Dormir bajo las estrellas en Hamad Ela, al paso de las caravanas de sal
Hamad Ela es una aldea rústica del pueblo afar que actúa como campamento base habitual de muchas expediciones turísticas que exploran el norte de la depresión de Danakil. Los viajeros pernoctan en catres tradicionales de madera bajo el firmamento estrellado, siendo testigos del paso continuo de las caravanas de sal.
Por Daniel

Hamad Ela es una aldea rústica del pueblo afar que actúa como campamento base habitual de muchas expediciones turísticas que exploran el norte de la depresión de Danakil.
Los viajeros pernoctan en catres tradicionales de madera bajo el firmamento estrellado, siendo testigos del paso continuo de las caravanas de sal.
Datos clave de la atracción
- Ubicación
- Junto al lago de sal Karum, a poca distancia de Dallol
- Población
- Comunidad sedentaria y semi-nómada afar dedicada al comercio de sal
- Tipo de alojamiento
- Camas de madera rústica ('charpoys') instaladas al aire libre
- Servicios
- Campamento rústico sin electricidad de red ni agua corriente; letrinas básicas
- Seguridad
- Base del destacamento militar que escolta las expediciones a Dallol
Dormir bajo el manto de millones de estrellas
La experiencia de pernoctar en Hamad Ela destaca por su sencillez radical. Debido al calor sofocante del interior de las cabañas de caña, las camas se ubican directamente bajo el cielo abierto, donde la ausencia absoluta de contaminación lumínica regala una vista muy nítida de la Vía Láctea.
La vida cotidiana del pueblo afar
Durante el día, las mujeres afar muelen grano y atienden a los niños en las chozas 'ari' recubiertas de esteras, mientras los hombres afilan sus cuchillos tradicionales curvos 'jile' y negocian el descanso de las recuas de camellos en los abrevaderos salobres.
Logística clave para las jornadas en Dallol
En Hamad Ela se reúnen los guías, cocineros de campo y soldados asignados para organizar la salida al amanecer hacia Dallol y el lago Karum, aprovechando las horas más frescas antes de que el sol alcance su cénit abrasador.
Un pueblo nacido del comercio de la sal
Hamad Ela no surgió como destino turístico, sino como un asentamiento ligado a la explotación de la sal del lago Karum, también llamado Assale.
Durante generaciones, este punto del norte del Danakil fue el lugar donde se reunían los cortadores de sal, los camelleros y los intermediarios que organizaban el traslado de los bloques hacia el altiplano.
Esa función sigue viva: buena parte de la actividad diaria del pueblo gira alrededor de la carga, el descanso de los animales y el reparto del trabajo en las salinas cercanas.
Lo interesante de Hamad Ela es que reúne a dos mundos. Por un lado, la población afar, tradicionalmente pastora y dueña histórica de estas tierras bajas; por otro, trabajadores llegados de las tierras altas de Tigray, que bajan a la depresión para cortar y transportar sal.
Esa convivencia, marcada por acuerdos antiguos sobre quién trabaja, quién transporta y quién cobra el paso, convierte al pueblo en una pequeña ventana a la economía tradicional del noreste de Etiopía.
En las últimas décadas la llegada de pistas mejoradas y de camiones cambió parte de ese equilibrio.
Hoy conviven las caravanas de camellos con vehículos que cargan sal directamente en la zona, y el turismo de expedición se sumó como otra fuente de ingresos para la comunidad, que ofrece alojamiento básico, comida y servicios a los grupos.
Qué mirar durante tu estancia
Aunque Hamad Ela es sobre todo un lugar para dormir antes de explorar Dallol, vale la pena caminar un rato por sus alrededores cuando baja el sol.
Las casas tradicionales afar, hechas con ramas, esteras y materiales ligeros pensados para dejar pasar el aire, contrastan con las construcciones más recientes de bloques y chapa. Alrededor del pueblo verás corrales improvisados, montones de forraje y zonas donde los camellos se agrupan después de la jornada.
