¿Por qué cantaba uno de los Colosos de Memnón?
Los Colosos de Memnón son dos monumentales estatuas gemelas de cuarcita de 18 metros de altura erigidas hacia el 1350 a.C. en la orilla occidental de Lúxor. Representan al faraón Amenofis III sentado y custodiaban la entrada de su templo conmemorativo funerario, en su día uno de los más extensos de Tebas. En época grecorromana se hicieron célebres porque una de ellas 'cantaba' al amanecer.
Por Daniel
- Ubicación
- Carretera hacia el Valle de los Reyes, orilla occidental de Lúxor
- Peso estimado
- Aproximadamente 720 toneladas cada monolito de cuarcita
Los Colosos de Memnón son el primer encuentro monumental que deslumbra al viajero al cruzar a la orilla occidental de Lúxor. Pese a haber sufrido terremotos e inundaciones durante tres milenios, estas dos moles de piedra arenisca siguen velando la llanura aluvial del Nilo en Egipto.

El guardián del templo perdido de Amenofis III
Aunque hoy se alzan en medio de campos de cultivo, los colosos custodiaban originalmente el primer pilono del Templo de Millones de Años de Amenofis III, un complejo sagrado que tenía dimensiones comparables a las de los grandes templos de Karnak.
Desafortunadamente, construido demasiado próximo al cauce del río, las sucesivas crecidas del Nilo y los terremotos destruyeron la mayor parte del templo, cuyos bloques fueron reutilizados por faraones posteriores.
El misterio del coloso que cantaba al amanecer
Tras el seísmo del 27 a.C., la estatua septentrional se fracturó por el torso.
A partir de entonces, al salir el sol, el cambio brusco de temperatura y la evaporación del rocío atrapado en las fisuras de la piedra porosa producían una extraña vibración sonora similar al tañido de una cuerda rota.
Los viajeros griegos y romanos asociaron este lamento al héroe homérico Memnón saludando a su madre Eos (la Aurora). El fenómeno atrajo a emperadores ilustres como Adriano y Septimio Severo, quien ordenó reparar la estatua hacia el año 199 d.C., acallando el canto místico para siempre.
Nueva zona arqueológica: Detrás de los colosos, el proyecto arqueológico 'Colossi of Memnon and Amenhotep III Temple Conservation Project' ha desenterrado y reerigido varias estatuas monumentales adicionales de cuarcita y otras piedras que merecen un paseo detenido.
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Amenofis III y la edad de oro de su reinado
El faraón al que representan los colosos gobernó Egipto durante casi cuatro décadas, en una etapa recordada por la prosperidad, la estabilidad y la intensa actividad constructora. Fue un periodo de diplomacia más que de guerra, con abundante correspondencia con otras cortes del mundo antiguo, y de gran refinamiento artístico.
Buena parte de los edificios y estatuas que hoy admiras en Lúxor llevan su nombre, y su reinado se considera uno de los momentos de mayor esplendor de la civilización egipcia.
A su lado aparece con frecuencia la reina Tiy, su gran esposa real, que tuvo un papel muy visible en la vida pública. Su hijo y sucesor, Amenhotep IV, pasaría a la historia con el nombre de Akenatón, al impulsar una profunda transformación religiosa.
Conocer este contexto ayuda a mirar los colosos con otros ojos: no son solo dos gigantes de piedra, sino los vestigios de un reinado que marcó el rumbo de toda una época.
Qué mirar en las estatuas
Fíjate primero en la postura, pues ambas figuras están sentadas sobre un trono, con las manos apoyadas en las rodillas y la mirada puesta al este, hacia el río y el sol naciente.
Los rostros han perdido buena parte de sus rasgos por la erosión y por los daños de los siglos, pero la impresión de majestuosidad se mantiene.
Las piernas y los costados del trono conservan restos de relieves, y de cerca se aprecia el trabajo de unos escultores que supieron dar elegancia a una escala monumental.
Las inscripciones de los viajeros antiguos
Los pies y las piernas de las estatuas, sobre todo los del coloso septentrional, están cubiertos de inscripciones en griego y en latín. Son grafitis dejados por visitantes de época grecorromana que acudían a escuchar el famoso sonido y querían dejar constancia de su paso.
Algunos firman con su nombre, otros añaden unos versos o expresan su asombro. Leídos hoy, son un testimonio sorprendente de que el turismo en Egipto ya existía hace casi dos mil años.
Cómo encajar la visita en tu jornada
Los colosos se encuentran junto a la carretera, de modo que es fácil detenerse al ir o volver de otros puntos de la orilla occidental.
Lo habitual es combinarlos con el Valle de los Reyes, el templo de Hatshepsut y el cercano templo de Medinet Habu, que conserva relieves muy bien preservados.
La luz de primera hora suaviza el color de la piedra y reduce el calor, y el entorno de campos de cultivo ofrece un marco muy distinto del de los grandes recintos de piedra.





