Acantilados de 200 metros en el Cabo de Buena Esperanza y Cape Point
El Cabo de Buena Esperanza (Cape of Good Hope) y la cumbre rocosa de Cape Point forman el extremo suroccidental del continente africano. Integrados en el Parque Nacional Table Mountain, sobrecogen por sus acantilados de más de 200 metros sobre las aguas atlánticas, su histórico faro marítimo y una fauna salvaje que incluye cebras de montaña, avestruces y babuinos chacma.
Por Daniel
- Ubicación
- Extremo sur de la Península del Cabo, al sur de Ciudad del Cabo
- Hito geográfico
- Punto más sudoccidental de África
El Cabo de Buena Esperanza es uno de los hitos marítimos más célebres de la historia naval, inmortalizado por navegantes portugueses como Bartolomeu Dias y Vasco da Gama en su ruta hacia la India desde Ciudad del Cabo y Sudáfrica.

Cape Point y el histórico funicular Flying Dutchman
A escasos dos kilómetros del cartel marítimo de madera donde todo viajero se fotografía, se alza el promontorio de Cape Point. El funicular 'Flying Dutchman' (El Holandés Errante) asciende hacia el antiguo faro, construido en 1860 en lo alto del promontorio.
Desde la pasarela se divisa la inmensidad del océano y las corrientes bravías donde la leyenda sitúa al barco fantasma condenado a navegar eternamente.
Fauna autóctona y senderos de acantilados
La reserva natural alberga manadas de cebras del Cabo, antílopes bontebok, avestruces que pasean tranquilamente por las playas vírgenes y tropas de babuinos chacma.
El sendero peatonal que une Cape Point con el Cabo de Buena Esperanza bordea la cornisa rocosa entre flores silvestres del reino floral del Cabo.
Precaución con los babuinos: Nunca lleves comida visible en la mano ni dejes las ventanillas del coche abiertas; los babuinos locales son extremadamente audaces y abren puertas de vehículos para sustraer alimentos.
Historia: del Cabo de las Tormentas a la ruta de las especias
El navegante portugués Bartolomeu Dias dobló este extremo de África en 1488, en el viaje que demostró que era posible pasar del Atlántico al océano Índico rodeando el continente.
Según la tradición, Dias lo bautizó como Cabo de las Tormentas por el mal tiempo que encontró, y el rey Juan II de Portugal le cambió el nombre por el de Cabo de Buena Esperanza, porque abría la esperanza de llegar a la India por mar. Una década después, Vasco da Gama completó esa ruta.
Desde entonces, el cabo fue una referencia obligada para los barcos que iban y venían entre Europa y Asia.
Esa importancia llevó a la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales a fundar en 1652 un puesto de abastecimiento en la bahía de la Mesa, el origen de la actual Ciudad del Cabo.
Dentro de la reserva se levantan dos cruces blancas, conocidas como la cruz de Dias y la cruz de Vasco da Gama, que sirven de marcas de navegación y recuerdan a aquellos navegantes.
La zona se protegió como reserva natural a finales de la década de 1930 y hoy forma parte del Parque Nacional Table Mountain, que a su vez integra el sitio Patrimonio de la Humanidad de las áreas protegidas de la región floral del Cabo.
Un mito geográfico: ni el punto más al sur ni el encuentro de los océanos
Mucha gente llega convencida de que el Cabo de Buena Esperanza es el punto más meridional de África y el lugar donde se juntan el Atlántico y el Índico. No es así.
El extremo sur del continente es el cabo Agulhas, a unos 150 kilómetros al sureste, y es allí donde se sitúa oficialmente el límite entre ambos océanos.
Lo que sí es cierto, y así lo indica el famoso cartel de madera, es que se trata del punto más al suroeste del continente.
Aun así, el paisaje explica la confusión. Desde los miradores se ve cómo chocan aguas de temperaturas distintas: la fría corriente de Benguela por el lado atlántico y las aguas algo más templadas de False Bay hacia el este.
Esa mezcla, junto con los vientos fuertes, genera neblinas y un oleaje muy intenso que durante siglos hizo de esta costa un lugar temido por los marinos.
Los dos faros de Cape Point y los naufragios
El faro antiguo, en lo alto del promontorio, tenía un problema serio: a esa altura quedaba con frecuencia envuelto en nubes y niebla, y su luz no se veía desde el mar.
Tras el naufragio del vapor portugués Lusitania en 1911 contra unas rocas cercanas, se construyó un faro nuevo en un punto mucho más bajo del acantilado, que sigue en funcionamiento y figura entre los más potentes de la costa sudafricana. El antiguo quedó como mirador y centro de vigilancia.
Los naufragios forman parte de la identidad de esta costa. En la parte occidental de la reserva, en la zona de Olifantsbos, un sendero corto lleva hasta los restos oxidados de barcos que encallaron allí en el siglo XX.
Es un paseo tranquilo, lejos de la multitud que se concentra en Cape Point, y muestra muy bien la fuerza del Atlántico en este rincón.
Playas y rincones menos conocidos de la reserva
La reserva es mucho más grande de lo que parece si sólo visitas el faro y el cartel. Del lado de False Bay, Buffels Bay y Bordjiesdrif tienen piscinas de marea y zonas de pícnic con aguas algo más templadas.
Bajo los acantilados de Cape Point se esconde Dias Beach, una playa de arena clara a la que se baja por una escalera empinada; el baño no es recomendable por el oleaje y las corrientes, pero el lugar es espectacular.
Entre carretera y carretera se extiende el fynbos, la vegetación arbustiva característica de la región, con proteas, ericas y restios. En primavera austral la floración llena el paisaje de color.
Además de cebras, bontebok y avestruces, es fácil ver damanes, unos pequeños mamíferos que toman el sol sobre las rocas cerca de los miradores, y elands, el antílope más grande de África, que pastan en las zonas abiertas.
Consejos para la visita
Dedica a la reserva al menos medio día; si quieres caminar entre Cape Point y el cabo, recorrer las playas y ver los naufragios, reserva el día completo.
Llega temprano: los grupos organizados suelen concentrarse en el cartel y en el funicular a media mañana.
Lleva cortavientos aunque haga sol en la ciudad. El viento del sureste sopla con fuerza en verano y en lo alto del promontorio la sensación térmica baja mucho.
Lleva agua y algo de comer bien guardado en la mochila, y nunca alimentes a los babuinos.
Conviene consultar horarios y precios en la web oficial de SANParks antes de ir, porque varían según la temporada.
Si no te interesa el funicular, puedes subir a pie hasta el faro antiguo por un camino pavimentado de pendiente constante, que ofrece buenas vistas durante todo el ascenso.
Los días de niebla espesa conviene valorar si merece la pena subir, porque las vistas pueden quedar reducidas a nada; a veces basta con esperar un rato a que el viento despeje las nubes.
Qué ver cerca
La forma más habitual de visitar el cabo es con una ruta circular por la península. Un recorrido clásico sale de Ciudad del Cabo por la costa atlántica, pasa por Camps Bay y Hout Bay, sigue por la carretera de Chapman's Peak Drive y llega a la reserva.
A la vuelta, por la costa de False Bay, puedes parar a ver los pingüinos de la playa de Boulders, pasear por Simon's Town y terminar en los pueblos marineros de Kalk Bay o en las casetas de colores de Muizenberg.
Otra opción es dedicarle un segundo día a la zona y dormir en Simon's Town o en Noordhoek, lo que permite llegar a la reserva a primera hora, antes de que se llene, y disfrutar con más calma de los senderos costeros.
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