Estalactitas de diez metros y murciélagos en las cuevas de Gchwihaba

Las cuevas de Gchwihaba (también conocidas como Cuevas de Drotsky) son un sistema kárstico subterráneo oculto bajo las colinas del Kalahari occidental. Albergan grandes estalactitas y estalagmitas de calcita y colonias de murciélagos protegidos.

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Las cuevas de Gchwihaba (también conocidas como Cuevas de Drotsky) son un sistema kárstico subterráneo oculto bajo las colinas del Kalahari occidental. Albergan grandes estalactitas y estalagmitas de calcita y colonias de murciélagos protegidos.

Tipo geológico
Cavernas kársticas en dolomita
Descubrimiento occidental
Mostradas a Martinus Drotsky por los San en 1932
Longitud explorada
Varios kilómetros de galerías y salas subterráneas
Fauna subterránea
Murciélagos de nariz de hoja de Commerson
Patrimonio
En la lista indicativa de Patrimonio Mundial UNESCO
Pinturas rupestres prehistóricas en las paredes sagradas de las Colinas de Tsodilo, Patrimonio UNESCO.
Deborah Tjituka (CC0)

El secreto subterráneo bajo el desierto arenoso

En una región dominada por dunas y llanuras infinitas como el Desierto del Kalahari, descender a las entrañas de Gchwihaba revela un mundo subterráneo húmedo y laberíntico. El goteo de aguas ricas en minerales durante millones de años esculpió catedrales de piedra que desafían la aridez de la superficie.

Mitos locales y espeleología responsable

Para los pueblos bosquimanos locales, las cavernas albergan espíritus poderosos. La visita exige linternas frontales potentes, calzado con buen agarre y el acompañamiento de guías comunitarios para evitar dañar las frágiles formaciones de estalagmitas.

Cómo se formaron unas cuevas en pleno desierto

Encontrar cuevas de estalactitas en el Kalahari parece una contradicción, pero tiene una explicación geológica. Las colinas de Gchwihaba están formadas por rocas carbonatadas muy antiguas, como la dolomita, que el agua ligeramente ácida es capaz de disolver poco a poco.

Durante periodos en que el clima de la región era mucho más húmedo que hoy, el agua de lluvia se infiltró por las grietas de la roca y fue abriendo galerías y salas a lo largo de muchísimo tiempo.

Una vez excavados los huecos, el goteo de agua cargada de carbonato de calcio fue depositando, capa a capa, las estalactitas que cuelgan del techo, las estalagmitas que crecen desde el suelo y las coladas que recubren las paredes.

Para que estas formaciones crezcan hace falta agua, y por eso su tamaño es en sí mismo un indicio de que el Kalahari atravesó épocas mucho menos áridas. Los científicos han estudiado este tipo de depósitos para reconstruir cómo cambió el clima del sur de África en el pasado.

Historia y nombre de las cuevas

Los San que vivían en la zona conocían las cuevas desde mucho antes de que llegaran viajeros de fuera.

Según el relato más difundido, fueron ellos quienes las mostraron en la década de 1930 a Martinus Drotsky, un granjero de la región, y de ahí procede el nombre con el que se popularizaron entre los visitantes.

Hoy se tiende a usar de nuevo el nombre local, Gchwihaba, que también aparece escrito como Gcwihaba, en reconocimiento a quienes las conocían de siempre.

Con el tiempo, las cuevas se convirtieron en un pequeño mito del Kalahari. Circulan historias sobre tesoros escondidos en sus galerías y sobre viajeros perdidos en la oscuridad, relatos que forman parte del folclore de la región más que de la historia documentada.

Lo que sí está claro es su valor natural: el sitio es un patrimonio natural frágil y protegido, lo que obliga a visitarlo con cuidado y sin llevarse nada.

El paisaje sobre la cueva

En la superficie, nada hace sospechar lo que hay debajo. Las colinas de Gchwihaba son elevaciones bajas y rocosas que apenas sobresalen del manto de arena y matorral del Kalahari occidental, y las bocas de la cueva se abren en un afloramiento de roca entre arbustos espinosos.

