Yemrehanna Krestos se esconde en una cueva cerca de Lalibela

Situado a unos cuarenta kilómetros al noreste de Lalibela en el interior de una colosal cueva de basalto, Yemrehanna Krestos es un monasterio edificado anterior a las iglesias monolíticas. Construido con capas alternas de piedra y madera en estilo axumita, conserva paneles de madera tallada.

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Sacerdote ortodoxo junto a la fachada de madera y yeso de la iglesia rupestre Yemrehanna Krestos.
sameffron (CC BY-SA 2.0)
Ubicación
A unos 40 km de Lalibela (aprox. 1,5 horas en vehículo todoterreno)
Fecha de construcción
Siglo XI o XII (reinado de Yemrehanna Krestos)
Emplazamiento
Dentro de una gran cueva natural que protege la estructura de la lluvia
Materiales
Piedra y madera, con muros recubiertos de yeso
Osario histórico
Restos momificados de miles de peregrinos en el fondo de la cueva

Precursora de las maravillas de Lalibela

Yemrehanna Krestos ('Cristo nos guía'), sacerdote y rey de la dinastía Zagüe, erigió esta iglesia antes de que Lalibela tallara sus complejos en la roca viva. Al estar protegida dentro de una bóveda cavernosa natural, su madera policromada y paneles de yeso se conservan en muy buen estado.

Artesanía en madera y techos Casetonados

El interior del templo deslumbra por sus techos de madera con paneles tallados y muros recubiertos de yeso y pinturas que decoran pilares, muros y techo.

El enigmático osario de los peregrinos

En la parte posterior de la caverna, detrás del edificio eclesiástico, se acumulan los restos de numerosos peregrinos cristianos que, según la tradición, llegaron desde tierras lejanas para morir y ser sepultados en suelo sagrado etíope.

Un edificio de estilo axumita

La iglesia sigue una tradición constructiva más antigua que la propia dinastía Zagüe, la que se conoce como estilo axumita, heredada del antiguo reino de Axum. Los muros se levantan alternando hiladas de piedra y de madera, de modo que los troncos asoman en la fachada como costillas horizontales.

Esa técnica daba flexibilidad al conjunto y era habitual en la arquitectura religiosa del norte de Etiopía.

Fíjate en el contraste entre la piedra clara y las vigas oscuras, una de las imágenes más reconocibles del lugar, y que explica por qué muchos estudiosos lo consideran un eslabón entre Axum y las iglesias talladas de Lalibela.

Dentro, el edificio responde al modelo de basílica, con naves separadas por arcos y un espacio reservado al santuario, que en la tradición ortodoxa etíope sólo pueden pisar los sacerdotes.

Conviene recordar que se trata de un templo vivo para la comunidad cristiana, no de un museo: los cantos, el incienso y las ceremonias forman parte de su vida diaria.

Pregunta con respeto antes de fotografiar el interior y sigue las indicaciones de los sacerdotes o de los guardianes, que suelen explicar el significado de cada rincón a quien muestra interés.

La cueva y su entorno

La caverna se abre en una ladera del valle y su boca funciona como una gran visera natural. La iglesia se levanta casi pegada al fondo, de modo que la lluvia no llega a ella y la luz entra suave y lateral, lo que favorece la conservación de la madera.

En la temporada de lluvias, que en esta parte de Etiopía se concentra hacia mitad de año, el paisaje se vuelve muy verde y el camino puede complicarse, mientras que en la estación seca el terreno es más firme. Consulta el estado de la ruta con tu alojamiento antes de salir.

Más allá del templo, el suelo de la cueva guarda una de las imágenes más impactantes del viaje: los restos de numerosos peregrinos que, según la tradición, llegaron desde tierras lejanas con la esperanza de morir cerca de un lugar santo.

Los huesos se apilan al fondo de la cavidad y se tratan con el respeto debido a unos difuntos. Guarda silencio, evita tocar nada y no te acerques con curiosidad morbosa: es un cementerio, aunque no lo parezca a primera vista.

Cómo combinar la visita

Como el lugar queda a una distancia considerable de Lalibela, lo habitual es dedicarle una excursión de medio día o de día completo, según el ritmo del grupo.

Contratar un vehículo con conductor que conozca la ruta ahorra problemas, y es buena idea llevar agua y algo de comida, porque en el trayecto la oferta es escasa. Sal temprano para no regresar de noche por carreteras poco iluminadas.

Las iglesias talladas de Lalibela y este monasterio se complementan muy bien. Si ves primero las iglesias monolíticas y después este edificio, apreciarás la diferencia entre construir con piedra y madera y excavar la roca desde arriba hacia abajo.

Si te quedan más días, pregunta por otros monasterios rupestres de los alrededores, como Asheten Maryam, que exigen una caminata más exigente pero ofrecen amplias vistas sobre las montañas.

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