¿Fue palacio o templo Bete Gabriel-Rufael, tras su foso en Lalibela?

Flanqueando el acceso al Grupo Sureste de Lalibela sobre un foso excavado de gran profundidad, Bete Gabriel-Rufael presenta un volumen macizo y una fachada que recuerda más a una fortaleza o palacio real que a un templo convencional; algunos estudiosos creen que pudo ser un palacio fortificado.

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Imponente fachada fortificada y puente de acceso sobre el foso de Bete Gabriel-Rufael en Lalibela.
Sailko (CC BY 3.0)
Ubicación
Entrada principal al Grupo Sureste de iglesias de Lalibela
Hipótesis histórica
Posible palacio fortificado de la realeza, transformado después en iglesia
Acceso singular
Pasarela peatonal sobre un foso profundo, por la que se entra desde arriba
Estructura doble
Dos santuarios dedicados a los arcángeles Gabriel y Rafael
Patio defensivo
Profundo patio excavado en la roca, entre trincheras y túneles

El enigma del palacio real

Por su planta irregular y su orientación atípica, diversos arqueólogos sostienen que Bete Gabriel-Rufael fue originalmente un palacio fortificado de la realeza axumita, quizá ya en el siglo VII, antes de ser consagrado como iglesia.

La pasarela sobre el foso

Para acceder al santuario, el visitante debe cruzar una pasarela de roca que salva el foso: un paso angosto sobre el vacío que exige ir despacio.

Trincheras y gestión del agua

En el conjunto se talló una red de canales y desagües para el agua de lluvia, una gestión del agua que todavía se aprecia en los patios.

Un acceso de aspecto defensivo

Lo primero que sorprende de Bete Gabriel-Rufael es que no se parece a una iglesia al uso. Su volumen macizo, la fachada elevada y la manera en que se adelanta sobre el patio hacen pensar en una pequeña fortaleza.

Está dedicada a los arcángeles Gabriel y Rafael, y forma parte del grupo oriental de Lalibela, al que muchos visitantes llegan precisamente por este lado. Antes de cruzar nada, párate un momento en el borde del foso y observa cómo el edificio parece defenderse del resto del conjunto.

La roca circundante fue vaciada hasta dejar un espacio estrecho y profundo entre el templo y la pared del patio. Para entrar hay que atravesar un paso muy angosto que salva ese vacío, y la sensación de altura es real, sobre todo si no te llevas bien con los precipicios.

Avanza despacio, evita las prisas y deja que pasen primero quienes vengan en sentido contrario, porque el espacio no admite cruces cómodos.

El debate sobre su origen

Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre el uso original del edificio. Algunos defienden que tuvo una función civil antes de consagrarse, y otros piensan que siempre fue un templo con un diseño particular.

La falta de documentación escrita de la época deja la cuestión abierta, y por eso conviene tomar con cautela las explicaciones demasiado categóricas que a veces se oyen en las visitas guiadas.

Lo que sí se aprecia a simple vista es que el diseño se aparta de otras iglesias vecinas: la entrada, la disposición interior y el tratamiento de la fachada son diferentes, y eso da al templo una personalidad propia dentro del grupo.

Es un buen ejemplo de cómo los canteros de Lalibela no repetían un modelo, sino que ensayaban soluciones distintas en cada edificio.

Cómo se talló una iglesia en la roca

El método era siempre el mismo y exigía una planificación enorme. Primero se aislaba un gran bloque de roca excavando una zanja a su alrededor, y después se vaciaba el interior desde arriba, dejando muros, columnas y techos como parte de la misma masa.

Todo se hacía con herramientas manuales, y los errores no tenían remedio. Al pasear por los patios, fíjate en las marcas de cincel y en las huellas del trabajo que todavía se conservan en algunas superficies.

Otro aspecto notable es la gestión del agua. En una zona de lluvias intensas durante parte del año, los constructores tuvieron que prever canales y desagües para que los patios no se inundaran y las paredes no se deterioraran.

Parte de esa ingeniería sigue funcionando, y es una de las razones por las que el conjunto ha llegado hasta hoy en un estado tan notable.

Consejos para recorrerla

Esta zona del conjunto tiene escalones irregulares, pasos estrechos y tramos en penumbra, así que lleva una pequeña linterna o usa la del teléfono. Quítate el calzado cuando te lo pidan y respeta las zonas donde no se permite fotografiar.

Un guía local puede explicarte la relación entre este templo y sus vecinos, algo que cuesta deducir por tu cuenta si es tu primera vez en Lalibela.

Si viajas con niños o con personas de movilidad reducida, valora qué tramos son factibles antes de empezar, porque algunos accesos obligan a agacharse o a subir peldaños altos. Y como siempre en Lalibela, hidrátate bien y aprovecha las pausas a la sombra, ya que la altitud acentúa el cansancio.

Qué ver cerca

Desde aquí puedes continuar por el grupo oriental, donde varias iglesias se enlazan mediante túneles y zanjas. Más tarde, el grupo septentrional reúne otros templos de gran tamaño, y la iglesia de San Jorge, de planta en cruz, suele dejarse para el final de la jornada.

Si dispones de más días, los monasterios de montaña de los alrededores ofrecen excursiones con vistas amplias sobre el paisaje de Lasta.

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