El anfiteatro de Trajano que Durrës redescubrió en el siglo XX
El Anfiteatro de Durrës, el más grande de los Balcanes, se construyó a comienzos del siglo II bajo Trajano y permaneció oculto hasta su descubrimiento en 1966. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.
Por Florencia · Publicado el 6 de septiembre de 2026
Bajo un barrio residencial corriente de Durrës, con casas y calles asfaltadas construidas literalmente encima, se esconde el mayor anfiteatro jamás levantado en la península balcánica: una estructura capaz de albergar entre 15.000 y 20.000 espectadores que permaneció completamente sepultada durante siglos, hasta que un arqueólogo la sacó a la luz en pleno régimen comunista.
Un monumento construido bajo Trajano
La construcción arrancó entre los años 98 y 117 d.C., durante el reinado del emperador Trajano, cuando Dyrrachium —el nombre romano de la ciudad— era ya un puerto próspero en el extremo occidental de la Via Egnatia, la gran calzada que conectaba el Adriático con Constantinopla.
Un terremoto en el año 346 dañó seriamente la estructura, aunque los juegos de gladiadores fueron desapareciendo a lo largo del siglo IV, dentro de la ola de medidas que acompañaron la cristianización del imperio y que fueron apagando, en toda su extensión, la tradición de los juegos de anfiteatro.
Con el correr de los siglos, la estructura quedó enterrada bajo capas sucesivas de ocupación urbana, hasta el punto de que gran parte de la ciudad bizantina, veneciana y otomana se construyó directamente encima, sin que nadie supiera con certeza qué había debajo.
El arqueólogo albanés Vangjel Toçi lo redescubrió recién en 1966, en plena dictadura comunista, cuando ya un barrio residencial entero ocupaba buena parte de su superficie.
Estudios acústicos recientes, que midieron las condiciones actuales del recinto según la norma internacional ISO 3382 y las compararon por simulación con su forma original mediante software especializado, confirmaron que la geometría íntegra del anfiteatro romano ofrecía una respuesta sonora bastante más favorable para espectáculos en vivo que la que se percibe hoy en las ruinas parcialmente conservadas.

La capilla bizantina escondida dentro del anfiteatro
El hallazgo más inesperado no fue el propio anfiteatro sino lo que alguien construyó dentro de él siglos después de su abandono: en la segunda mitad del siglo IV, una pequeña capilla paleocristiana se levantó sobre las propias gradas, decorada primero con frescos y, ya en el siglo VI, con mosaicos de temática religiosa.
Los mosaicos siguen la tradición bizantina de la época, y algunos especialistas interpretan sus referencias a la iconografía imperial bizantina como una muestra de la influencia de Constantinopla en Dyrrachium.
Un proyecto internacional de conservación —bautizado 'Operación Mosaico'— trabaja desde hace años en preservar estas teselas, sometidas a la humedad y a la presión del terreno urbano que las rodea.
Cómo visitarlo hoy
El acceso actual permite recorrer una parte de las gradas y la arena central, mientras que buena parte del anillo exterior sigue oculto bajo las viviendas del barrio: desde varios ángulos se ven fachadas de casas actuales asomando directamente sobre la piedra romana, una convivencia insólita entre lo antiguo y lo cotidiano que resume bien el propio carácter de la ciudad.
- Ubicación
- Casco histórico de Durrës
- Construcción
- Comienzos del siglo II d.C., bajo el emperador Trajano
- Capacidad original
- Entre 15.000 y 20.000 espectadores
- Descubrimiento
- 1966, por el arqueólogo Vangjel Toçi
Dyrrachium, la ciudad que levantó el anfiteatro
Para entender por qué una ciudad de provincias se permitió un anfiteatro de semejante tamaño hay que mirar su pasado.
Durrës nació como Epidamnos, una colonia fundada a finales del siglo VII a.C. por griegos de Corinto y Corcira, y ya en la Antigüedad era famosa: la disputa por su control figura, según el historiador Tucídides, entre los detonantes de la guerra del Peloponeso.
Con los romanos pasó a llamarse Dyrrachium y se convirtió en uno de los puertos más importantes del Adriático oriental.
