Un edificio que imita el vino al caer en la copa: la Cité du Vin
La Cité du Vin abrió sus puertas el 1 de junio de 2016 a orillas del río Garona, diseñada por los arquitectos Anouk Legendre y Nicolas Desmazières del estudio XTU. El edificio, de 55 metros de altura, está inspirado en el movimiento del vino al caer en una copa de cristal, con un interior donde casi no existen ángulos rectos. Su terraza-observatorio ofrece una vista de 360 grados sobre Burdeos y el río.
Por Florencia
- Ubicación
- Orillas del Garona, Burdeos
- Inauguración
- 1 de junio de 2016
- Arquitectos
- Anouk Legendre y Nicolas Desmazières (XTU)
- Altura
- 55 metros, con observatorio panorámico
La Cité du Vin es el gran museo dedicado al vino en Burdeos, a orillas del Garona.

Una arquitectura inspirada en el movimiento del vino
El edificio, obra de los arquitectos Anouk Legendre y Nicolas Desmazières del estudio XTU, abrió sus puertas el 1 de junio de 2016.
Su diseño se inspira en el río Garona, en las formas de la viña y, sobre todo, en el movimiento del vino al caer dentro de una copa de cristal: en su interior, casi no existen ángulos rectos, predominando una redondez continua, inmaterial y sensual que envuelve al visitante desde el primer momento.
Una vista de 360 grados sobre Burdeos
Con una altura de 55 metros, el edificio cuenta con un mirador panorámico que ofrece una vista de 360 grados sobre el río Garona y toda la ciudad de Burdeos a sus pies.
En su interior, casi veinte espacios temáticos recorren la historia del vino alrededor del mundo, desde sus orígenes más remotos hasta la actualidad, explorando la enorme diversidad de cepas que se hicieron célebres en distintos países.
Por qué un museo del vino en Burdeos
Pocas ciudades tienen una relación tan estrecha con el vino como Burdeos. Ya en época romana, cuando la ciudad se llamaba Burdigala, se cultivaban viñas en la región, y en la Edad Media el vino se convirtió en su gran motor económico.
Tras el matrimonio de Leonor de Aquitania con Enrique II de Inglaterra, la región pasó a depender de la corona inglesa durante tres siglos, y el vino que los ingleses llamaban claret llenaba las bodegas de los barcos que salían del Garona.
Siglos después, el barrio de los Chartrons, muy cerca de la Cité du Vin, se llenó de negociantes que compraban, criaban y exportaban vino a todo el mundo desde sus almacenes junto al río.
En 1855, con motivo de la Exposición Universal de París, se elaboró la famosa clasificación de los vinos de Burdeos, que todavía hoy influye en el prestigio de muchos châteaux.
La Cité du Vin nació con la idea de contar esa historia, pero también la del vino en todas las culturas.
Por eso no es un museo dedicado sólo a Burdeos ni una vitrina promocional de sus bodegas.
Su enfoque es cultural y universal: habla del vino en la religión, el arte, la literatura, el comercio y la vida cotidiana, desde las primeras civilizaciones que lo elaboraron hasta las regiones vitícolas más recientes.
Cómo es el recorrido
La exposición permanente ocupa una gran planta abierta, sin un orden obligatorio, en la que cada visitante arma su propio camino entre espacios temáticos. La visita se hace con una guía digital multilingüe que se activa al acercarse a cada módulo, con vídeos, testimonios, mapas animados y juegos.
Hay instalaciones para descubrir los terroirs del mundo, recrear un banquete de distintas épocas o reconocer aromas, una de las experiencias que más disfrutan los visitantes.
Al terminar el recorrido, los ascensores suben hasta el mirador de la parte alta del edificio, donde se suele ofrecer una degustación con vistas al Garona y a la ciudad.
Conviene comprobar en la web oficial qué incluye exactamente cada tipo de entrada, porque las propuestas y talleres cambian según la temporada. Además de la exposición permanente, el edificio acoge muestras temporales, un auditorio, una biblioteca y espacios para catas y talleres.
Lo que no te puedes perder
El mirador de la parte alta, con vistas sobre el río y los puentes.
Los espacios dedicados a los aromas, donde puedes poner a prueba tu olfato.
La tienda-bodega de la planta baja, con vinos de muchos países además de los de Burdeos.
La fachada exterior, cuyos paneles reflejan la luz y cambian de tono a lo largo del día.
Curiosidades del edificio
La piel exterior del edificio está formada por paneles de vidrio y de aluminio lacado con reflejos dorados, que cambian de color según la hora y la luz, con un efecto parecido al del vino moviéndose dentro de una copa.
Su silueta, curva y retorcida, ha dado pie a muchas comparaciones entre los vecinos: hay quien ve en ella una copa, un decantador o el remolino de agua que se forma en el Garona.
El proyecto fue impulsado por varias instituciones de la región y la ciudad, y hoy lo gestiona una fundación dedicada a la cultura y las civilizaciones del vino.
Su ubicación tampoco es casual: forma parte de la transformación de la antigua zona portuaria del norte de Burdeos, donde los muelles y almacenes abandonados se han convertido en un barrio nuevo de viviendas, ocio y cultura.
Consejos para tu visita
Reserva al menos tres horas para recorrer la exposición sin prisas, y un poco más si quieres detenerte en las muestras temporales o en la tienda. Comprar la entrada en línea con antelación es buena idea en verano y en fines de semana largos.
Para llegar, la línea B del tranvía tiene una parada con el nombre del museo, y también se puede ir caminando por los muelles desde el centro en un paseo agradable junto al río. Si piensas probar vino en la visita, deja el coche y muévete en transporte público.
El museo está pensado también para quienes no beben alcohol y para familias: la exposición tiene mucho de juego y de descubrimiento, y en el mirador suele haber alternativas sin alcohol. Las condiciones de visita pueden cambiar: consúltalas en la web oficial.
Qué ver cerca
Al lado de la Cité du Vin se encuentran los Bassins à Flot, antiguos diques portuarios rodeados hoy de restaurantes y espacios culturales.
Allí está la antigua base de submarinos de la Segunda Guerra Mundial, convertida en un centro de arte digital, y muy cerca el museo Mer Marine, dedicado a la historia marítima.
Desde el museo se ve el puente Jacques Chaban-Delmas, un puente levadizo cuyo tablero central se eleva para dejar pasar los grandes barcos. Al volver hacia el centro, el barrio de los Chartrons invita a pasear entre anticuarios, cafés y antiguos almacenes de vino.
La Cité du Vin también es un buen punto de partida para conocer los viñedos de la región.
Después de entender en el museo qué es un terroir y cómo se elabora un gran vino, resulta más interesante visitar zonas como el Médoc, al norte de la ciudad a lo largo del estuario, o Saint-Émilion, un pueblo medieval rodeado de viñas que forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Muchas excursiones a las bodegas salen del centro de Burdeos, y algunas visitas a los barrios del norte se pueden combinar con un trayecto en los barcos lanzadera que recorren el Garona.





