Treinta mezquitas tuvo el Albaicín, el gran barrio andalusí de Granada

El Albaicín, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994, fue el gran barrio musulmán de Granada, con una población numerosa y muchas mezquitas en su época de máximo esplendor bajo los nazaríes. Tras la dispersión de los moriscos en 1570 y su expulsión general en 1609 perdió buena parte de su población, pero conserva su trazado urbano medieval de calles estrechas. El acceso es libre y gratuito en todo momento.

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Ubicación
Frente a la Alhambra, en la otra colina de Granada
Máximo esplendor
Época nazarí, con una población numerosa y muchas mezquitas
Patrimonio UNESCO
Declarado en 1994
Acceso
Libre y gratuito en todo momento

El Albaicín es el barrio más antiguo de Granada, frente a la Alhambra en la colina opuesta.

Callejuelas empedradas del barrio del Albaicín en Granada.
Jebulon (CC0)

El último gran barrio musulmán de la península

El nombre Albaicín proviene del árabe 'Al-bayyāzīn', que se traduce como 'barrio de los halconeros' o, según otra teoría, 'barrio de los de Baeza', por los refugiados de esa ciudad.

En su época de mayor esplendor, hacia el final del dominio nazarí, llegó a albergar a una población numerosa y a muchas mezquitas, convirtiéndolo en el último gran reducto de población musulmana de toda la península ibérica durante el siglo XVI, ya bajo dominio cristiano.

Del despoblamiento morisco al Patrimonio de la Humanidad

La dispersión de la población morisca decretada por la corona de Castilla en 1570 y su expulsión general en 1609 dejaron el barrio muy despoblado, y sus antiguas mezquitas fueron demolidas para levantar en su lugar numerosas iglesias cristianas.

Pese a ese vaciamiento histórico, el trazado urbano medieval de calles estrechas, placetas y casas modestas de estilo morisco y andaluz se conservó casi intacto, lo que llevó a la UNESCO a declarar el barrio Patrimonio de la Humanidad en 1994, como ampliación de la Alhambra y el Generalife.

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Calles, cármenes y placetas

Perderse es parte del encanto del Albaicín. Sus callejuelas empedradas suben y bajan la ladera sin una lógica evidente, heredera del trazado medieval, y de pronto desembocan en una placeta con un aljibe, un árbol o una pequeña iglesia.

Entre los muros blancos asoman los cármenes, casas con huerto y jardín cerrados al exterior que son una de las señas de identidad de Granada: lo que se ve desde la calle es una tapia, pero detrás suele esconderse un patio lleno de plantas y una fuente.

Muchas de las calles son estrechas y empinadas, y los coches apenas tienen cabida, de modo que el barrio se disfruta sobre todo a pie.

Fíjate en las portadas con clavos de forja, en las celosías de las ventanas y en los pequeños cobertizos que cruzan algunas calles de lado a lado. Son detalles modestos, pero ayudan a imaginar cómo era la vida cotidiana en el barrio antes de la conquista castellana.

Las iglesias levantadas sobre antiguas mezquitas

Tras la conquista, la corona impulsó la construcción de parroquias en el lugar de las mezquitas, y por eso el Albaicín tiene hoy un buen número de templos cristianos de aspecto sobrio.

En varios de ellos se reutilizaron elementos anteriores, y algunas torres recuerdan por su forma a los antiguos alminares. La iglesia de San Salvador, junto a la placeta del mismo nombre, se levanta sobre la mezquita mayor del barrio, y en su patio todavía se reconocen restos de aquel edificio.

Esta superposición de épocas es una de las claves del barrio. Caminando unos minutos puedes pasar de un aljibe musulmán a un convento renacentista y de ahí a un muro de tapial nazarí.

No hace falta entrar en cada edificio para notar esa mezcla; basta con levantar la vista y comparar las fachadas.

Miradores y la vista de la Alhambra

El Albaicín es, probablemente, el mejor sitio para entender la Alhambra, porque desde sus miradores la fortaleza aparece completa, con las montañas de Sierra Nevada al fondo.

El de San Nicolás es el más conocido y suele llenarse al atardecer; si prefieres algo más tranquilo, prueba otros rincones del barrio, como los que se abren cerca de San Cristóbal o junto a la muralla. Cada uno ofrece un ángulo distinto.

Conviene subir con calma y parar a mirar hacia atrás de vez en cuando: la perspectiva de la ciudad cambia a cada recodo. Si viajas en verano, evita las horas centrales, porque las cuestas castigan bajo el sol.

Consejos para recorrer el barrio

Lleva calzado cómodo y planea un recorrido que vaya siempre cuesta abajo cuando sea posible, por ejemplo subiendo en transporte público hasta la parte alta y bajando a pie hacia el río.

Respeta la tranquilidad de los vecinos: es un barrio residencial y no un museo, así que evita gritar o detenerte en las puertas de las casas. De noche algunas calles quedan poco iluminadas, de modo que conviene volver por las vías principales.

Qué ver cerca

Al bajar llegarás a la Carrera del Darro, un paseo junto al río que conecta con la Plaza Nueva. En dirección contraria, hacia la parte alta, se extiende el Sacromonte, famoso por sus casas cueva y su tradición ligada al flamenco. Ambos lugares se combinan bien con el Albaicín en una misma jornada.

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