Una cruz griega excavada doce metros bajo tierra: Bete Giyorgis
Considerada la obra cumbre y el icono universal de Lalibela, Bete Giyorgis (Iglesia de San Jorge) fue una de las últimas de las once iglesias del conjunto en tallarse, entre finales del siglo XII y principios del XIII. Excavada en un foso profundo, su tejado plano reproduce una colosal cruz griega de tres niveles concéntricos.
Por Daniel
Considerada la obra cumbre y el icono universal de Lalibela, Bete Giyorgis (Iglesia de San Jorge) fue una de las últimas de las once iglesias del conjunto en tallarse, entre finales del siglo XII y principios del XIII.
Excavada en un foso profundo, su tejado plano reproduce una colosal cruz griega de tres niveles concéntricos.

- Ubicación
- Grupo occidental, aislado de los otros dos grupos de iglesias
- Período constructivo
- Finales del siglo XII y principios del siglo XIII (Reino de Roha)
- Tipo arquitectónico
- Monolítico exento (tallada íntegramente de un único bloque de toba volcánica)
- Dimensiones
- Planta en forma de cruz griega, excavada en un foso profundo
- Patrimonio de la Humanidad
- Inscrita por la UNESCO en 1978 entre los primeros sitios del mundo
La leyenda fundacional de San Jorge y el rey Lalibela
La tradición monástica relata que tras finalizar la construcción de diez iglesias, San Jorge se apareció en su corcel blanco al rey Gebre Mesqel Lalibela reclamando que no se le había dedicado ningún templo.
Según la leyenda, el monarca ordenó tallar enseguida este templo cruciforme, y los fieles aseguran ver aún en la roca las huellas del caballo de San Jorge.
Ingeniería subterránea y desagües milenarios
El templo fue esculpido de arriba hacia abajo sin argamasa ni sillares añadidos.
Los canteros medievales vaciaron primero una profunda trinchera perimetral para aislar el bloque central y posteriormente perforaron puertas, ventanas con arcos ojivales y bóvedas interiores, dotando a la base de un ingenioso sistema de canalización que evacua las torrenciales lluvias estivales.
El Arca sagrada de Bete Giyorgis
El sanctasanctórum (Meqdas) custodia una réplica del Tabot sagrado consagrada a San Jorge y vedada a la vista de los visitantes, pues solo los sacerdotes pueden verla tras la cortina.
La imagen más famosa de Lalibela
Si has visto alguna fotografía de Lalibela, lo más probable es que fuera de esta iglesia. Su planta en forma de cruz, visible desde arriba, se ha convertido en símbolo del conjunto y de toda Etiopía.
Lo curioso es que, al llegar, no ves el edificio hasta que estás casi encima: se oculta en un foso, y es al asomarte al borde cuando aparece, de golpe, la cruz de piedra completa a tus pies.
Esa primera impresión merece un momento de pausa. Rodea el foso, mira desde distintos ángulos y observa cómo cambia la luz sobre la roca según la hora. Después baja por la rampa hasta el nivel del patio, donde la escala del edificio se aprecia de otra manera. Muchos visitantes lo recuerdan como el momento más emocionante de su paso por Lalibela.
Qué observar al descender
Una vez abajo, fíjate en los detalles de la fachada: los marcos de las ventanas, las molduras y los motivos decorativos están labrados con una regularidad notable.
Los muros exteriores muestran todavía las marcas del trabajo de los canteros, y el contraste entre la roca natural del foso y las superficies pulidas del edificio ayuda a imaginar el proceso de excavación.
Las paredes del foso presentan oquedades y cuevas que, según la tradición local, sirvieron de enterramiento a peregrinos y monjes. Se ven aberturas en la roca donde, con cierta suerte, también se aprecian restos de cerramientos antiguos.
Pregunta a tu guía y no te alejes de las zonas indicadas, porque algunos tramos pueden ser resbaladizos.
Cuidado, conservación y entorno
La piedra volcánica con la que se talló el templo es relativamente blanda y sensible al agua, por lo que la conservación es un reto constante.
Las cubiertas protectoras instaladas en algunos puntos del conjunto han generado debate entre especialistas, y es posible que encuentres andamiajes o estructuras temporales que alteren la imagen clásica. Tómalo como parte de la realidad de un monumento vivo que necesita cuidados permanentes.
Alrededor del foso hay terreno despejado con vistas a la ciudad. Es un buen lugar para sentarse un rato, ver pasar a los peregrinos y hacerse una idea de cómo se organiza el entorno.
Respeta las zonas acordonadas y no te acerques al borde si hay mucha gente: el suelo es de roca y los desniveles son abruptos.
Consejos para la visita
Por su aislamiento respecto a los otros grupos, esta iglesia suele visitarse en un tramo propio de la jornada. Ir a primera hora o hacia el final de la tarde permite ver el templo con menos gente y con una luz más agradecida para la fotografía.
Lleva calzado con buena suela para la rampa, y algo con lo que cubrirte si el sol aprieta, ya que el patio ofrece poca sombra.
Como en todas las iglesias activas, se pide vestimenta respetuosa y descalzarse para entrar. Antes de acceder al interior, comprueba qué espacios están abiertos, porque algunos pueden estar cerrados durante ciertas celebraciones. Dedícale tiempo: un recorrido apresurado no hace justicia a un monumento que se disfruta mejor con calma.
Qué ver cerca
Desde aquí puedes volver caminando hacia el centro de Lalibela y enlazar con los grupos septentrional y oriental, que concentran el resto de las iglesias excavadas.
Por la tarde, los miradores de los alrededores permiten contemplar el valle con luz cálida, y en un día más, los monasterios de montaña ofrecen una excursión distinta.





