Robben Island, la isla donde Mandela pasó dieciocho años preso

Robben Island ('Isla de las Focas'), emplazada en la bahía de Table Bay a pocos kilómetros de la costa de Ciudad del Cabo, es el gran símbolo de la resistencia contra el Apartheid y de la reconciliación sudafricana. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, albergó durante dieciocho años a Nelson Mandela en una celda de apenas dos por dos metros.

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Punto de partida
Nelson Mandela Gateway, Clock Tower, V&A Waterfront
Duración del tour
3,5 horas (incluye la travesía en ferry de ida y vuelta)
Guías oficiales
Visitas penitenciarias conducidas por antiguos presos políticos

La visita a Robben Island es una experiencia de inmensa carga emocional y memoria histórica en Ciudad del Cabo. Empleada durante siglos como leprosería, colonia penal y manicomio, su nombre quedó ligado para siempre a la lucha por la libertad en Sudáfrica.

Complejo penitenciario histórico y patio de la prisión de Robben Island frente a Ciudad del Cabo.
Moheen Reeyad (CC BY-SA 4.0)

La celda de Nelson Mandela en la Sección B

El recorrido por el penal de máxima seguridad resulta profundamente conmovedor porque está conducido por antiguos presos políticos que sufrieron cautiverio en estas mismas salas.

Al llegar a la Sección B, los visitantes contemplan en silencio la diminuta celda número 5 donde Mandela pasó 18 de sus 27 años de prisión, provista únicamente de una esterilla de paja sobre el suelo, un cubo higiénico y una pequeña mesita.

La cantera de cal y el santuario de aves

El tour en autobús por la isla recorre la cantera de caliza blanca donde los presos realizaban trabajos forzados diarios bajo un sol cegador, lugar que paradójicamente sirvió como 'universidad' clandestina donde los líderes debatían los principios constitucionales de la futura nación democrática.

Al mismo tiempo, la isla es hoy una reserva marina poblada por pingüinos y aves zancudas.

Reserva anticipada obligatoria: Los ferris a Robben Island cuentan con aforo limitado y se agotan con semanas de antelación en temporada alta (diciembre a marzo). Reserva tu horario oficial con tiempo a través de internet.

Cuatro siglos de historia como lugar de destierro

El nombre de la isla viene del neerlandés robben, focas, por las colonias de estos animales que encontraron los primeros navegantes europeos. Muy pronto, sin embargo, su aislamiento la convirtió en un lugar de castigo.

Ya en el siglo XVII, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales enviaba allí a quienes desafiaban su autoridad. Uno de los primeros presos fue Autshumato, un intérprete y líder khoikhoi que, según los relatos de la época, consiguió escapar en un bote, algo que muy pocos lograrían después.

Durante el dominio neerlandés y británico pasaron por la isla líderes religiosos musulmanes desterrados desde el sudeste asiático, jefes xhosa que resistieron la expansión colonial en la frontera oriental y presos comunes. Makana, profeta y líder xhosa, murió ahogado a comienzos del siglo XIX al intentar huir a nado.

Más tarde, en el siglo XIX, la isla acogió una leprosería y un asilo para enfermos mentales, y durante la Segunda Guerra Mundial se fortificó con cañones para defender la entrada de la bahía.

Su etapa más conocida comenzó en la década de 1960, cuando el gobierno del apartheid abrió la prisión de máxima seguridad para presos políticos. Por allí pasaron Nelson Mandela, Walter Sisulu, Govan Mbeki, Ahmed Kathrada y, en sus primeros años, el futuro presidente Jacob Zuma.

Los últimos presos políticos salieron a comienzos de los años noventa, y en 1997 la isla abrió como museo. Dos años más tarde fue declarada Patrimonio de la Humanidad.

Qué ver en la isla

La visita habitual combina un recorrido en autobús por la isla con la visita guiada a la prisión.

Durante el trayecto en autobús, el guía señala los lugares más significativos: el antiguo cementerio de la leprosería, los restos de las baterías de la Segunda Guerra Mundial, la iglesia anglicana de piedra construida por los propios presos en el siglo XIX y el pueblo donde vivían los funcionarios de la prisión, que todavía hoy está habitado por personal de la isla.

Una de las paradas más impactantes es la casa donde estuvo confinado Robert Sobukwe, fundador del Congreso Panafricanista. A diferencia de los demás presos, Sobukwe vivió años en aislamiento casi total, sin permiso para hablar con nadie, en una casa separada del resto del penal.

Cerca del puerto se encuentra también el kramat de un líder religioso musulmán desterrado a la isla, que sigue siendo lugar de peregrinación para la comunidad musulmana del Cabo.

Ya en la prisión, además de la celda de Mandela en la Sección B, se visitan las celdas comunes donde dormían decenas de presos y el patio donde Mandela cultivaba un pequeño huerto.

Allí escondió durante un tiempo partes del manuscrito de lo que años después sería su autobiografía, El largo camino hacia la libertad.

Curiosidades

  • En la cantera de cal, el reflejo del sol sobre la roca blanca dañó la vista de muchos presos, entre ellos la de Mandela, a quien no se le permitía usar gafas de sol.

  • Desde la isla se ve Table Mountain al otro lado de la bahía, una vista que los presos tenían presente a diario y que recordaba lo cerca que estaban de la ciudad.

  • Las aguas frías y las corrientes de la bahía hicieron que las fugas fueran casi imposibles durante siglos.

  • Además de pingüinos africanos, en la isla viven antílopes y otros animales introducidos en distintas épocas, y es una zona importante para la nidificación de aves marinas.

Consejos para la visita

Reserva con antelación, sobre todo en verano austral y en vacaciones escolares, y compra la entrada sólo a través de los canales oficiales del museo. Las salidas dependen del estado del mar: con viento fuerte o mar agitado los ferris se cancelan, a veces el mismo día.

Por eso conviene no dejar la visita para el último día del viaje, de modo que puedas reprogramarla si hace falta. Los datos prácticos conviene consultarlos en la web oficial antes de ir.

La travesía puede ser movida, así que si te mareas con facilidad toma precauciones antes de embarcar. Lleva una chaqueta, porque en la cubierta y en la isla el viento suele ser frío incluso cuando en la ciudad hace calor.

El recorrido sigue un horario fijo y el tiempo libre es limitado, de modo que si quieres hacer preguntas a tu guía, aprovecha los momentos dentro de la prisión: escuchar en primera persona a alguien que estuvo preso allí es lo que da sentido a la visita.

Antes de embarcar, dedica un rato a la exposición del Nelson Mandela Gateway, en el punto de salida del ferri, que ofrece contexto sobre la historia de la isla y la lucha contra el apartheid.

Si viajas con niños, explícales antes qué van a ver: la visita es muy emotiva y conviene llegar con algo de contexto.

Qué ver cerca

Los ferris salen del V&A Waterfront, la zona portuaria renovada de Ciudad del Cabo, así que es fácil completar el día allí, con sus restaurantes, el acuario Two Oceans, el museo de arte contemporáneo Zeitz MOCAA, instalado en un antiguo silo de grano, y la Nobel Square, donde unas estatuas recuerdan a los cuatro premios Nobel de la Paz sudafricanos, entre ellos Mandela.

Para profundizar en la historia del país, el Museo del Distrito Seis, en el centro de la ciudad, cuenta las expulsiones forzosas que sufrió uno de sus barrios más diversos durante el apartheid.

Junto con la visita a Robben Island, ofrece una visión muy completa de lo que vivió Sudáfrica en el siglo XX.

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