Agua a 46 °C y la diosa Sulis Minerva en las Termas Romanas de Bath
Las Termas Romanas de Bath se sitúan junto a la Abadía de Bath en Abbey Churchyard. Abren a diario; conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir. Conservan el estanque romano original alimentado por aguas termales a 46°C, aunque el baño está estrictamente prohibido.
Por Florencia · Publicado el 8 de septiembre de 2026
- Ubicación
- Abbey Churchyard, Bath BA1 1LZ
- Tiempo de visita
- 1,5 a 2 horas con audioguía incluida
El santuario termal de Aquae Sulis
Las Termas Romanas de Bath son uno de los complejos arqueológicos grecorromanos mejor preservados de Europa occidental.
Fueron construidas alrededor del año 70 d.C. bajo el nombre de Aquae Sulis, aprovechando los manantiales termales de Bath, que emanan más de un millón de litros de agua diarios a una temperatura constante de 46°C.
El centro neurálgico del complejo es el Great Bath, una piscina rectangular revestida con planchas de plomo de época romana que aún retienen el agua caliente con su característico tono verdoso por las algas naturales.
Las columnas y terrazas superiores que rodean la piscina fueron añadidas en el siglo XIX tras su redescubrimiento victoriano.

El templo de Minerva y los hallazgos arqueológicos
Junto a las piscinas termales, los romanos consagraron un majestuoso templo a Sulis Minerva, fusionando la deidad celta del agua con la diosa romana de la sabiduría.
En el museo subterráneo se exhibe la imponente cabeza de bronce dorado de Minerva encontrada en 1727, junto al frontón esculpido del templo con su enigmática figura de Gorgona.
Entre los objetos más conmovedores se encuentran más de 130 tablillas de maldición (defixiones), láminas de plomo y estaño donde ciudadanos agraviados inscribían peticiones de venganza a la diosa antes de arrojarlas a las profundidades del manantial sagrado.
Consejos prácticos y prohibición de baño
El agua de las Termas Romanas pasa a través de las antiguas tuberías de plomo originales y no está tratada, por lo que está terminantemente prohibido tocarla o sumergirse en ella.
Si quieres bañarte en las aguas termales de la ciudad, debes reservar turno en el cercano Thermae Bath Spa, que utiliza el mismo acuífero filtrado y tratado.
Es muy recomendable reservar la entrada con franja horaria por anticipado a través de internet, ya que en temporada alta los cupos pueden agotarse. Al finalizar el recorrido puedes degustar un vaso de agua termal mineralizada en la histórica Pump Room contigua.
Antes de los romanos: el manantial sagrado de Sulis
El manantial caliente de Bath ya era un lugar sagrado antes de la llegada de Roma. Las tribus celtas de la zona lo asociaban a Sulis, una divinidad vinculada al agua y a la curación, y probablemente acudían a él con ofrendas.
Cuando los romanos se instalaron en Britania, no borraron ese culto: lo integraron al suyo identificando a Sulis con Minerva, una estrategia habitual del imperio para ganarse a las poblaciones locales.
La tradición local añade una leyenda mucho más antigua. Según el relato medieval, el príncipe Bladud, padre del legendario rey Lear, habría contraído una enfermedad de la piel y se habría curado al revolcarse en el barro caliente del lugar, imitando a unos cerdos que cuidaba.
Agradecido, habría fundado allí la ciudad. Es pura leyenda, pero la figura de Bladud aparece en varios rincones de Bath y forma parte de su identidad.
Tras el fin del dominio romano, el complejo cayó en ruinas y quedó sepultado. En la Edad Media se levantaron nuevos baños sobre el manantial, y en el siglo XVIII la ciudad vivió un renacimiento como balneario de moda.
Pero los restos romanos sólo salieron a la luz de forma sistemática a partir del siglo XIX, cuando las excavaciones revelaron el Great Bath y buena parte del recinto original.
Recorrido por el complejo
La visita empieza en la terraza superior, desde donde se tiene la vista clásica del Great Bath rodeado de columnas.
Las estatuas que la adornan, que representan a emperadores romanos y gobernadores de Britania, fueron esculpidas en época victoriana, no en tiempos de Roma, algo que muchos visitantes descubren con sorpresa. Desde allí se ve también la torre de la abadía asomando por encima del conjunto.
