De Lalibela a 3.100 metros, la subida al monasterio de Asheten Maryam
Encaramado a más de tres mil cien metros de altitud en un risco escarpado del monte Abuna Yosef, el Monasterio de Asheten Maryam domina una vista de pájaro sobre el valle de Lalibela. Atribuido por la tradición al rey Nakuto La'ab, conserva cruces y manuscritos litúrgicos.
Por Daniel
Encaramado a más de tres mil cien metros de altitud en un risco escarpado del monte Abuna Yosef, el Monasterio de Asheten Maryam domina una vista de pájaro sobre el valle de Lalibela.
Atribuido por la tradición al rey Nakuto La'ab, conserva cruces y manuscritos litúrgicos.

- Altitud
- Aprox. 3.150 metros sobre el nivel del mar
- Acceso
- Excursión a pie desde Lalibela, con tramos que a veces se hacen a lomos de mula
- Fundación
- Atribuida por la tradición al rey Nakuto La'ab, sucesor de Lalibela
- Templo
- Semimonolítico excavado en una cornisa de roca con mirador vertiginoso
- Tesoro sacro
- Cruces procesionales y evangelios manuscritos en ge'ez
Ascenso escénico entre cumbres y aldeas tradicionales
El sendero que asciende desde Lalibela serpentea por laderas escarpadas habitadas por campesinos amharas que aran con bueyes y siegan cebada a mano. A medida que se gana altura, se divisan manadas de pájaros de alta montaña y panorámicas de trescientos sesenta grados sobre los valles de Lasta.
El santuario excavado en la cornisa del abismo
La iglesia fue tallada en una pequeña terraza de roca al borde de una gran caída vertical. Su interior austero conserva un ambiente de retiro monástico auténtico, donde la humedad de la piedra se mezcla con el humo de incienso quemado durante oraciones de madrugada.
Tesoros litúrgicos que salen a la luz
A cambio de una donación voluntaria, los monjes ancianos abren arcones centenarios para mostrar al viajero las cruces, los incensarios y los manuscritos bíblicos que han sobrevivido a siglos de guerras e invasiones.
Una excursión de montaña con sentido espiritual
Visitar Asheten Maryam es distinto a recorrer las iglesias excavadas del centro de Lalibela. Aquí el protagonista es el camino: una subida por la montaña que combina paisaje, esfuerzo y la sensación de ir alejándote del bullicio de la ciudad.
Muchos viajeros la eligen como contrapunto a los días de monumentos, porque permite descubrir la zona rural de Lasta, con sus campos en terrazas, sus pequeñas aldeas y sus vistas abiertas hacia el valle.
No es una caminata para tomarse a la ligera. La altitud, los desniveles y la exposición al sol exigen cierta preparación, y conviene empezar temprano para evitar el calor del mediodía.
Si no estás acostumbrado a caminar en altura, aclimátate antes durante un par de días y adapta el ritmo a tu capacidad: lo importante es llegar a gusto, no llegar el primero.
Preparar bien la subida
Lleva calzado de montaña con buen agarre, agua en cantidad suficiente, algo de comida ligera, protección solar y una prenda de abrigo, porque arriba el aire es más fresco. Un bastón puede resultar útil en los tramos de piedra suelta.
Es recomendable ir con un guía local, tanto por la orientación como por la posibilidad de conocer las historias del lugar y facilitar la comunicación con los monjes.
Infórmate antes de salir sobre el estado de los caminos y sobre las condiciones meteorológicas, sobre todo en la temporada de lluvias, cuando los senderos pueden volverse resbaladizos.
Si prefieres no hacer todo el trayecto a pie, pregunta en tu alojamiento por alternativas para una parte del recorrido, y recuerda que cualquier opción debe tener en cuenta el bienestar de los animales que se usen.
El entorno y el paisaje
Durante el ascenso verás cómo cambia la vegetación y cómo el paisaje se abre poco a poco. Los campos cultivados dejan paso a laderas más abruptas, y desde algunos puntos se distingue la silueta de la ciudad allá abajo.
Haz paradas para respirar, mirar a tu alrededor y fotografiar con calma, porque las mejores vistas suelen aparecer cuando menos lo esperas.
Es un buen sitio para observar la vida rural etíope: agricultores que trabajan la tierra, niños que van a la escuela por caminos de montaña y pequeños rebaños que cruzan el sendero.
Saluda con amabilidad, pide permiso para fotografiar y recuerda que estás pasando por el entorno cotidiano de otras personas.
Respeto en un lugar de vida monástica
Al llegar, recuerda que estás en un lugar donde viven y rezan religiosos. Viste con discreción, habla en voz baja, descálzate cuando te lo indiquen y sigue las normas sobre fotografía. Si se te permite ver objetos o espacios del monasterio, hazlo con cuidado y sin tocar nada sin autorización.
Una pequeña donación voluntaria, si te parece adecuado, es una manera habitual de agradecer la atención recibida.
Evita los comentarios sobre el valor de lo que veas, y no des por hecho que podrás acceder a todo: algunos espacios pueden estar restringidos y la disponibilidad depende de quién esté presente ese día.
Tómalo con paciencia, y disfruta de la tranquilidad que ofrece este lugar elevado, que es parte de su atractivo.
Qué ver cerca
De vuelta en Lalibela, puedes completar la jornada con las iglesias excavadas del centro, que cobrarán aún más sentido después de haber visto el paisaje desde arriba.
Otras excursiones por la región incluyen monasterios en cuevas y miradores sobre los valles, que se pueden combinar según los días de los que dispongas.





