Medio millón de piezas en el Museo Fitzwilliam de Cambridge
El Museo Fitzwilliam, fundado en 1816 gracias al legado del vizconde Fitzwilliam, es el museo principal de la Universidad de Cambridge, con más de medio millón de piezas. La entrada a su colección permanente es gratuita. Cerrado los lunes.
Por Florencia · Publicado el 8 de septiembre de 2026
A pocos pasos del centro histórico, el Museo Fitzwilliam es el museo principal de la Universidad de Cambridge, con una colección que abarca desde momias egipcias hasta pintura europea de los últimos cinco siglos.
El legado de un vizconde
El museo nació del legado de Richard Fitzwilliam, séptimo vizconde de Fitzwilliam, que en 1816 donó a la universidad su colección personal de arte y libros junto con los fondos necesarios para construir un edificio propio.
En su testamento dejó a la universidad su colección y 100.000 libras para construir un museo donde exponerla.
Una colección de medio millón de piezas
Hoy el museo reúne más de medio millón de objetos: antigüedades egipcias, griegas y romanas, pintura europea, cerámica, mobiliario, armaduras, monedas y manuscritos iluminados. Sigue sin cobrar entrada a su colección permanente, dos siglos después de aquel legado fundacional.
- Ubicación
- Trumpington Street, Cambridge
- Fundación
- 1816, legado del vizconde Fitzwilliam
- Colección
- Más de 500.000 piezas
Un edificio a la altura de la colección
Durante sus primeras décadas, la colección del vizconde se guardó en espacios provisionales de la universidad, mientras se decidía dónde levantar una sede propia.
El elegido fue un solar sobre Trumpington Street, y el proyecto quedó en manos del arquitecto George Basevi, que diseñó un templo neoclásico de grandes columnas corintias, pensado para que el visitante sintiera, ya desde la calle, que entraba en un lugar dedicado al saber y a las artes.
Basevi no llegó a ver terminada su obra: murió en 1845 al caer desde lo alto de la catedral de Ely, que estaba inspeccionando.
El encargo pasó a Charles Robert Cockerell, que completó buena parte de los interiores, y más tarde Edward Middleton Barry diseñó el gran vestíbulo de entrada, con su escalinata de mármoles de colores, columnas y cúpula.
Ese vestíbulo es hoy uno de los espacios más fotografiados del museo, y conviene detenerse en él antes de subir a las salas.
Con el paso del siglo XX el edificio fue creciendo hacia atrás con nuevas alas y galerías, de modo que el museo actual combina las salas decimonónicas, de techos altos y paredes de color intenso, con espacios más recientes y luminosos. Pasear por él es también un recorrido por distintas maneras de entender un museo.
Qué ver en el Museo Fitzwilliam
La colección es tan amplia que resulta imposible verla entera en una sola visita, así que lo mejor es elegir dos o tres áreas y recorrerlas con calma. Para orientarte, estas son algunas de las secciones con más peso:
Antigüedades egipcias: sarcófagos pintados, estelas, amuletos y objetos de la vida cotidiana del valle del Nilo.
Mundo griego y romano: cerámica pintada, esculturas, relieves y piezas de uso diario.
Pintura europea: obras de maestros como Tiziano, Rubens, Rembrandt, Gainsborough, Constable, Monet, Renoir o Cézanne.
Artes aplicadas: cerámica europea y asiática, vidrio, mobiliario, relojes y una notable colección de armaduras.
Manuscritos y libros: códices iluminados medievales, partituras y papeles de compositores y escritores.
Monedas y medallas: uno de los gabinetes numismáticos más importantes del Reino Unido.
La galería de pintura del piso superior es la parada favorita de muchos visitantes. Allí se reúnen retablos italianos de fondo dorado, retratos ingleses del siglo XVIII y paisajes impresionistas franceses en un recorrido bastante cronológico, lo que permite seguir la evolución de la pintura europea en pocas salas.
