Bimah de madera y mikve subterráneo en la sinagoga Ibn Danan de Fez
La Sinagoga Ibn Danan es una de las sinagogas históricas más conocidas de Marruecos, fundado en el siglo XVII por un acaudalado comerciante de la comunidad judía de Fez en el Mellah de Fez. Restaurada y reabierta en 1999 con apoyo de instituciones marroquíes e internacionales, conserva su bimah de madera original y un baño ritual mikve subterráneo.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Época
- Siglo XVII
- Ubicación
- Barrio del Mellah, Fez
En las entrañas del Barrio Judío Mellah de Fez, la Sinagoga Ibn Danan es el testimonio vivo de la fecunda convivencia y florecimiento de la comunidad sefardí en Marruecos tras su expulsión de España en 1492.

Arquitectura y el arca de la Torá
Desde la discreta puerta de la callejuela se desciende a una íntima sala de oración con zócalos de azulejos azules.
El hejal (arca que custodia los rollos sagrados de la Torá) está enmarcado por madera tallada y yeserías labradas.
La bimah de madera y el mikve subterráneo
En el centro destaca la bimah o púlpito de madera, rematada por un dosel de hierro forjado.
Bajo la bimah, una escalera desciende hasta el mikve, un baño ritual subterráneo abastecido por un canal subterráneo de agua.
Atención del guardián: El custodio del templo te guiará personalmente por las estancias y la galería de las mujeres en el piso superior, relatando con orgullo anécdotas de la histórica judería de Fez.
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Los judíos de Fez y el nacimiento del Mellah
La presencia judía en Fez es muy antigua y se remonta a los primeros siglos de la ciudad.
Con el tiempo convivieron dos grupos con tradiciones propias: los judíos que ya vivían en Marruecos y los llegados de la península ibérica tras la expulsión de 1492, que aportaron su lengua, sus costumbres y sus apellidos.
Esa mezcla dio a la comunidad de Fez un peso intelectual y artesanal notable, con oficios como la orfebrería, la sastrería y el comercio.
En el siglo XV las autoridades trasladaron a la población judía a un barrio propio junto a Fes el-Jdid, cerca del palacio, que pasó a conocerse como Mellah.
Era un recinto separado, pero a la vez protegido, y de ahí viene que su arquitectura sea distinta de la de la medina: las casas tienen balcones y ventanas que dan a la calle, mientras que en las zonas musulmanas lo habitual son fachadas cerradas y patios interiores.
Qué verás dentro de la sinagoga
La sala de oración sigue el esquema típico de las sinagogas sefardíes del norte de África, con la bimah en el centro y el arca de la Torá en uno de los muros.
Fíjate en los detalles del estuco y la madera, que recuerdan a los repertorios decorativos de las madrazas y los palacios marroquíes. La luz entra desde lo alto y deja la sala en una penumbra serena, muy distinta del ambiente de la calle.
Junto a la sala principal hay dependencias que ayudan a entender cómo funcionaba una comunidad religiosa en la vida diaria: la galería reservada a las mujeres, espacios de servicio y, bajo el suelo, el baño ritual o mikve.
Tómate tu tiempo para observar con respeto, sin tocar objetos ni moverte con prisa. Es un lugar sagrado para muchas personas, aunque hoy funcione sobre todo como espacio de memoria.
Una restauración para salvar la memoria
Durante décadas, la emigración de la comunidad judía hacia otros países dejó muchos templos de Marruecos casi sin fieles, y algunos se deterioraron.
La sinagoga Ibn Danan llegó a estar en muy mal estado antes de ser restaurada en las últimas décadas del siglo XX, con ayuda de instituciones marroquíes e internacionales.
Hoy cumple una función sobre todo cultural, y su conservación forma parte de un esfuerzo más amplio por mantener visible la historia judía del país.
Esa tarea tiene un valor especial en Marruecos, donde el judaísmo forma parte de la identidad nacional y así lo reconoce la propia Constitución.
Si te interesa profundizar, puedes complementar la visita con el cementerio judío del Mellah, donde las tumbas encaladas se extienden en terrazas, y con la lectura de algún libro sobre los sefardíes de Fez antes de viajar.
Consejos y respeto durante la visita
Antes de entrar, lo más sensato es vestir de manera discreta, con hombros y rodillas cubiertos. Es posible que te pidan que los hombres lleven la cabeza cubierta, y conviene seguir las indicaciones de quien atienda el lugar.
Pregunta antes de hacer fotografías en el interior, porque las normas pueden variar, y no uses el flash sin permiso.
La sinagoga es pequeña, por lo que resulta fácil cruzarte con otros visitantes en los espacios estrechos. Hablar en voz baja y esperar tu turno para ver el mikve es lo más agradecido.
Como horarios y condiciones de acceso cambian con frecuencia, conviene consultarlos en fuentes oficiales o en tu alojamiento antes de ir hasta allí.
Qué hacer cerca del Mellah
El barrio es muy fácil de recorrer a pie y está pegado al Palacio Real, de modo que puedes encadenar ambas visitas con naturalidad.
Camina por la calle principal fijándote en los balcones de hierro forjado, que son uno de los signos distintivos del Mellah, y asómate a los mercados cercanos, donde se venden especias, tejidos y objetos de uso diario.
Si te sobra energía, continúa hacia el jardín público de Jnan Sbil o hacia la entrada de Bab Bou Jeloud para conectar con la medina antigua.
Terminar el día con un té de menta en alguna terraza permite digerir con calma lo que has visto, y es una buena forma de cerrar un paseo que mezcla historia, arquitectura y memoria.





