Currumbin, el santuario donde los loritos arcoíris comen de tu mano

Fundado en 1947 por el apicultor Alex Griffiths, Currumbin Wildlife Sanctuary es una institución benéfica de conservación ubicada en 27 hectáreas de bosque costero en Gold Coast. Es famosa en todo el mundo por la alimentación manual de bandadas de loritos arcoíris silvestres y su hospital veterinario de rescate animal.

Por

Año de fundación
1947 (administrado por National Trust of Australia)
Tradición histórica
Alimentación de loritos arcoíris silvestres dos veces al día
Extensión del parque
27 hectáreas de bosque de eucaliptos y humedales protegidos
Instalación clínica
Currumbin Wildlife Hospital (atiende a miles de animales al año)
Cultura ancestral
Danzas tradicionales de los custodios del pueblo Yugambeh
Tren panorámico y áreas de conservación de fauna en Currumbin Wildlife Sanctuary en Gold Coast.
Jack Bain (Wikimedia Commons)

La Bandada multicolor de los loritos arcoíris

Cada mañana y por la tarde, cientos de loritos arcoíris salvajes descienden en picado desde los árboles hasta los platos de néctar que sostienen los visitantes. Es un espectáculo vibrante y ruidoso de plumas esmeraldas, azules y escarlatas que lleva realizándose desde hace más de 75 años. Antes de ir, consulta en la web oficial las condiciones de visita.

El hospital veterinario de fauna silvestre

El santuario opera un hospital de fauna silvestre muy activo, que admite a más de 12.000 animales enfermos o heridos cada año de forma gratuita. Los visitantes pueden asomarse tras grandes cristaleras para ver a veterinarios tratando koalas, tortugas marinas y ualabíes.

Tren miniatura y el bosque perdido

Un ferrocarril en miniatura de vía estrecha recorre el perímetro del parque, facilitando el acceso a zonas temáticas como Lost Valley, donde conviven lémures, pandas rojos, capibaras y aves exóticas en un entorno de selva tropical inmersivo.

Historia del santuario: de un jardín de flores a un refugio de fauna

El origen de Currumbin Wildlife Sanctuary es casi accidental. Alex Griffiths era apicultor y cultivaba flores en estos terrenos junto al arroyo de Currumbin, y las bandadas de loritos arcoíris se comían las flores de las que dependían sus abejas.

En lugar de ahuyentarlos, decidió ofrecerles un alimento alternativo en platos, para alejarlos de sus cultivos. La idea funcionó tan bien que cada vez llegaban más aves, y con ellas, curiosos que se acercaban a contemplar el espectáculo.

Con el tiempo, Griffiths fue sumando recintos con canguros, koalas y otros animales autóctonos, y la finca se transformó en un parque de fauna muy popular entre los veraneantes de la Gold Coast.

En 1976 donó el santuario al National Trust de Queensland, la organización dedicada a proteger el patrimonio natural y cultural del estado, que desde entonces lo gestiona como entidad sin ánimo de lucro y destina sus ingresos a la conservación y al cuidado de la fauna.

Esa historia explica el carácter del lugar: no es un zoológico al uso, sino un parque que ha crecido en torno a la convivencia con los animales silvestres de la zona.

Buena parte de las aves que se ven por los senderos no viven en recintos, sino que llegan por su cuenta desde el bosque cercano, atraídas por la comida, el agua y la tranquilidad del santuario.

Qué ver en el recorrido

El santuario se recorre a pie por una red de senderos entre eucaliptos, humedales y zonas de selva, complementada por el pequeño tren que da la vuelta al recinto.

Lo más recomendable es tomar el mapa a la entrada, revisar el programa de presentaciones del día y organizar el paseo en función de ellas, porque muchas de las experiencias más interesantes se concentran en momentos concretos.

  • Los recintos de koalas, donde los cuidadores explican su dieta de hojas de eucalipto y sus largas horas de sueño.

  • Las praderas de canguros y ualabíes, por las que se puede caminar entre los animales.

  • El espectáculo de aves en vuelo libre, con rapaces y otras especies australianas que sobrevuelan al público.

  • Las presentaciones de cultura aborigen, con danzas, música y relatos de los pueblos de la región.

  • Los recintos de reptiles, con serpientes, lagartos y otras especies autóctonas que cuesta ver en libertad.

Además de la fauna australiana, el santuario dedica áreas a especies de otras partes del mundo, como la zona de Lost Valley mencionada antes, pensada para mostrar la relación entre los animales y los bosques tropicales.

Para los visitantes con más energía hay también circuitos de cuerdas y tirolinas entre los árboles, que se contratan por separado.

Curiosidades y detalles poco conocidos

Los loritos arcoíris que protagonizan la alimentación son aves completamente silvestres: nadie los mantiene en el santuario y llegan y se van cuando quieren.

Su lengua termina en una especie de cepillo que les permite recoger néctar y polen de las flores, y por eso el alimento que se les ofrece es una mezcla líquida o pastosa, no semillas.

Es habitual que se posen en los brazos, los hombros e incluso la cabeza de los visitantes, así que conviene ir preparado para algún arañazo leve y alguna mancha en la ropa.

El hospital de fauna funciona de manera independiente a la parte turística y atiende animales silvestres que llegan desde toda la región: koalas heridos por coches o perros, tortugas marinas afectadas por plásticos, aves lesionadas o crías huérfanas. El objetivo es siempre devolverlos a su hábitat cuando sea posible.

Parte de lo que pagas con la entrada ayuda a sostener ese trabajo, uno de los motivos por los que muchos viajeros eligen este santuario frente a otros parques de la zona.

Consejos para la visita

Para ver lo esencial con calma, reserva al menos medio día; si quieres asistir a varias presentaciones, subir al tren y recorrer todas las áreas, lo ideal es dedicarle la jornada completa.

Llega temprano para coincidir con la alimentación de los loritos de la mañana y con los animales más activos, antes de que el calor del mediodía los lleve a buscar la sombra.

Los horarios de las presentaciones y las condiciones de entrada cambian, así que consulta la web oficial antes de ir.

Lleva sombrero, protector solar, agua y calzado cómodo, porque gran parte del recorrido es al aire libre. Respeta las indicaciones de los cuidadores en los encuentros con animales y no les des comida que no sea la proporcionada por el santuario.

Llegar es sencillo: el santuario está junto a la Gold Coast Highway, con parada de autobús enfrente y aparcamiento propio, a unos minutos al norte de Coolangatta.

Qué ver cerca de Currumbin

Justo enfrente del santuario, al otro lado de la carretera, se encuentra la desembocadura del arroyo de Currumbin, con aguas tranquilas ideales para nadar con niños, remar en kayak o practicar paddle surf.

A su lado se levanta Currumbin Rock, también conocida como Elephant Rock, un peñasco junto a la playa desde cuya cima hay buenas vistas de la costa y, en temporada, de las ballenas que pasan frente a la orilla.

Siguiendo la costa hacia el norte, en pocos minutos llegas a Palm Beach y a Burleigh Heads, con su parque nacional y su famosa rompiente de surf.

Hacia el sur esperan Tugun, Kirra y Coolangatta, con Snapper Rocks y Greenmount en el extremo de la Gold Coast, junto a la frontera con Nueva Gales del Sur.

Combinar el santuario con una tarde de playa en cualquiera de estas zonas es uno de los planes más completos para un día en el sur de la Gold Coast.

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