Plaza de Armas de Cusco e Iglesia de la Compañía de Jesús: guía
La Plaza de Armas de Cusco fue el epicentro ceremonial y administrativo del Tawantinsuyu conocido como Huacaypata. Alberga la Iglesia de la Compañía de Jesús, erigida en 1576 sobre el palacio del inca Huayna Cápac, considerada una de las mayores joyas del barroco andino colonial.
Por Quique · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El corazón sagrado del Imperio incaico
En el centro de Cusco, la Plaza de Armas fue el escenario de las ceremonias más trascendentales del Tawantinsuyu. Desde esta explanada partían los cuatro grandes caminos reales del Qhapaq Ñan hacia los cuatro suyos del imperio andino.
Rodeada de arquerías de piedra, casonas coloniales con balcones de madera tallada y restaurantes tradicionales, la plaza constituye el punto de partida obligado para cualquier viajero en la capital histórica del Perú.
La portentosa fachada y retablos de la compañía
Erigida por la orden jesuita en 1576 sobre las bases del palacio Amarucancha, la Iglesia de la Compañía de Jesús rivalizó en suntuosidad con la propia Catedral. Su fachada de piedra labrada es una obra cumbre del barroco mestizo.
En su interior sobresale el colosal retablo mayor tallado en cedro y revestido con pan de oro, así como lienzos que ilustran el matrimonio del capitán Martín García de Loyola con la princesa inca Beatriz Clara Coya.
Vista panorámica: Sube a las torres del coro alto de la iglesia para capturar una de las fotografías más icónicas de la plaza y la Catedral de Cusco.
De Huacaypata a la plaza colonial
En época inca, el gran espacio ceremonial de Cusco era bastante más amplio que la plaza actual. El río Saphy lo dividía en dos sectores: Huacaypata, que corresponde aproximadamente a la Plaza de Armas, y Cusipata, cuyo recuerdo pervive en la vecina Plaza Regocijo. Los cronistas cuentan que el suelo estaba cubierto con arena traída desde la costa, un gesto de enorme carga simbólica que unía la capital con los confines del imperio.
Con la fundación española de la ciudad en 1534, la explanada se redujo y se fue cerrando con soportales, casonas e iglesias levantadas sobre los antiguos palacios incas. La plaza también fue escenario de episodios dolorosos de la historia andina: aquí fueron ejecutados Túpac Amaru, el último inca de Vilcabamba, en 1572, y José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, líder de la gran rebelión de 1780, al año siguiente. Recordarlo cambia la manera de mirar este lugar hoy tan animado.
La Catedral y sus templos vecinos
El otro gran protagonista de la plaza es el conjunto catedralicio, que ocupa el lado noreste y se levantó sobre el palacio atribuido al inca Viracocha. Su construcción se prolongó durante buena parte del periodo colonial y, según la tradición, aprovechó piedra de las construcciones incas de los alrededores, incluida la de Sacsayhuamán. La Catedral está flanqueada por dos templos menores: la iglesia del Triunfo, considerada el primer templo cristiano de la ciudad, y la de Jesús María.
Dentro de la Catedral hay dos piezas que casi todo visitante busca. Una es la Última Cena atribuida a Marcos Zapata, pintor de la escuela cusqueña, en la que sobre la mesa aparece un cuy, plato tradicional andino, en lugar del cordero pascual. La otra es el Señor de los Temblores, un Cristo crucificado muy venerado al que los cusqueños atribuyen protección frente a los sismos desde el terremoto de 1650; su procesión del Lunes Santo es una de las celebraciones más multitudinarias de la ciudad.
La rivalidad entre la Compañía y la Catedral
La Compañía de Jesús se construyó en un emplazamiento privilegiado, en el lado sureste de la plaza, y su ambición arquitectónica no tardó en generar tensiones. Se cuenta que el obispado protestó porque el templo jesuita amenazaba con eclipsar a la Catedral y que la disputa llegó hasta Roma; según el relato popular, cuando llegó la respuesta favorable a la Catedral, la iglesia ya estaba terminada. Más allá de la leyenda, la competencia entre ambos edificios explica la riqueza de los dos.
El templo que vemos hoy es en gran parte fruto de la reconstrucción posterior al terremoto de 1650, que obligó a levantar de nuevo buena parte de los edificios de la ciudad. Fíjate en las dos torres, en la portada principal concebida como un gran retablo de piedra y en las capillas laterales. Al lado de la iglesia, en el mismo frente de la plaza, se encuentra el antiguo complejo jesuita, hoy ocupado en parte por dependencias universitarias.
Fiestas y vida en la plaza
La plaza es el escenario principal del calendario festivo cusqueño. Durante el Inti Raymi, la fiesta del Sol que se celebra cada 24 de junio, parte de la representación tiene lugar aquí, entre el Qorikancha y la explanada de Sacsayhuamán. En Corpus Christi, las imágenes de santos y vírgenes de distintas parroquias se reúnen en la Catedral y salen en procesión, acompañadas de bandas y comidas típicas como el chiriuchu, un plato frío que sólo se prepara en esas fechas.
Fuera de las fiestas, la plaza es el punto de encuentro natural de la ciudad: familias en los bancos de los jardines, estudiantes, vendedores ambulantes y viajeros que salen o vuelven de excursiones. Es habitual que se acerquen a ofrecerte masajes, pinturas, tours o fotos con llamas; un no gracias amable suele bastar. Por la noche, con la Catedral y la Compañía iluminadas, la plaza luce especialmente bonita.
Consejos para la visita
Reserva al menos una hora para la plaza y la Compañía, y otra para la Catedral si quieres verla con calma.
Los balcones de los cafés y restaurantes del segundo piso ofrecen buenas vistas del conjunto sin necesidad de subir a ninguna torre.
Las iglesias son templos en uso: viste con respeto y consulta si se permiten fotos en el interior.
Para horarios, precios y si alguna entrada forma parte de un boleto combinado, consulta la web oficial antes de ir, porque cambian con frecuencia.
Qué ver cerca
Desde la esquina de la Compañía sale la calle Loreto, un pasaje estrecho flanqueado por muros incas: a un lado, los del antiguo palacio de Amarucancha, sobre el que se levantó la iglesia jesuita; al otro, los del Acllahuasi, la casa de las mujeres escogidas. Siguiendo esa dirección se llega al Qorikancha. Por el lado opuesto de la plaza, a pocos pasos, están la calle Hatun Rumiyoc con la Piedra de los Doce Ángulos y la subida a San Blas, y algo más lejos, el Mercado de San Pedro.
Si te sobra tiempo, acércate a la Plaza Regocijo, a una cuadra, heredera del antiguo sector de Cusipata. Es más tranquila que la Plaza de Armas y está rodeada de edificios coloniales y republicanos, entre ellos la sede municipal. Juntas, ambas plazas permiten imaginar la escala del gran espacio ceremonial inca, que se extendía de una a otra antes de que la traza española lo fragmentara con nuevas manzanas.
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