Entre las obras más conocidas está una Venus con tañedor de laúd atribuida a Tiziano, una de las joyas de la colección.
Las salas egipcias, en la planta baja, son ideales si viajas con niños o adolescentes: los sarcófagos pintados y los ajuares funerarios suelen despertar más curiosidad que cualquier cuadro.
Muy cerca están las antigüedades griegas y romanas, con vasos de figuras negras y rojas que vale la pena mirar de cerca para descubrir escenas mitológicas, atletas y banquetes.
Curiosidades del museo
Además de cuadros y antigüedades, el museo guarda tesoros musicales poco conocidos por el público general. El más célebre es el Fitzwilliam Virginal Book, una antología manuscrita de piezas para teclado de la Inglaterra isabelina y jacobina, fundamental para conocer la música de compositores como William Byrd.
El propio vizconde fundador era un gran aficionado a la música, y su legado incluía partituras y manuscritos de Händel.
En 2006 el museo protagonizó una anécdota que dio la vuelta al mundo: un visitante tropezó en la escalera y cayó sobre tres jarrones chinos de la dinastía Qing que estaban expuestos en el rellano, que quedaron hechos añicos.
Los conservadores reconstruyeron las piezas fragmento a fragmento y volvieron a exponerlas, ahora protegidas en vitrinas. La historia se convirtió en un ejemplo clásico de restauración y de lo frágil que puede ser un patrimonio de siglos.
Los leones de piedra que flanquean la escalinata de entrada son otro de los símbolos del edificio. Forman parte de la imagen del museo desde el siglo XIX, protagonizan alguna que otra leyenda estudiantil y son el punto de encuentro habitual para quienes quedan antes de entrar.
Consejos para la visita
Para una primera visita, calcula entre una hora y media y tres horas, según cuánto te interese el arte. Si vas justo de tiempo, prioriza la galería de pintura y las salas egipcias, que son las más vistosas.
Las mañanas entre semana suelen ser más tranquilas que los fines de semana, cuando muchas familias y estudiantes aprovechan la entrada libre.
Aunque la colección permanente no cobra entrada, el museo agradece los donativos, y algunas exposiciones temporales pueden tener un precio aparte. Los horarios y la programación cambian a lo largo del año, así que conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.
Dentro hay una cafetería y una tienda, útiles para hacer una pausa a mitad del recorrido.
Un consejo práctico: lleva poco equipaje. Las mochilas grandes suelen tener que dejarse en el guardarropa, y moverte ligero hace más cómodo subir y bajar por las escaleras del edificio histórico.
Qué ver cerca del museo
El museo está en el tramo sur del centro histórico, sobre Trumpington Street, una calle con mucho que ofrecer.
Justo al lado se encuentra Peterhouse, el colegio más antiguo de la Universidad de Cambridge, fundado en el siglo XIII, y un poco más hacia el centro aparecen Pembroke y Corpus Christi.
En la esquina de Corpus Christi está el llamativo Corpus Clock, un reloj escultórico coronado por un insecto mecánico que parece devorar el tiempo.
Fíjate también en los pequeños canales de agua que corren junto a las aceras de Trumpington Street: forman parte del Hobson's Conduit, una canalización del siglo XVII que llevaba agua limpia a la ciudad.
Caminando hacia el sur en pocos minutos llegas al Jardín Botánico de la universidad, un lugar perfecto para descansar después del museo, y no muy lejos está el Museo Polar Scott, dedicado a la exploración del Ártico y la Antártida.
¿Por qué el Museo Fitzwilliam no cobra entrada?
Porque el museo mantiene libre la entrada a su colección permanente y agradece los donativos de quienes quieren apoyar su labor.
¿Qué tipo de piezas tiene el Museo Fitzwilliam?
Antigüedades egipcias, griegas y romanas, pintura europea, cerámica, armaduras, monedas y manuscritos iluminados, entre más de medio millón de objetos en total.
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