Su posición la volvió decisiva en más de una guerra. En el año 48 a.C., Julio César y Pompeyo se enfrentaron en sus alrededores durante la guerra civil romana, y siglos después la ciudad siguió siendo la puerta de entrada natural desde Italia hacia los Balcanes y Grecia.
Un anfiteatro para miles de espectadores encaja con esa escala: era una ciudad con tropas, comerciantes y viajeros de paso que buscaban el mismo tipo de espectáculo que en cualquier gran urbe del imperio.
Qué mirar durante el recorrido
El anfiteatro aprovecha la pendiente natural de una colina, una solución habitual en la arquitectura romana que ahorraba buena parte de la obra de relleno para las gradas.
Por eso, al entrar, la sensación es la de bajar hacia la arena: desde arriba se entiende muy bien la forma elíptica del conjunto y la manera en que las filas de asientos se iban escalonando alrededor del espacio central donde se celebraban los combates y las exhibiciones.
Vale la pena prestar atención a las galerías abovedadas que recorren el interior de la estructura. Esos pasillos servían para distribuir al público hacia sus asientos y para comunicar los distintos niveles sin que la multitud se cruzara en la arena.
Recorrerlos permite apreciar la técnica constructiva romana, con el uso combinado de piedra y ladrillo que se repite en muchos edificios públicos de la época en todo el Mediterráneo.
La capilla de los mosaicos merece una parada sin prisas. Está protegida dentro del propio recinto y, aunque es pequeña, es uno de los pocos ejemplos de arte paleocristiano y bizantino que se conservan en su contexto original en Albania.
Fíjate en los colores de las teselas y en las figuras: contrastan mucho con la piedra desnuda del resto del anfiteatro y muestran cómo el lugar cambió de función con el paso de los siglos.
Curiosidades del anfiteatro
Parte del anillo exterior sigue debajo de viviendas habitadas, por lo que es imposible excavarlo por completo sin desplazar a los vecinos del barrio.
Después de dejar de usarse para espectáculos, el recinto pasó a tener un uso religioso cristiano, de ahí la capilla construida sobre las gradas.
Fue redescubierto cuando la ciudad moderna ya estaba levantada encima, un ejemplo muy claro de cómo Durrës creció durante siglos sobre sus propias ruinas sin saberlo.
Otra curiosidad tiene que ver con su conservación. Al estar rodeado de casas y expuesto a la humedad del clima costero, el anfiteatro es un yacimiento delicado, y buena parte del trabajo de los últimos años se ha centrado en proteger las estructuras más frágiles.
Por eso es normal encontrar zonas cerradas o con andamios: no es abandono, sino la forma en que se va estabilizando un monumento que convive con la ciudad moderna.
Consejos para la visita
Con una hora tienes tiempo de sobra para recorrer las gradas, las galerías y la capilla con calma.
En verano, el sol cae con fuerza sobre la arena y apenas hay sombra, así que conviene ir a primera hora de la mañana o al final de la tarde, llevar agua y un sombrero.
Usa calzado cómodo y con buena suela: hay escalones irregulares y piedra pulida por el uso que puede resbalar.
El anfiteatro está en pleno casco histórico, de modo que lo puedes combinar a pie con las murallas bizantinas y la Torre Veneciana, que quedan muy cerca, con el foro bizantino y las termas, y con el Museo Arqueológico del paseo marítimo, donde se exhiben piezas halladas en la ciudad que ayudan a imaginar cómo era Dyrrachium.
Las condiciones de acceso cambian según la temporada, así que conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.
¿Por qué el anfiteatro de Durrës estuvo oculto tanto tiempo?
Porque sucesivas capas de la ciudad bizantina, veneciana y otomana se construyeron directamente encima a lo largo de los siglos, hasta que el arqueólogo Vangjel Toçi lo redescubrió en 1966, cuando ya existía un barrio residencial entero sobre buena parte de su superficie.
¿Qué es la capilla bizantina dentro del anfiteatro?
Una pequeña capilla paleocristiana construida sobre las gradas en el siglo IV, decorada en el siglo VI con mosaicos que representan mártires locales: es, junto con las propias gradas romanas, el elemento más singular de la visita.
Sigue conociendo Durrës: el Castillo de Durrës y la Torre Veneciana, el Museo Arqueológico y toda la guía de Durrës.





