Miles de pozas de sal rosada en Maras y los anillos de Moray
Las Salineras de Maras y el laboratorio agrícola de Moray conforman uno de los circuitos más habituales del Valle Sagrado de Cusco. Maras alberga miles de pozas artesanales de sal rosada alimentadas por un manantial hipersalino, mientras que Moray exhibe andenes circulares concéntricos.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El mosaico blanco de las Salineras de Maras
En una quebrada profunda del Valle Sagrado cerca de Cusco, las Salineras de Maras forman un paisaje irreal de terrazas escalonadas de color blanco y ocre. Desde tiempos preincaicos, el agua hipersalina que brota del subsuelo se canaliza hacia miles de pozas familiares para extraer la cotizada sal rosada gourmet.
Moray: el gran laboratorio agrícola incaico
A solo siete kilómetros de Maras se ubica Moray, un prodigio de la ingeniería andina conformado por colosales depresiones naturales aterrazadas en círculos concéntricos.
La disposición de los andenes y los vientos generan microclimas con diferencias de temperatura entre los distintos niveles, permitiendo a los incas experimentar con cultivos a distintas alturas.
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Cómo funcionan las salineras
El secreto de Maras es un manantial de agua muy salada que brota en lo alto de la quebrada. Desde allí, una red de pequeños canales de tierra y piedra reparte el caudal entre cientos de pozas escalonadas en la ladera.
Cada familia abre y cierra la entrada de agua a su poza, deja que el sol y el viento hagan su trabajo y, cuando el agua se evapora, raspa con cuidado la costra de sal que queda en el fondo. Es un sistema sencillo, pero exige una atención constante.
Las pozas pertenecen a familias de las comunidades de la zona, que las heredan de generación en generación y se organizan en una asociación para gestionar el lugar.
La temporada de producción se concentra en los meses secos, cuando el sol es más constante; en la temporada de lluvias el trabajo se reduce y el paisaje cambia de aspecto.
La sal se clasifica según la capa de la que procede: la superficial es la más fina y blanca, y las capas inferiores, más oscuras, se destinan a otros usos.
El pueblo de Maras
Antes de bajar a las salineras, la carretera atraviesa el pueblo de Maras, un asentamiento de origen colonial que muchos viajeros cruzan sin detenerse. Merece una parada breve: sus calles conservan casas de adobe con portadas de piedra, algunas con escudos labrados, y una iglesia colonial frente a la plaza.
En la época virreinal, la zona fue también fuente de piedra para las construcciones de Cusco, y no es raro ver bloques trabajados reutilizados en muros y portales.
El entorno de Maras es una meseta agrícola abierta, a más de 3.000 metros de altitud, con campos de cereales y papas y la cordillera de Urubamba al fondo.
En días despejados, las vistas de los nevados, entre ellos el Chicón y la Verónica, son uno de los grandes regalos del trayecto, así que vale la pena detenerse en algún mirador del camino.
Moray en detalle
Moray está formado por varias depresiones naturales del terreno que los incas acondicionaron con andenes circulares.
La mayor y mejor conservada muestra una sucesión de terrazas concéntricas que descienden como un anfiteatro, con escaleras de piedras salientes incrustadas en los muros para pasar de un nivel a otro y canales que distribuían el agua de riego.
Las otras depresiones, más pequeñas y en parte restauradas, ayudan a entender la escala del conjunto.
La interpretación más extendida sostiene que Moray funcionó como un centro de experimentación agrícola, aprovechando las diferencias de temperatura entre los distintos niveles para adaptar cultivos. Algunos investigadores plantean además una dimensión ceremonial, algo frecuente en los sitios incas, donde lo productivo y lo sagrado no se separaban.
Por conservación, el acceso a los andenes suele limitarse a senderos señalizados, así que respeta los recorridos marcados.
La sal de Maras en la cocina y en las tiendas
La sal de Maras se ha ganado un lugar en la gastronomía peruana, y no es raro encontrarla en restaurantes de Cusco y Lima como sal de terminación, espolvoreada al final sobre carnes, pescados o verduras.
Su textura en escamas finas y su ligero color rosado o crema, que procede de los minerales presentes en el agua del manantial, la distinguen de la sal de mesa refinada.
A la entrada de las salineras hay puestos que venden la sal en bolsas de distintos tamaños, sola o mezclada con hierbas andinas, ají u otros condimentos, además de sales de baño. Comprar directamente allí es una manera de apoyar a las familias productoras.
Si piensas llevarla en el equipaje, ten en cuenta las normas de tu aerolínea y del país de destino sobre productos alimentarios.
Fotografía y mejor momento
Las salineras cambian mucho según la luz. A media mañana el sol ilumina de lleno las pozas y el blanco resulta casi cegador, mientras que a última hora de la tarde las sombras de los bordes dibujan la geometría de las terrazas con más contraste.
Desde el mirador situado en lo alto del camino de acceso se obtiene la vista de conjunto más conocida; abajo, entre las pozas, puedes fotografiar los detalles de los cristales y el trabajo de los salineros, pidiendo siempre permiso antes de retratar a las personas.
Consejos para la visita
Reserva medio día para ver los dos sitios con calma; muchos tours los combinan con Chinchero o con el Valle Sagrado.
El sol de altura es muy intenso: lleva sombrero, protector solar, gafas de sol y agua, incluso si el día amanece nublado.
En las salineras los senderos entre pozas son estrechos y pueden estar húmedos; usa calzado con buena suela y no pises los bordes de las pozas.
Cada sitio tiene su propio sistema de acceso; conviene consultar precios, horarios y condiciones en fuentes oficiales antes de ir.
Si te gusta caminar, existe un sendero que desciende desde las salineras hacia el fondo del valle del Urubamba, cerca de la comunidad de Pichingoto, y que permite cerrar la visita a pie en lugar de volver por carretera.
Es una bajada empinada y polvorienta, así que conviene hacerla con buen calzado, agua suficiente y, si no conoces la zona, acompañado de un guía o como parte de una excursión organizada.
Qué ver cerca
Maras y Moray se encuentran en la meseta que separa Cusco del Valle Sagrado, por lo que encajan bien en una ruta circular. Chinchero, con su iglesia colonial levantada sobre muros incas, sus andenes y sus centros de tejido tradicional, queda a poca distancia.
Bajando hacia el valle se llega a Urubamba y, desde allí, a Ollantaytambo, con su gran conjunto arqueológico y su estación de tren hacia Machu Picchu. Pisac, con su mercado y su ciudadela en lo alto, completa el circuito clásico del Valle Sagrado.
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