Puentes de piedra y baños árabes a lo largo de la Carrera del Darro

La Carrera del Darro, considerada uno de los paseos más bellos de España, discurre junto al río Darro entre puentes de piedra de época cristiana y edificios andalusíes y renacentistas. Alberga El Bañuelo, unos baños árabes de época zirí, tradicionalmente fechados en el siglo XI, entre los mejor conservados de la península. El acceso a la calle es libre y gratuito.

Por

Ubicación
Desde la Plaza Nueva, junto al río Darro, Granada
Puentes históricos
Puente de Cabrera y de Espinosa, de época cristiana
El Bañuelo
Baños árabes del siglo XI, época zirí
Acceso
Libre y gratuito en todo momento

La Carrera del Darro acompaña el curso del río Darro a los pies de la Alhambra en Granada.

La Carrera del Darro junto al río Darro en Granada, con la Alhambra al fondo.
Harvey Barrison from Massapequa, NY, USA (CC BY-SA 2.0)

Puentes de piedra y vistas a la Alhambra

Esta estrecha calle adoquinada recorre la margen derecha del río desde la Plaza Nueva, salvando el cauce mediante pintorescos puentes de ladrillo y cantería, entre ellos el Puente de Cabrera y el Puente de Espinosa, ambos de época cristiana y de los pocos puentes del Darro que han llegado hasta hoy.

Al final del recorrido pueden verse también los restos del Puente del Cadí, del siglo XI, uno de los vestigios urbanos más antiguos de la Granada musulmana.

El Bañuelo, uno de los baños árabes mejor conservados de la península

A lo largo de la calle se encuentra El Bañuelo, un hamman o baño árabe de época zirí fechado tradicionalmente en el siglo XI, probablemente durante el reinado del rey taifa Badis, varios siglos anterior a la propia Alhambra.

Es uno de los baños árabes mejor conservados de la península, y uno de los testimonios más valiosos de la Granada anterior a la dinastía nazarí. El paseo se completa con numerosos edificios de los siglos XVI y XVII y restos de casas árabes de época nazarí.

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Un río que la ciudad cubrió en parte

El Darro nace en la sierra y atraviesa Granada entre las colinas de la Alhambra y el Albaicín. Durante siglos fue una pieza fundamental del paisaje urbano: movía molinos, abastecía a los palacios y marcaba el límite natural entre la ciudad alta y la baja.

Según una tradición muy repetida en Granada, sus arenas contenían partículas de oro, y esa fama dio lugar a leyendas y a más de un refrán que todavía se escucha por la ciudad.

En el siglo XIX el río fue canalizado y cubierto en su tramo más céntrico, bajo las plazas y calles principales, y por eso hoy el cauce solo se ve libre en esta zona alta.

Ese detalle explica por qué la Carrera parece un rincón aislado en el tiempo: es uno de los pocos lugares donde puedes seguir el agua a cielo abierto, con el rumor constante de la corriente entre piedras y vegetación.

Edificios y rincones del paseo

A lo largo del recorrido se suceden casas señoriales, conventos y fachadas con balcones de hierro. Entre los edificios más llamativos está la Casa de Castril, un palacete renacentista con una portada muy trabajada, que alberga el museo arqueológico de la ciudad.

Cerca se encuentra la iglesia de Santa Ana, con una torre de ladrillo que recuerda a los alminares mudéjares, un ejemplo claro de cómo se mezclaron los estilos tras la conquista castellana.

Más adelante, el paseo se abre en una zona llamada Paseo de los Tristes, desde donde la vista de la Alhambra, con sus torres sobre la ladera, resulta especialmente espectacular.

Se cuenta que el nombre procede de las procesiones fúnebres que pasaban por aquí camino del cementerio, aunque hoy es un lugar animado, con terrazas y gente charlando bajo los árboles.

La Alhambra vista desde abajo

Una de las gracias de este paseo es que permite mirar hacia arriba y observar las murallas y torres de la Alhambra desde un ángulo poco habitual.

Desde el fondo del valle se aprecia la altura real del cerro y la lógica defensiva del conjunto, con sus lienzos de muralla trepando por la pendiente. Es un buen momento para comprender por qué los gobernantes nazaríes eligieron este emplazamiento.

Consejos para disfrutar del paseo

La calle es estrecha y los coches pasan con cuidado, así que presta atención al caminar por los tramos sin acera. El suelo adoquinado puede resultar incómodo con zapatos delgados.

Las horas de luz suave, a primera hora o al atardecer, son las mejores para fotografiar los puentes y las fachadas. Si te interesa visitar el interior de los baños árabes o del museo, conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.

Qué ver cerca

En un extremo del paseo está la Plaza Nueva, punto de encuentro de la ciudad, y desde allí se asciende hacia la Alhambra por la cuesta de Gomérez. En sentido contrario, la calle continúa hacia el Sacromonte, y una ruta de subida lleva al Albaicín. Es fácil enlazar los tres lugares en una misma mañana si caminas sin prisa.

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