Callejuelas encaladas y jazmín dentro de la medina de Hammamet
Asomada a las aguas turquesas del golfo de Hammamet sobre un promontorio rocoso bañado por la arena dorada, la Medina fortificada y la Kasbah constituyen el núcleo histórico más pintoresco de la ciudad. Protegida por murallas almenadas, alberga un laberinto de callejuelas encaladas perfumadas con jazmín y naranjos.
Por Daniel
Asomada a las aguas turquesas del golfo de Hammamet sobre un promontorio rocoso bañado por la arena dorada, la Medina fortificada y la Kasbah constituyen el núcleo histórico más pintoresco de la ciudad.
Protegida por murallas almenadas, alberga un laberinto de callejuelas encaladas perfumadas con jazmín y naranjos.

- Ubicación
- Extremo sur de la bahía de Hammamet, frente a la playa de los pescadores
- Café emblemático
- Café Sidi Bouhdid, terraza mítica sobre las olas al pie de las murallas
- Flor tradicional
- Collares de botones de jazmín (machmoum) ofrecidos por artesanos locales
Murallas almenadas frente al mar Mediterráneo
Restauradas en distintas épocas, las murallas de sillería dorada de Hammamet cierran la medina por el mar y la tierra.
Subir al adarve de la Kasbah permite contemplar una panorámica magnífica de las barcas de pesca de colores amarradas en la orilla.
Callejones silenciosos y patios con buganvillas
A diferencia de las medinas multitudinarias de Túnez o Susa, el casco viejo de Hammamet ofrece una atmósfera sosegada y casi monástica.
Sus calles estrechas y limpias están flanqueadas por viviendas tradicionales encaladas con puertas arqueadas pintadas de amarillo y azul cielo, adornadas con enredaderas de buganvilla.
El encanto bohemio del café Sidi Bouhdid
Junto al baluarte marítimo y la tumba del santo Sidi Bouhdid se encuentra el café más legendario de la ciudad.
Sus mesas bajas de madera dispuestas directamente sobre las rocas de la orilla invitan a saborear un té con piñones o fumar narguile escuchando el rumor de las olas al atardecer.
El nombre y el pasado de Hammamet
Hammamet es una ciudad de nombre sonoro y de origen discutido. Se suele relacionar con la palabra árabe que designa los baños, aunque como ocurre con muchos topónimos antiguos, las explicaciones varían.
Lo que sí es seguro es que la costa del golfo estuvo habitada desde época romana, y que cerca se encuentra el yacimiento de Pupput, testimonio de un asentamiento anterior a la ciudad actual.
La medina que ves hoy es mucho más reciente que esas ruinas, pero conserva la esencia de una pequeña ciudad costera fortificada. Su kasbah, situada en un extremo, servía para vigilar el mar y proteger a los habitantes.
Con el tiempo, la fortificación perdió su función militar y pasó a ser el elemento más reconocible de la silueta de Hammamet.
La visita a la kasbah
Entrar en la kasbah es sencillo y rápido, y merece la pena. Tras cruzar la puerta, hay patios, torres y escaleras estrechas que conducen a la parte alta de los muros.
Desde allí tienes una vista excelente de la bahía, de los tejados blancos de la medina y de las barcas de la orilla. Es el punto ideal para orientarte y entender cómo se organiza el casco antiguo.
Si te interesa la historia, observa el grosor de los muros y la manera en que se adaptan a la línea de la costa. Son una buena muestra de arquitectura defensiva mediterránea, pensada para resistir ataques desde el mar.
Cuando estés arriba, tómate un rato para mirar hacia ambos lados: de un lado queda la ciudad vieja, y del otro, el mar abierto y la franja de playa.
Por qué atrajo a artistas
A comienzos del siglo XX, Hammamet empezó a atraer a pintores y escritores europeos. El pintor Paul Klee estuvo en Túnez en 1914 y su viaje, en el que pasó por Hammamet, influyó mucho en su manera de usar el color.
El escritor André Gide también conoció la zona. Era un lugar luminoso, tranquilo, lo que lo hacía perfecto para crear.
Ese aire de refugio sigue notándose en las callejuelas del casco antiguo, mucho más pausadas que en otras medinas. Aquí los comercios suelen ofrecer cuero, cerámica, esponjas, textiles y esencias, y el aroma del jazmín, flor muy asociada a Túnez, aparece de manera constante. Pasea sin objetivo y deja que las puertas pintadas y los patios te sorprendan.
Consejos y planes cercanos
Lo mejor es llegar cuando el sol ya no es tan fuerte y recorrer la medina sin prisa. Ten en cuenta que el suelo puede ser irregular y que las calles son estrechas, así que viaja ligero.
Mantén la cámara a mano, pero respeta la intimidad de los vecinos y pide permiso antes de fotografiar a las personas o la entrada de sus casas.
Al salir, puedes seguir por el paseo hacia la playa o acercarte a la villa cultural, que queda a unos pocos kilómetros. Con más tiempo, Nabeul es una excursión muy recomendable.
Si quieres entrar en algún espacio concreto, consulta antes los horarios y las condiciones de acceso en la web oficial.





