Cícadas prehistóricas y orquídeas en el Jardín Botánico de Durban

El Jardín Botánico de Durban (Durban Botanic Gardens), fundado en 1849 para aclimatar plantas agrícolas coloniales, es el jardín botánico vivo más antiguo de todo el continente africano. Destaca internacionalmente por su colección de cícadas prehistóricas, sus avenidas de palmeras subtropicales y su pabellón de orquídeas.

Por

Ubicación
9A John Zikhali Road, Berea, Durban
Antigüedad
Fundado en 1849 (el jardín botánico más veterano de África)
Joya botánica
Encephalartos woodii (la planta más rara del mundo, superviviente del Jurásico)

El Jardín Botánico de Durban es un remanso señorial de paz y ciencia vegetal en las colinas de Berea en Durban. A lo largo de sus quince hectáreas se preserva el patrimonio botánico más extraordinario de Sudáfrica.

Avenida de palmeras subtropicales y colección de cícadas en el Jardín Botánico de Durban.
Wayne77 (CC BY-SA 3.0)

La cícada de Wood: el árbol más solitario del planeta

El mayor orgullo científico del jardín es el ejemplar original de Encephalartos woodii, una cícada descubierta en 1895 en el bosque de Zululandia.

Dado que solo se halló este pie masculino y jamás se ha encontrado una hembra en estado salvaje, este árbol ancestral es incapaz de reproducirse de forma natural, sobreviviendo como el último de su estirpe genética desde la época de los dinosaurios.

Avenidas de árboles gigantes y el orquideario

Pasear bajo los gigantescos ficus de Bengala con raíces aéreas colgantes, la arboleda de palmeras de bambú y los alcanforeros centenarios permite avistar garzas, ibis y martines pescadores en torno al lago central.

La casa de las orquídeas (Ernest Thorpe Orchid House) alberga más de tres mil orquídeas tropicales que florecen con exuberancia cromática.

Historia del jardín: de huerto experimental a jardín botánico

El jardín nació en 1849, cuando Durban era todavía un pequeño asentamiento colonial junto a la bahía de Natal. Lo impulsó una sociedad agrícola y hortícola local con un objetivo muy práctico: comprobar qué cultivos podían prosperar en el clima cálido y húmedo de la costa.

Durante sus primeros años funcionó como una estación experimental donde se ensayaban plantas tropicales y subtropicales de interés comercial, traídas de otras colonias británicas y de distintos rincones del mundo.

Muchos de los árboles que hoy dan sombra a los senderos son herencia directa de aquella época de pruebas y aclimatación.

El gran salto científico llegó con John Medley Wood, que dirigió el jardín durante las últimas décadas del siglo XIX y los primeros años del XX.

Botánico autodidacta y gran conocedor de la flora de Natal, Wood convirtió el antiguo huerto de ensayo en una institución de referencia, reunió colecciones de plantas autóctonas y sentó las bases del herbario regional, que todavía hoy funciona muy cerca del jardín.

Fue también él quien, en una expedición al bosque de Ngoye, encontró la cícada que acabaría llevando su apellido y que se convertiría en el emblema del lugar.

Con el paso del tiempo el jardín quedó en manos de la ciudad y pasó de ser un espacio técnico a un parque público muy querido por los habitantes de Durban.

Se lo considera el jardín botánico más antiguo de África que sigue en funcionamiento, y conserva ese aire de jardín victoriano con avenidas amplias, árboles monumentales y rincones tranquilos que contrasta con el ritmo del centro urbano, a pocos minutos de distancia.

Qué ver en un recorrido por el jardín

Lo ideal es entrar sin prisa y dejar que el propio trazado te lleve. Las avenidas principales están flanqueadas por palmeras de distintas especies, y entre ellas aparecen higueras de raíces aéreas, árboles de troncos enormes y macizos de plantas tropicales.

