Ollantaytambo, un pueblo inca que nunca dejó de estar habitado
Ollantaytambo es uno de los pocos pueblos de origen incaico que siguen habitados en el Valle Sagrado de los Incas, Cusco. Su imponente fortaleza de terrazas colosales y el Templo del Sol fueron escenario de la histórica victoria inca frente a los conquistadores en 1537.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Un pueblo de origen inca todavía habitado
Enclavado en el extremo occidental del Valle Sagrado de los Incas cerca de Cusco, Ollantaytambo deslumbra por conservar intacta su traza urbana prehispánica. Sus 'canchas' o manzanas residenciales de piedra y sus acequias por donde fluye agua cristalina de deshielo siguen albergando a familias locales.
La fortaleza y el templo de los seis monolitos
Ascendiendo por las empinadas escalinatas de sus andenes agrícolas ceremoniales se alcanza el Templo del Sol, coronado por seis gigantescos bloques de piedra rosada de gran peso transportados desde la cantera de Kachiqhata cruzando el río Urubamba.
En este bastión militar y astronómico, el líder inca Manco Inca derrotó en 1537 al ejército español de Hernando Pizarro inundando el valle mediante el control de sus canales hidráulicos.
Estación de tren: Ollantaytambo es el punto de partida ideal para abordar los trenes de PeruRail e Inca Rail hacia Machu Picchu.
Historia de Ollantaytambo
Ollantaytambo se encuentra donde el río Patakancha se une al Urubamba, un punto estratégico que controlaba el paso entre el Valle Sagrado y las tierras bajas que descienden hacia la selva.
En el siglo XV, durante la expansión impulsada por Pachacútec, la zona se convirtió en una finca real y en un centro de gran importancia agrícola y ceremonial.
De esa época datan el trazado del pueblo, las terrazas de cultivo y buena parte de las construcciones que se ven en la colina del templo.
Tras su victoria frente a los españoles, Manco Inca sabía que no podría resistir indefinidamente en Ollantaytambo, demasiado cerca de Cusco. Poco después se retiró hacia Vilcabamba, en la selva, donde los incas mantuvieron un pequeño Estado independiente durante varias décadas.
El pueblo quedó entonces bajo control español, pero su población y su trazado se mantuvieron, lo que explica que hoy siga siendo uno de los mejores ejemplos de urbanismo inca habitado.
El nombre de Ollantaytambo se vincula popularmente con Ollantay, el protagonista de un drama en quechua que narra los amores prohibidos entre un general y la hija de un inca.
La obra, conservada en versiones de época colonial, se ha representado en distintas ocasiones y forma parte del imaginario local, aunque su relación histórica con el lugar pertenece más a la leyenda que a los documentos.
Qué ver en el complejo arqueológico
La visita al conjunto arqueológico se organiza en torno a la gran colina aterrazada que domina el pueblo. Subir las escalinatas exige esfuerzo, pero cada nivel ofrece una perspectiva diferente del valle y de las montañas que lo rodean. Además del Templo del Sol, estos son algunos de los elementos que conviene buscar:
Las terrazas agrícolas, enormes andenes que escalonan la ladera y que muestran el dominio inca sobre el cultivo en pendiente.
Los Baños de la Ñusta, una fuente labrada en la roca por la que sigue corriendo el agua, situada en la parte baja del recinto.
Las rampas y caminos que suben desde el valle, por los que se arrastraron los grandes bloques de piedra.
Las llamadas piedras cansadas, bloques que quedaron abandonados a medio camino entre la cantera y el templo.
Los seis monolitos del Templo del Sol son el elemento más enigmático del conjunto. Las juntas entre ellos están rellenas con finas láminas de piedra, y en su superficie se distinguen relieves muy desgastados.
Muchos investigadores consideran que el templo quedó inconcluso, quizá por la llegada de los españoles, lo que explicaría la presencia de bloques dispersos por la ladera y las piedras que nunca llegaron a su destino.
Pinkuylluna y las qollqas
Frente al complejo principal, en la ladera de la montaña Pinkuylluna, se ven varias construcciones de piedra colgadas sobre el pueblo. Son qollqas, antiguos almacenes donde los incas guardaban granos y otros productos.
Su ubicación en altura no es casual: el viento y las temperaturas más bajas ayudaban a conservar los alimentos durante más tiempo. Un sendero empinado permite subir hasta ellas y ofrece buenas vistas sobre el trazado del pueblo y la colina del templo.
En la misma montaña, muchos guías señalan un perfil rocoso que recuerda un rostro humano, identificado por la tradición local con una divinidad o un mensajero mítico.
Se trata de una interpretación popular más que de un dato arqueológico, pero buscar esa silueta desde el complejo es uno de los pasatiempos favoritos de los visitantes. Si subes a Pinkuylluna, lleva agua y calzado con buen agarre, porque algunos tramos tienen escalones irregulares.
Pasear por el pueblo
Ollantaytambo no es solo su complejo arqueológico. Merece la pena perderse por el sector antiguo del pueblo, al norte de la plaza, donde las calles estrechas siguen el trazado original y separan manzanas de muros de piedra.
Cada manzana tiene un acceso principal que da a un patio interior compartido por varias viviendas, un modelo de organización familiar que todavía se reconoce. Por las calles corren acequias de agua, y no es raro cruzarte con vecinos que llevan sus animales o sus cosechas.
Alrededor de la plaza principal se concentran restaurantes, cafés y tiendas de tejidos, y en ella se celebran las fiestas patronales y otras celebraciones tradicionales con danzas y música.
Respetar la vida cotidiana de quienes viven aquí es importante: muchas de las casas del sector antiguo son viviendas privadas, así que no entres a los patios sin invitación y pide permiso antes de tomar fotos a las personas.
Consejos para la visita
Ollantaytambo está a menor altitud que Cusco, lo que lo convierte en una buena base para los primeros días de aclimatación. Si duermes aquí la noche anterior a tomar el tren hacia Machu Picchu, podrás visitar el complejo con calma y salir temprano sin prisas.
Las primeras horas de la mañana y el final de la tarde son los momentos más tranquilos, ya que al mediodía suelen llegar los grupos de excursiones que recorren el Valle Sagrado en el día.
La entrada al complejo arqueológico se incluye en el boleto turístico de Cusco; conviene consultar los horarios y precios vigentes en la web oficial antes de ir. Dedica al menos dos horas al complejo y otra hora larga si quieres subir a Pinkuylluna.
Desde aquí es fácil combinar la visita con otros puntos del Valle Sagrado, como las terrazas circulares de Moray, las salineras de Maras, el pueblo de Chinchero o las ruinas y el mercado de Pisac, más al este.
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