Pasea por el Jardín Público, de trazado francés a jardín inglés
El Jardín Público de Burdeos se creó en 1746 por iniciativa del intendente Tourny, diseñado por el arquitecto Ange-Jacques Gabriel como un elegante paseo de estilo francés dentro de las obras de embellecimiento de la ciudad. En 1856, el paisajista Louis-Bernard Fischer lo transformó en un jardín a la inglesa, con céspedes, senderos sinuosos y un estanque con islas. Hoy se extiende sobre unas 10 hectáreas con un arboretum centenario, y su acceso es libre y gratuito.
Por Florencia
- Ubicación
- Norte del centro histórico de Burdeos
- Creación
- Año 1746, por iniciativa del intendente Tourny
- Transformación a jardín inglés
- Año 1856
- Superficie actual
- unas 10 hectáreas
El Jardín Público es uno de los grandes pulmones verdes de Burdeos.

Un paseo elegante encargado por el intendente Tourny
El jardín se creó en 1746 por iniciativa del intendente Tourny, una de las figuras clave en la transformación urbanística de Burdeos durante el siglo XVIII, y fue diseñado por el arquitecto Ange-Jacques Gabriel como un lugar de paseo elegante inspirado en los jardines franceses clásicos, con parterres geométricos y avenidas ordenadas, dentro de un ambicioso plan de embellecimiento de la ciudad.
De jardín francés a paisaje inglés en el siglo XIX
En 1856, el ayuntamiento decidió renovar por completo el jardín y confió su rediseño al paisajista Louis-Bernard Fischer, quien lo transformó en un jardín a la inglesa, con céspedes ondulados, senderos sinuosos y una extensión de agua con pequeñas islas que sustituyó la rigidez geométrica original por un paisaje más naturalista.
Hoy el jardín se extiende sobre unas 10 hectáreas y ofrece una gran diversidad de ambientes, entre ellos un arboretum con especies raras centenarias y un gran estanque animado por patos y cisnes.
Un jardín nacido de la Burdeos ilustrada
La creación del Jardín Público forma parte del mismo impulso que dio a Burdeos su aspecto actual. A mediados del siglo XVIII, el intendente Tourny se propuso abrir la ciudad medieval, derribar tramos de muralla y trazar paseos, plazas y avenidas al estilo de las grandes capitales.
Un jardín de paseo, abierto a la buena sociedad bordelesa, era un elemento esencial de ese programa: un lugar donde ver y dejarse ver, con la misma lógica de representación que tenían los salones y los teatros.
El arquitecto encargado del diseño pertenecía a la familia Gabriel, la misma dinastía de arquitectos reales que firmó la Place de la Bourse, lo que explica la coherencia entre ambos proyectos.
Aquel primer jardín, con sus avenidas rectas, sus parterres simétricos y su terraza, reflejaba el orden geométrico que dominaba la jardinería francesa desde los tiempos de Versalles.
Con el paso de las décadas, y tras los años convulsos de la Revolución, el jardín original perdió buena parte de su esplendor.
Por eso la gran renovación del siglo XIX no fue sólo un cambio de estilo, sino también una forma de recuperar un espacio venido a menos y de adaptarlo al gusto romántico por los paisajes más libres y pintorescos, que entonces triunfaba en toda Europa.
Recorrido por el jardín: qué ver
El paseo más agradable consiste en rodear el estanque, el corazón del jardín a la inglesa. Sus orillas curvas, los puentes y las pequeñas islas arboladas crean perspectivas que cambian a cada paso, justo lo que buscaban los paisajistas del siglo XIX.
Los patos, cisnes y otras aves acuáticas que viven en el agua atraen a familias y niños, y los bancos de la orilla son un buen sitio para descansar un rato.
Dentro del recinto se encuentra el Museo de Ciencias Naturales de Burdeos, instalado en un elegante palacete del siglo XVIII que se reabrió tras una larga renovación.
Sus colecciones de zoología, mineralogía y paleontología lo convierten en una visita interesante si viajas con niños o te gustan los museos de historia natural.
El jardín conserva además parte del antiguo jardín botánico de la ciudad, con plantas clasificadas y etiquetadas, aunque el jardín botánico moderno se trasladó a la orilla derecha del Garona, en el barrio de La Bastide.
Merece la pena detenerse también en los grandes árboles del arboretum, algunos de ellos ejemplares centenarios de especies poco comunes en la región. Muchos tienen carteles con su nombre, lo que convierte el paseo en una pequeña lección de botánica.
Las verjas de hierro forjado de las entradas, los parterres floridos y las estatuas repartidas por los senderos completan el conjunto.
Curiosidades del Jardín Público
Uno de los rincones más queridos por los bordeleses es el pequeño teatro de títeres de Guignol, una tradición que lleva generaciones entreteniendo a los niños de la ciudad.
Aunque las funciones están pensadas para el público infantil y son en francés, el ambiente y la simplicidad del espectáculo tienen su encanto incluso para los adultos que no entienden el idioma.
El jardín es también un ejemplo claro de cómo la historia de la jardinería se puede leer en un mismo lugar. Aunque el aspecto general es el de un parque inglés, algunos rasgos de la composición original siguen presentes en la orientación de los accesos y en ciertos ejes rectos.
Comparar esos restos de orden geométrico con los senderos sinuosos que añadió Fischer ayuda a entender la diferencia entre ambas tradiciones.
Más allá de su valor histórico, el Jardín Público es sobre todo un lugar de vida cotidiana.
A primera hora llegan los corredores y quienes pasean al perro; a mediodía, oficinistas y estudiantes que comen en los bancos; y por la tarde, familias con carritos y grupos de amigos que se tumban en el césped.
Observar ese ritmo es una buena forma de ver el Burdeos de los propios bordeleses, lejos del circuito más turístico de los muelles y las grandes plazas.
Consejos para la visita
El jardín es un lugar para ir sin prisa. Una vuelta completa alrededor del estanque y por el arboretum lleva entre cuarenta minutos y una hora, y si añades el museo de historia natural, la visita puede ocupar media jornada.
Las horas de apertura del recinto varían según la estación, de modo que conviene consultar los horarios en la web del ayuntamiento antes de ir, sobre todo si piensas llegar a última hora de la tarde.
La primavera es probablemente el mejor momento, con los parterres en flor y los árboles recién brotados, pero el otoño también es muy fotogénico gracias al color de las hojas.
En verano su sombra es un alivio frente al calor del centro, y muchos bordeleses aprovechan para hacer un picnic sobre el césped. Si viajas con niños, el jardín combina bien zonas de juego, aves y el Guignol en una misma salida.
Qué ver cerca del Jardín Público
El jardín está a medio camino entre el centro monumental y el barrio de los Chartrons, el antiguo distrito de los negociantes de vino. Saliendo hacia el río, en unos minutos llegas a sus calles de anticuarios, tiendas de diseño y cafés, y a los muelles reconvertidos en paseo.
En la misma zona se encuentra el antiguo almacén portuario que hoy alberga el museo de arte contemporáneo de la ciudad.
Hacia el sur, el jardín queda muy cerca de la Esplanade des Quinconces y del Triángulo de Oro, con el Grand Théâtre y las grandes avenidas comerciales.
Puedes organizar una mañana que combine el paseo por el jardín, un café en los Chartrons y el regreso por la orilla del Garona hasta la Place de la Bourse.