Cerca de la entrada se concentran algunos de los ejemplares más fotografiados, mientras que hacia el interior el ambiente se vuelve más silencioso y sombreado, con bancos para sentarse a observar a las aves que se mueven entre las copas.

La colección de cícadas merece una parada larga. Además del famoso ejemplar de Wood, el jardín reúne numerosas especies de Encephalartos, un género muy ligado al sur de África y amenazado en estado silvestre por la pérdida de hábitat y por el coleccionismo ilegal.

Fíjate en la forma de sus hojas rígidas, en los conos que producen y en la lentitud con la que crecen: algunas de estas plantas tardan décadas en ganar unos pocos centímetros, lo que explica su enorme valor para la conservación.

El lago es otro de los puntos de encuentro del jardín. A su alrededor suelen descansar gansos, ibis y garzas, y en algunas épocas del año se organizan actividades y conciertos al aire libre en sus orillas.

También vale la pena buscar el jardín hundido, de trazado más formal, y acercarse a la casa de las orquídeas para ver cómo se cultivan especies delicadas en un ambiente controlado.

  • La cícada de Wood y el resto de la colección de Encephalartos

  • Las avenidas de palmeras y los grandes árboles centenarios

  • El lago y sus aves acuáticas

  • La casa de las orquídeas Ernest Thorpe

  • El jardín hundido, de estilo más formal

Curiosidades del jardín

La cícada de Wood está considerada extinta en estado silvestre. Todos los ejemplares que se ven hoy en jardines botánicos de distintos países son clones obtenidos a partir de brotes de aquella planta masculina hallada en Ngoye, de modo que, en la práctica, son copias genéticas de un mismo individuo.

En los últimos años se han organizado búsquedas en la zona del hallazgo, incluso con imágenes aéreas, con la esperanza de encontrar una planta femenina que permita la reproducción natural, por ahora sin resultados.

Otra curiosidad es el papel social del jardín. Para muchas familias de Durban es el escenario de fotos de bodas, cumpleaños y paseos de domingo, y es habitual ver grupos haciendo picnic sobre el césped.

Esa mezcla de institución científica y parque de barrio le da un ambiente muy distinto al de otros jardines botánicos más solemnes: aquí conviven los paneles explicativos sobre especies amenazadas con los juegos de los niños y las sesiones de fotos.

Consejos para la visita

Las primeras horas de la mañana son las más agradables, sobre todo en verano, cuando el calor y la humedad aprietan a partir del mediodía y las tormentas de la tarde son frecuentes.

El invierno austral, más seco y templado, es una época muy cómoda para recorrer el jardín con calma. Si te interesan las aves, llega temprano y acércate al lago, donde la actividad es mayor antes de que aumente el movimiento de visitantes.

Para una visita tranquila calcula entre una hora y media y dos horas, o algo más si quieres detenerte en la colección de cícadas y en el orquideario. Lleva calzado cómodo, agua, protector solar y algo de repelente si vas a quedarte cerca del agua.

Dentro del recinto suele haber un salón de té donde hacer una pausa. Como los horarios pueden cambiar, conviene consultarlos en la web oficial antes de ir.

El jardín está en la zona de Berea, a poca distancia del centro.

Lo más práctico es llegar en taxi o con una aplicación de transporte, y hacer lo mismo para salir, en lugar de caminar largos tramos por calles que no conoces, una precaución sensata en cualquier parte de Durban.

Qué ver cerca

El jardín linda con el hipódromo de Greyville, sede de la carrera de caballos más famosa del país, el Durban July, que cada invierno convierte la zona en un desfile de moda y apuestas.

A poca distancia se encuentra también el estadio Moses Mabhida, con su gran arco sobre el campo, y desde allí es fácil bajar hacia el paseo marítimo de la Golden Mile.

Otra buena combinación es dedicar la mañana al jardín y la tarde al Mercado de la Calle Victoria, para pasar del silencio de las palmeras al bullicio de las especias en un mismo día.

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