino un tránsito hacia otra forma de existencia.

Creían que la persona estaba compuesta por varios elementos, entre ellos el ka, la fuerza vital, y el ba, que se asociaba con la personalidad y se representaba con forma de ave de cabeza humana. Para que esos componentes pudieran reunirse en el más allá, hacía falta conservar el cuerpo.

La momificación era, por tanto, una necesidad religiosa y no una simple curiosidad técnica.

El clima extremadamente seco del desierto ya preservaba de forma natural los cuerpos enterrados en la arena, y es probable que esa observación inspirara las técnicas posteriores.

Con el tiempo, los embalsamadores perfeccionaron un procedimiento complejo, acompañado de oraciones y rituales, en el que el dios Anubis, protector de los muertos, tenía un papel central. Entender estas creencias da sentido a cada objeto que se muestra en las vitrinas del museo.

Los pasos del embalsamamiento

El proceso comenzaba con la extracción de los órganos internos, que se trataban por separado y se guardaban en los vasos canopos.

El corazón, en cambio, solía dejarse en su sitio, porque se consideraba la sede de la inteligencia y de los sentimientos y debía ser pesado en el juicio del más allá.

A continuación el cuerpo se cubría con natrón para absorber la humedad, y después se limpiaba, se untaba con aceites y resinas y se envolvía con tiras de lino, a menudo con amuletos protectores entre las vendas.

No todas las momificaciones eran iguales. El historiador griego Heródoto describió varios niveles de embalsamamiento según lo que la familia podía pagar, desde los más elaborados hasta los más sencillos.

Esa diferencia explica por qué algunas momias conservan rasgos muy cuidados y otras muestran un trabajo más básico, y por qué los hallazgos arqueológicos no siempre coinciden con la imagen idealizada que tenemos de estos ritos.

Las momias de animales

Una parte llamativa de la colección corresponde a las momias de animales, que a veces sorprenden más que las humanas. Existían animales momificados que acompañaban a sus dueños, pero también ofrendas votivas que los fieles depositaban en los santuarios como regalo a una divinidad concreta.

Se criaban en grandes cantidades para ese fin, y su presencia en los templos muestra hasta qué punto la religión impregnaba la vida cotidiana. Mirarlas de cerca ayuda a entender esta faceta, menos conocida pero muy extendida.

Cómo aprovechar la visita

Se trata de un museo de dimensiones moderadas, pensado para recorrerse con calma y sin las multitudes de los grandes templos. Lo más provechoso es leer los paneles explicativos antes de mirar cada vitrina, porque así los objetos adquieren sentido.

Antes de ir, consulta en fuentes oficiales horarios y condiciones de entrada. Por su cercanía al río, puedes combinarlo con un paseo por la Corniche, el templo de Lúxor o el Museo de Lúxor, y dejar para otro día los grandes complejos como Karnak.