El momento más fotogénico suele llegar al atardecer o a primera hora de la mañana, cuando las caravanas salen o regresan de las salinas.
Las filas de camellos y burros cargados avanzan por la llanura con el resplandor blanco del lago al fondo, y el polvo levantado por los animales tiñe la luz de tonos dorados.
Si te quedas en silencio un rato, oirás los gritos de los camelleros, el roce de las cuerdas y el ruido de los bloques acomodándose sobre los lomos.
Las caravanas entrando o saliendo del pueblo al amanecer y al atardecer.
Las viviendas tradicionales afar y su forma de aprovechar la sombra y la ventilación.
Los montones de bloques de sal apilados a la espera de ser cargados.
El cielo nocturno, sin luces artificiales en kilómetros a la redonda.
Convivir con la comunidad afar
Hamad Ela es un lugar donde vive gente, no un decorado, y conviene comportarse como un huésped. La mayoría de la población afar es musulmana y mantiene costumbres conservadoras, así que es buena idea vestir con ropa holgada que cubra hombros y rodillas, algo que además protege del sol.
Saludar antes de acercarte, aceptar con gusto un té si te lo ofrecen y no entrar en espacios privados sin invitación son gestos sencillos que se agradecen mucho.
Con la fotografía hay que tener especial cuidado. Muchas personas prefieren no ser retratadas y algunas esperan una compensación a cambio; pregunta siempre antes y respeta una negativa sin insistir. Tu guía puede ayudarte a entender qué es apropiado en cada caso.
También conviene no regalar caramelos ni objetos a los niños de forma improvisada: si quieres colaborar, consulta con la agencia o el guía cuál es la forma más útil de hacerlo.
Consejos para pasar la noche en Hamad Ela
Dormir al aire libre en un catre de madera es parte del encanto, pero exige ir preparado. Lleva una linterna frontal, ya que no hay alumbrado y moverse de noche entre catres y vehículos puede ser complicado.
Un saco sábana fino, toallitas húmedas, protector solar, labial con protección y un pañuelo para cubrirte la cara si se levanta viento harán la noche mucho más llevadera. Muchas agencias proporcionan colchoneta, pero confirma antes qué incluye exactamente tu expedición.
La época más llevadera para visitar el Danakil suele ser la de los meses más frescos, aproximadamente entre noviembre y marzo, cuando las noches resultan más agradables para dormir al raso. Aun así, incluso en esa temporada el calor nocturno puede ser notable.
Bebe agua de forma constante durante la tarde, cena ligero y prepara antes de dormir todo lo que necesites para la salida temprana hacia Dallol, que suele ser antes del amanecer.
Ten en cuenta que en el pueblo no hay cajeros ni comercios bien surtidos. Lleva el efectivo que puedas necesitar desde Mekele y cualquier medicamento personal. La cobertura de teléfono puede ser irregular o inexistente, así que avisa a tu familia antes de bajar a la depresión.
Qué ver cerca de Hamad Ela
La gran ventaja de Hamad Ela es su posición. Desde aquí se llega en poco tiempo al campo hidrotermal de Dallol, con sus terrazas de colores, y a los cañones y montañas de sal que lo rodean.
A corta distancia se extiende también la llanura blanca del lago Karum, donde se ve el corte artesanal de los bloques de sal y donde muchas expediciones contemplan la puesta de sol.
Otro punto habitual en los recorridos por el norte del Danakil es el pequeño lago hidrotermal de Gaet'ale, que se visita con precaución por sus gases.
La combinación más común consiste en pasar una o dos noches en Hamad Ela para recorrer estos lugares con calma y, después, continuar hacia el sur en dirección al lago Afrera y el volcán Erta Ale, o regresar al altiplano por la ruta de Berhale hacia Mekele.
Guías relacionadas
Explora más sobre este destino: Guía de Danakil • Manantiales de Dallol • Caravanas de Camellos