Al bajar, el recorrido pasa por el manantial sagrado, donde el agua brota burbujeando y desprende vapor en los días fríos. Es el punto exacto donde se arrojaban ofrendas, y en sus alrededores se hallaron miles de monedas romanas.
Luego llegan las salas del museo con los restos del templo y, finalmente, los baños propiamente dichos: el Great Bath a ras de agua, los baños orientales y occidentales, y las salas calefactadas.
En esas salas fíjate en el hipocausto, el sistema de calefacción por suelo radiante que usaban los romanos. Se ven las pequeñas columnas de ladrillo sobre las que se apoyaba el pavimento, y bajo las cuales circulaba el aire caliente.
También hay una piscina circular de agua fría, que los bañistas usaban tras el calor, siguiendo una secuencia de baños parecida a la de las termas de otras ciudades del imperio.
Curiosidades del agua termal
El agua que brota en Bath no es reciente.
Según los estudios geológicos, cae como lluvia en las colinas de Mendip, al sur de la ciudad, y se filtra a gran profundidad, donde se calienta con el calor de la Tierra antes de volver a subir a la superficie a través de fallas en la roca.
Ese viaje subterráneo dura miles de años, de modo que el agua que ves hoy cayó del cielo en tiempos muy remotos.
Otra curiosidad es que parte de la ingeniería romana sigue en uso. El sistema de desagüe construido hace casi dos mil años todavía conduce el excedente de agua hacia el río Avon.
Y el color verdoso del Great Bath no se debe a la suciedad, sino a las algas que crecen gracias a la luz del sol, ya que en época romana la piscina estaba cubierta por una gran bóveda.
Las tablillas de maldición, por su parte, son una ventana excepcional a la vida cotidiana. La mayoría piden castigo para ladrones de ropa, monedas o pequeños objetos, y a menudo enumeran posibles sospechosos.
Leerlas ayuda a imaginar a los bañistas romanos preocupados por algo tan corriente como que les robaran la capa mientras se bañaban.
Consejos para disfrutar más de la visita
Las primeras horas del día y el final de la tarde suelen ser los momentos más tranquilos, mientras que a media mañana coinciden muchos grupos organizados.
Si viajas en verano, ten en cuenta que el recorrido incluye zonas cubiertas y descubiertas, y que alrededor del agua puede hacer calor y humedad. Consulta horarios, precios y posibles aperturas especiales en la web oficial antes de ir.
Tómate tu tiempo en las salas del museo, porque es allí donde la visita cobra sentido: las maquetas y reconstrucciones ayudan a imaginar el complejo completo, con su templo y sus bóvedas.
Lleva calzado cómodo, ya que hay escaleras y suelos irregulares, y recuerda que, aunque el agua resulte tentadora, no se debe tocar.
Qué ver cerca
Las termas están en pleno centro, así que combinan con facilidad con otras visitas. Justo al lado se alza la abadía de Bath, con su fachada de ángeles que suben y bajan por escaleras talladas en piedra.
Contigua a las termas está la Pump Room, el gran salón georgiano donde la sociedad de la época se reunía a beber las aguas.
A pocos minutos a pie tienes el Pulteney Bridge sobre el río Avon y el callejón donde se encuentra Sally Lunn's, ideal para una pausa después del recorrido.
Preguntas frecuentes
¿Se puede bañar en las Termas Romanas de Bath?
No, el baño está terminantemente prohibido por motivos sanitarios y de conservación. Para bañarse en aguas termales se debe acudir a Thermae Bath Spa, ubicado muy cerca de las termas.
¿Cuánto tiempo dura el recorrido por las termas?
La visita completa suele demorar entre 90 minutos y dos horas, incluyendo el museo arqueológico subterráneo y la audioguía en español.
¿Es necesario reservar con antelación?
Sí, conviene reservar online con franja horaria, sobre todo en fines de semana y temporada alta, para evitar colas o quedarte sin lugar.
Sigue descubriendo Bath: Abadía de Bath, Thermae Bath Spa y guía de qué ver en Bath.





