Donde estaba el castillo Trompette se abre la Esplanade des Quinconces
La Esplanade des Quinconces es una de las plazas más extensas de Europa, construida en el siglo XIX sobre el emplazamiento de la antigua fortaleza real del Castillo Trompette. Su nombre alude a la disposición de sus árboles en filas escalonadas. En su centro se alza el Monumento a los Girondinos, erigido entre 1894 y 1902 en memoria de los diputados guillotinados durante la Revolución Francesa, coronado por una estatua de la Libertad rompiendo sus cadenas.
Por Florencia
- Ubicación
- Centro de Burdeos, junto al Garona
- Superficie
- Una de las mayores plazas de Europa
- Monumento a los Girondinos
- Erigido entre 1894 y 1902
- Emplazamiento original
- Antiguo Castillo Trompette
La Esplanade des Quinconces es una de las plazas más extensas de Europa, en Burdeos.

Una antigua fortaleza real convertida en plaza
La plaza se construyó en el siglo XIX sobre el emplazamiento de la antigua fortaleza real del Castillo Trompette, y su nombre, 'quinconces', hace referencia a la disposición de sus árboles en filas escalonadas, un patrón de plantación característico de la jardinería francesa de la época.
Es considerada una de las plazas más grandes de toda Europa.
Un monumento a los diputados guillotinados por la Revolución
En el centro de la explanada se alza el Monumento a los Girondinos, erigido entre 1894 y 1902 en memoria de los diputados del departamento de la Gironda, una de las facciones más influyentes durante la Revolución Francesa hasta que los jacobinos los acusaron de conspirar contra la joven república: veintiuno de sus líderes fueron guillotinados en octubre de 1793.
El monumento está coronado por una alta columna con la estatua de la Libertad rompiendo sus cadenas, y en los extremos junto al Garona se alzan dos columnas rostrales decoradas con proas de barcos, símbolo del comercio y la navegación, además de grandes estatuas de los filósofos bordeleses Montaigne y Montesquieu.
El Castillo Trompette, la fortaleza que vigilaba a Burdeos
Para entender por qué existe un espacio abierto tan enorme en pleno centro de Burdeos hay que remontarse al final de la guerra de los Cien Años.
Cuando la ciudad pasó de forma duradera a manos de la corona francesa, a mediados del siglo XV, el rey mandó levantar el Castillo Trompette a orillas del Garona.
Su función no era sólo defender el puerto de un ataque exterior: también servía para vigilar a una población que durante tres siglos había estado ligada a la corona inglesa y que no siempre recibió con entusiasmo a sus nuevos señores.
En el siglo XVII, tras las revueltas de la Fronda y del movimiento de la Ormée, que tuvieron en Burdeos uno de sus focos más activos, la fortaleza se reforzó y amplió siguiendo los principios de fortificación de Vauban.
Durante el siglo XVIII, mientras la ciudad se enriquecía con el comercio atlántico y se llenaba de fachadas de piedra clara, aquel bastión militar se fue quedando sin sentido y empezó a verse como un obstáculo para el crecimiento urbano junto al río.
Hubo varios proyectos para sustituirlo por una gran plaza monumental, entre ellos uno del propio Victor Louis, el arquitecto del Grand Théâtre, pero ninguno llegó a ejecutarse antes de la Revolución.
El derribo se completó finalmente a comienzos del siglo XIX, y en el espacio liberado se trazó la explanada que hoy conocemos, abierta hacia el Garona y conectada con los paseos arbolados del barrio que la rodea.
Recorrido por la explanada: qué mirar
La explanada tiene forma de rectángulo alargado que se abre al río por uno de sus lados cortos, y el Monumento a los Girondinos ocupa el extremo opuesto, mirando hacia el Garona.
Lo más llamativo del conjunto son las dos grandes fuentes de bronce que flanquean la columna central: grupos de caballos marinos, figuras alegóricas y carros que representan, por un lado, el triunfo de la República y, por el otro, el de la Concordia.