Esa discreción forma parte del encanto: después de horas de pista sin ver más que arena y acacias, asomarse a la entrada y sentir el aire más fresco que sale del interior es una sorpresa difícil de olvidar.

Qué ver dentro de la cueva

El recorrido habitual conecta varias salas de distinto tamaño, unidas por pasillos en los que a veces hay que agacharse o pasar entre bloques caídos. La sensación al apagar la linterna por un momento es de oscuridad total y silencio absoluto, algo difícil de experimentar en cualquier otro lugar.

Las formaciones aparecen de repente al iluminar los rincones: columnas que unen suelo y techo, cortinas de calcita y estalagmitas con formas caprichosas.

  • Las grandes estalactitas y columnas de las salas principales, que dan sentido a la comparación con catedrales.

  • Las coladas de calcita en las paredes, con tonos blancos, ocres y rojizos según los minerales presentes.

  • Las zonas donde se refugian los murciélagos, que conviene observar desde lejos y sin luz directa.

  • Las entradas, donde la luz del desierto penetra en la penumbra y deja ver el paso de un mundo a otro.

Los murciélagos y la vida en la oscuridad

Las cuevas sirven de refugio a colonias de murciélagos, entre ellos el gran murciélago de nariz de hoja, que salen al anochecer para cazar insectos en el desierto.

Su presencia es una buena señal de la salud del ecosistema subterráneo y, a la vez, un motivo para moverse con cuidado: molestarlos durante el día les obliga a gastar energía que necesitan, sobre todo en épocas de cría o de frío.

En algunas zonas se acumula guano, los excrementos de los murciélagos. Conviene no removerlo ni tocarlo, porque el polvo que levanta puede irritar las vías respiratorias y, en ambientes cerrados, transmitir hongos que afectan a los pulmones.

Una mascarilla sencilla es una precaución razonable, en especial si vas a pasar un buen rato en las salas interiores.

Consejos para la visita

Las cuevas están en un rincón muy aislado del noroeste de Botsuana, cerca de las colinas de Aha y del pueblo de Xai-Xai, y sólo se llega por pistas de arena profunda que exigen un todoterreno bien preparado y experiencia en este tipo de conducción.

No hay gasolineras, tiendas ni servicios en las proximidades, de modo que debes ser completamente autosuficiente en combustible, agua y comida, y lo más prudente es viajar con al menos dos vehículos.

Dentro de la cueva no hay iluminación ni pasarelas. Lleva dos fuentes de luz por persona, por si una falla, calzado con buena suela y ropa que pueda ensuciarse.

Nunca toques las formaciones: la grasa de las manos detiene su crecimiento y algunas tardaron miles de años en alcanzar su tamaño actual. Consulta antes de ir si es necesario contratar un guía de la comunidad local, una opción muy recomendable aunque no fuera obligatoria.

La mejor época para el viaje es la estación seca y fresca, aproximadamente entre mayo y septiembre, cuando las pistas están más firmes y el calor no resulta agotador.

Calcula unas horas para la visita a la cueva y, como mínimo, una noche de acampada en la zona para no tener que recorrer las pistas con prisa.

Qué ver cerca

Las colinas de Aha, en la frontera con Namibia, son otro relieve de roca carbonatada que rompe la monotonía de la llanura y en el que también hay cavidades conocidas, aunque mucho menos accesibles.

Hacia el norte, las colinas de Tsodilo, con su extraordinario arte rupestre, y la franja del Okavango completan una ruta por el noroeste del Kalahari que combina geología, arqueología y paisajes de agua en medio del desierto.

Preguntas frecuentes

Si estás armando la ruta por Desierto del Kalahari, también te pueden servir:

¿Se requiere experiencia previa en espeleología?

Las galerías principales no requieren material técnico de escalada, pero sí agilidad para sortear bloques caídos y pasos estrechos en total oscuridad.

¿Dónde están situadas las cuevas?

En el noroeste de Botsuana, cerca de la frontera con Namibia y al oeste de Maun, por pistas de arena.

¿Es seguro entrar por los murciélagos?

Las colonias de murciélagos suelen mantenerse en las bóvedas superiores; se aconseja llevar mascarilla ligera para evitar inhalar polvo de guano.