Baja al mercado de los sábados de Lalibela con los campesinos de Lasta

Celebrado cada sábado en Lalibela, el Mercado Semanal de Lalibela es uno de los acontecimientos sociales más vivos de la región de Lasta. Campesinos de la comarca bajan de las montañas, muchos a pie con sus burros, para intercambiar cereales, ganado y otros productos.

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Perspectiva de la iglesia monolítica de San Jorge desde el foso excavado en roca volcánica de Lalibela.
A. Davey from Where I Live Now: Pacific Northwest (CC BY 2.0)
Ubicación
Lalibela, cada sábado
Productos clave
Cereales, ganado, miel y chales de algodón (shamma)
Artesanía sacra
Cruces de Lalibela talladas en madera o forjadas en metal
Atmósfera
Totalmente tradicional, no orientada exclusivamente al turismo

El gran desfile campesino de los sábados

Desde la madrugada, los caminos de montaña se llenan de hileras de agricultores envueltos en gruesos mantos de lana y algodón que caminan largas distancias arreando bueyes, ovejas de cola grasa y mulas cargadas de sacos de trigo y sorgo para abastecer a la villa.

La miel y los productos del campo

Lalibela y su comarca tienen tradición apícola, con miel recogida en colmenas tradicionales, por lo que conviene preguntar por su origen antes de comprarla.

El callejón de los artesanos de cruces

En las inmediaciones de la zona de granos se ubican los herreros y talladores de Lalibela, quienes forjan con técnicas ancestrales reproducciones de las cruces procesionales de San Jorge y del rey Lalibela en madera y metal, ofreciendo recuerdos con profundo valor etnográfico.

Un mercado que mueve a toda la comarca

Los mercados semanales son el corazón económico y social de buena parte de la Etiopía rural, y el de Lalibela no es una excepción.

Durante esa jornada, la ciudad cambia de ritmo: llegan vendedores y compradores de aldeas lejanas, se cierran tratos entre vecinos y se ponen al día familias que apenas se ven el resto de la semana.

Para el viajero, es una oportunidad de ver algo distinto a los monumentos, y de observar la vida cotidiana de la región tal como es.

El ambiente es animado, con mucho movimiento de personas y animales de carga, y conviene entrar con ganas de observar más que de comprar. No hay prisa: recorre las zonas por secciones, detente donde algo te llame la atención y deja que el propio flujo de gente te guíe.

Es una experiencia sensorial intensa, con olores de especias, voces que regatean y colores por todas partes.

Cómo moverte por el mercado

Los puestos se agrupan por tipo de producto: granos y legumbres en un sector, ganado en otro, tejidos y utensilios en otro. Si te orientas por esas áreas, será más fácil encontrar lo que buscas y evitar dar vueltas sin rumbo.

Un guía local o un conocido del alojamiento puede acompañarte y traducir, y eso marca una gran diferencia a la hora de entender lo que se vende y cómo se negocia.

Pide siempre permiso antes de fotografiar a las personas, y respeta a quien no quiera ser retratado. Es habitual que algunos vendedores se acerquen con curiosidad, y una sonrisa y unas palabras de saludo en amhárico abren muchas puertas.

Mantén tus pertenencias a la vista, como harías en cualquier lugar concurrido, y evita llevar encima más de lo necesario.

Qué buscar y cómo comprar con criterio

Entre lo más interesante están los productos del campo, los tejidos de algodón y las piezas de artesanía vinculadas a la tradición religiosa y doméstica de la zona.

Si piensas llevarte algo, pregunta por su origen y por la técnica con que está hecho, y compara entre varios puestos antes de decidir. Regatear es parte del juego, pero hazlo con buen humor y sin presionar a quien depende de esa venta para vivir.

Ten en cuenta que no todo lo que se ofrece está pensado para viajar, y que algunos objetos antiguos o religiosos pueden estar sujetos a restricciones de exportación. Ante la duda, lo más prudente es comprar piezas contemporáneas de claro origen artesanal.

Cargar con algo frágil por varios días de ruta también conviene pensarlo antes de decidirse.

Consejos para disfrutarlo

Ve con tiempo, ropa cómoda y calzado cerrado, porque el suelo puede ser polvoriento, irregular o embarrado según la época del año. Lleva agua, protección solar y un sombrero. Las primeras horas suelen ser las más interesantes por la actividad, aunque también las más concurridas.

Comprueba con tu alojamiento el día y el funcionamiento habitual del mercado antes de ir, porque estas costumbres pueden variar.

Combina esta visita con un paseo por la zona, y no la dejes para el último momento del viaje si quieres comprar recuerdos con calma.

Al final, lo más valioso que te llevarás probablemente no sea un objeto, sino la imagen de una ciudad en la que, un día a la semana, el campo y el pueblo se encuentran.

Qué ver cerca

Tras recorrer el mercado, puedes acercarte a las iglesias excavadas del centro, que se encuentran a poca distancia, y ver cómo cambia el escenario del bullicio comercial al silencio de los patios de piedra.

En los alrededores hay también aldeas y miradores a los que se llega en excursiones cortas desde la ciudad.

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