Vale la pena acercarse para ver el detalle de las esculturas, mucho más trabajado de lo que se aprecia desde lejos.
En el lado que da al río se levantan las dos columnas rostrales, decoradas con proas de barco y rematadas por figuras alegóricas del comercio y la navegación, las dos actividades que hicieron rica a Burdeos.
Desde ese punto se obtiene una de las mejores vistas de la fachada fluvial del Puerto de la Luna, el conjunto urbano del siglo XVIII que la Unesco incluyó en su lista de Patrimonio Mundial en 2007.
A los lados de la explanada se alinean las hileras de árboles plantados al tresbolillo que le dan nombre. Si te fijas en su disposición, verás que cada árbol queda en el centro del espacio que dejan cuatro vecinos, como el cinco en la cara de un dado.
Esa sombra es muy agradecida en los días de verano, cuando el resto del espacio, en gran parte despejado, recibe el sol de lleno.
Curiosidades de la plaza y del monumento
El Monumento a los Girondinos tuvo una historia accidentada en el siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, con Francia ocupada, las esculturas de bronce de las fuentes se desmontaron para fundirlas y aprovechar el metal.
Por suerte no llegaron a destruirse: se conservaron guardadas durante décadas y no volvieron a su lugar hasta los años ochenta, tras una restauración que les devolvió el aspecto con el que se ven hoy.
Las estatuas de Montaigne y Montesquieu, sentadas frente al río, no están ahí por casualidad. Ambos pensadores tuvieron una relación estrecha con la región: Montaigne fue alcalde de Burdeos en el siglo XVI y Montesquieu nació en el castillo de La Brède, a pocos kilómetros al sur de la ciudad.
Su presencia recuerda que Burdeos no fue sólo un puerto de comerciantes de vino, sino también una ciudad de juristas, parlamentarios y escritores.
Por su tamaño, la explanada es el lugar elegido para buena parte de los grandes acontecimientos de la ciudad.
En determinadas épocas del año se instalan ferias de atracciones, carpas de circo, conciertos al aire libre o grandes mercados, de modo que su aspecto puede cambiar bastante según el momento en que llegues: a veces la encontrarás casi vacía y otras completamente ocupada.
Consejos para la visita
La explanada es un espacio abierto al que se accede libremente a cualquier hora, así que no necesitas planificar mucho. Para recorrerla con calma, ver de cerca el monumento y bajar hasta las columnas rostrales alcanza con media hora o tres cuartos de hora.
Es una parada lógica dentro de un paseo por la orilla izquierda del Garona, y además es uno de los principales nudos del tranvía de Burdeos, lo que la convierte en un buen punto de partida o de llegada.
La luz de última hora de la tarde favorece especialmente al monumento, porque el sol del oeste ilumina las esculturas y la columna. En verano conviene evitar las horas centrales del día, ya que gran parte de la superficie carece de sombra.
Si coincide con alguna feria o evento, consulta la agenda municipal antes de ir: el monumento sigue siendo visible, pero la experiencia de la plaza vacía y monumental se pierde.
Qué ver cerca de la Esplanade des Quinconces
A pocos minutos a pie hacia el sur está el Grand Théâtre, al que se llega por los paseos arbolados que forman el llamado Triángulo de Oro, el barrio más elegante del centro.
Siguiendo la orilla del río en la misma dirección aparecen la Place de la Bourse y el Miroir d'Eau, de modo que en una mañana puedes enlazar los tres grandes símbolos del Burdeos del siglo XVIII.
Hacia el norte comienza el barrio de los Chartrons, el antiguo distrito de los negociantes de vino, con calles tranquilas llenas de anticuarios, cafés y antiguos almacenes.
Por el camino queda el Jardín Público, ideal para un descanso a la sombra, y el antiguo almacén portuario que hoy alberga el museo de arte contemporáneo de la ciudad, un edificio que merece la visita aunque sólo sea por su imponente nave interior.





